En fin, una pena.

“Podemos” pone en la nevera a Juan Carlos Monedero a seguir prácticando su alto vuelo intelectual poco después de que el honorable Tspiras haya mandado a señor Varoufakis al gimnasio a seguir perfilando su cuerpo atlético para evitar que en Bruselas se hagan un poco de caca. Casualidades de la vida, o tal vez todo se deba a que  los mercados ponen sus condiciones para comprar cierta mercancía. Los implacables  mercaderes de euros han dicho a los griegos que, o se ponen corbata y van a misa de doce, o se acabó lo que se daba. Los alquimistas de encuestas preelectorales les han dicho al élfico Iglesias y al dulce Errejón que sacando en las teles y los mítines a un fulano con gafas de comisario político del gulag que desea una muerte perra a la señora Lagarde (igual tenía que poner aquí “que desea la muerte a la perra de la señora Lagarde”, no sé), no se van a comer un colín en las elecciones. Entonces ha pasado lo que tenía que pasar: que una cosa es predicar y otra dar hostias, y muy distinto cambiar el mundo en la cafetería de la facultad que hacerlo en un parlamento y mucho más aún en un gobierno.

Varoufakis pone cachondas a las señoras (y a algunos caballeros) pero da mucho miedo en Bruselas a estos tipos que viven en un Audi y exterminan inmigrantes cerrando el Mediterráneo con la misma frialdad que Moisés cerró el Mar Rojo sobre el faraón y sus carros. Así que Varoufakis se queda en casa jugando al Monopoly mientras la negociación del futuro de Grecia la harán por el método “El silencio de los corderos” y no por la vía “Harry el sucio” .

Monedero, amén de aquella cosa de Venezuela que viene siendo el chocolate del loro si se compara con las ingeniosas fórmulas de financiación que han usado durante 30 años el PP y el PSOE, es el Alfonso Guerra de “Podemos”, el Pepito Grillo de cualquier establishment, el fumigador incansable de las plagas de casta en cualquiera de sus formas. Con una lúcida cabeza económica y un aspecto de Robespierre con chaleco, Monedero daba la impresión de creerse de verdad que si se puede, mientras que Iglesias, hecho todo un Superstar anegado en dudas en su propio Getsemaní pidiendo que pase de él este cáliz, se ha deslizado poco a poco del “podemos” al “ya veremos” para evitar sustos en las urnas. Y en ese contexto que da por hecho que todo mengua al cocer sobra Monedero, que se quedará en casa jugando al Estratego o a los barcos por Internet con Varoufakis

La lucha final o la limpieza general que parecía inaplazable en medio de tanta mierda acumulada,  habrá que dejarla para más adelante, para cuando nos den permiso en Bruselas o para cuando alguien sea capaz de convencer al electorado de que cien Monederos son mucho mejor que una sola Esperanza Aguirre fumigando mendigos, o un solo Pedro Sánchez recitando su papel como un galán de medio pelo, o un Albertito Rivera con su corte de falangistas. En fin, una pena lo de Grecia y lo de aquí.

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4 pensamientos en “En fin, una pena.

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  2. Pues sí, una pena lo sucedido. Pero una alegría leer este irónico y bien hilvanado artículo.

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