Prostático

Con los años he dejado de hacer footing para hacer solamente zapping. Y no crean, correr por los canales de televisión es más agotador que hacerlo por las calles ya que uno no corre por simple placer, sino que cambia de cadena perseguido por una camada de tertulianos que hinchan las venas del cuello, o azuzado por una jauría de actores españoles que chillan. Agotado por el zapping excesivo y huyendo de varios presuntos debates políticos con “expertos” y periodistas del pesebre, terminé por dejarme caer extenuado en un programa médico en el que se retransmitía en directo una operación de próstata. Observar a un probo cirujano maniobrando con los tejidos ajenos para conseguir que un ciudadano vuelva a mear con comodidad, puede llegar a ser un espectáculo fascinante. Al fin y al cabo uno se identifica con aquellas cosas que le han sucedido o que le pueden suceder, es decir que uno siempre puede situarse ante un espectáculo de ese tipo pensando que la próstata televisada es la suya propia. Una operación bien hecha y bien comentada es un ‘reality show’ que uno vive con intensidad creciente y poniendo cara de dolor ajeno, siguiendo sin respirar la trama que se sucede desde que el cirujano mete la cánula hasta que se da por terminada la faena, momento en el que uno se siente tan aliviado como el propio paciente o el equipo médico que se restaña el sudor y se felicita por la limpieza y el éxito de la intervención. Mi mujer cree que estoy loco por ver estos programas mientras como palomitas, pero yo le he dicho que me siento más identificado con la actuación de un urólogo que, por ejemplo, con la de los tertulianos enterados y sentenciosos que salen en un debate-basura de los viernes, la de Aznar, Rajoy o Rubalcaba, o las crónicas diarias de las chorizadas de Bárcenas o Urdangarín quien, dicho sea de paso, debería estar en la cárcel hace tiempo. Creo que hay más arte y nobleza en arreglar una próstata que en destruir un país entero y, además, uno ya tiene edad para ser más prostático renqueante que votante entusiasta. Salvo que la actualidad, el gobierno o la oposición digan algo sobre mi próstata o alguna cosa que sea de mi interés, no creo que vuelva votar ni a ver la televisión.

Extinción

Los reportajes sobre el Primero de Mayo van a terminar por convertirse en algo parecido a un documental de la tele en el que se muestran especies en extinción o antiguas civilizaciones desaparecidas. El trabajo pasó de ser una maldición bíblica a ser una excepción. Al cómputo de las razas de bichos que se han extinguido en el planeta desde que mundo es mundo habrá que sumar pronto la del “homo trabajador”. Si en toda España hubieran desaparecido 6,2 millones de osos pardos, urogallos, linces o ballenas, las autoridades de Bruselas estarían seguramente poniendo el grito en el cielo y ordenando una investigación. Y nuestro Gobierno, fiel vasallo de los mandatos de Bruselas, se apuntaría como un boy-scout a cumplir las ordenanzas emanadas de tan altas instituciones. Como lo único que desaparece son empleos y eso, al parecer, es un concepto abstracto, lo que se dice al respecto es lo sentimos, nos ayudará la Virgen del Rocío, tengan paciencia, o hagan movilidad exterior. El problema de que desaparezcan unas especies es que se rompe el equilibrio ecológico y otras proliferan anormalmente y terminan por arrasar el territorio, lanzado dentelladas a todo lo que se les pone por delante. Llegué a esta conclusión zoológica tras escuchar estos días la respuesta que dio a los periodistas la incombustible presidenta del PP asturiano, Mercedes Fernandez, al ser preguntada por las altas tasas de desempleo de Asturias. En medio de unas risitas que se le escapaban entre frase y frase la triunfadora Mercedes dijo que eso se lo deben preguntar al presidente de Asturias, “porque a mi los votantes me han colocado en la oposición”, añadió entre nuevas risitas que recordaban a los niños que juegan al escondite y aún no han sido pillados. Así que Mariano y su banda no responden y la presidenta PP de Asturias disfruta de nuevo y atechada en su cómodo oasis de oposición, ese escondite en el que juega al pilla-pilla y desde el que ve pasar la vida y presencia entre risitas como sus doctos colegas ordenan la desaparición de la minería, la industria en general, el empleo y los derechos sociales. Hay plagas que nunca se extinguen. Vaya fauna.

#Noadmitocampañas

He decidido que no voy a permitir que ningún político se me acerque a menos de 300 metros nunca más. Que no empiecen con sus repartos dominicales de publicidad en el Rastro, en los mercados, en las calles o de puerta en puerta haciéndose los encontradizos y los buenos vecinos. No paso por ello. Que se pongan a trescientos metros de mí, a tres campos de fútbol de distancia, y me digan desde allí lo que tengan que decirme. Si yo no entiendo una palabra es un problema que no me incumbe. Cualquier candidato que se acerque a un servidor a menos de esa distancia será denunciado por acoso, por escrache, por molestar. Estoy de acuerdo con el progresista Felipe González en que mis hijos no tienen por que ver su vida diaria perturbada a causa del acoso de unos tipos a quienes no conocen de nada, que vienen a pedir por el morro y que no ofrecen nada a cambio. Al señor González le molestan los desahuciados, no quiere que los niños vean de cerca a estos malditos, la misma razón tengo yo para impedirle a mis retoños que tengan contacto alguno con una sarta de represores y mentirosos. Me niego y pido amparo a la autoridad para que me los quite de encima o que los multe con 1.500 pavos, cantidad que para ellos será una bagatela.

Toleraré de mil amores al tipo del camión de las patatas y al colchonero que pasa por mi barrio los fines de semana con la megafonía al alto la lleva vendiendo sus productos, pero denunciaré por acoso sonoro y vulneración de la ley de protección de mis oídos a las caravanas electorales que se atrevan a gritarme consignas bajo la ventana. Si a los políticos gobernantes no les interesa ver ciudadanos cabreados a menos de 300 metros, creo que es justo pedirle a las delegaciones del Gobierno que protejan de la misma manera a los votantes que no tienen ganas de escuchar monsergas y mentiras sin cuento. Guardemos todos las distancias si así lo quieren sus señorías y los guardias que los protegen, porque si mi opinión no interesa a estos tipos, tampoco les interesará mi voto. Y si se me permite, dejo esta propuesta en manos de las asociaciones ciudadanas para que la conviertan en algo efectivo y real, para que ningún político en campaña se acerque a quien no lo quiera a menos de 300 metros. Patentemos un hastag (#NOADMITOCAMPAÑAS, o algo así), una gorra de colores, camisetas anti acoso, o lo que sea para dejar claro que algunos ciudadanos no queremos saber nada con quienes sólo quieren perdernos de vista. Marquemos las distancias y que hagan campaña en el desierto y sin son políticos a distancia que lo sean a tiempo completo, no sólo a ratos. A ver si cunde.

Cuestionario

¿Por qué es tan importante la reducción de déficit público si nuestro déficit privado es ya insondable? ¿No merecemos un rescate quienes realmente estamos con el agua al cuello o los rescates son para quienes ya están salvados? ¿Por qué lo que se decide para la economía general no sirve de nada en la particular? ¿Se puede salvar a un pueblo a costa de sacrificar a todos sus habitantes? ¿Por qué se gastan millones de euros para pedirnos que votemos si nuestra opinión no sirve para nada durante los cuatro años siguientes? ¿Por qué esta gente que se llama a si misma “gente de orden” no hace más que provocar el caos en las vidas de tantas personas? ¿Por qué quienes dicen hablar en nombre de Dios provocan la blasfemia en tanta gente con su forma de actuar? ¿Por qué se nos asegura que todos estos inacabables recortes garantizan el futuro y, sin embargo, nadie es capaz de garantizarnos el presente? ¿Por qué nadie llama ultraderechistas a Gallardón, Mayor Oreja o Esperanza Aguirre cuando es lo que son? ¿Por qué se desahucia de su piso a un moroso en paro y no se juzga por desacato al obispo que se niega a cumplir una sentencia y readmitir a una profesora de religión que se casó por lo civil? ¿Y por qué es noticia que un obispo anuncie que donará parte de su sueldo y ha dejado de serlo que la Iglesia no pague el IBI como el resto de los mortales? ¿Por qué un presidente mentiroso no es inhabilitado a perpetuidad y Garzón se ha tenido que ir de España por hacer su trabajo? ¿Por qué se presume de una democracia “madura y participativa” y se temen, se reprimen o se ignoran las manifestaciones ciudadanas? ¿Cuánto tiempo podremos soportar que nadie nos conteste a tantas preguntas? ¿Cuánto tiempo habrá gente que siga viviendo gracias a la buena educación ajena?
El candidato que merezca mi voto deberá responder a este cuestionario sin creerme un débil mental. Muchas gracias.

Plá

Ahora que en España somos unos palmados y tenemos que andar vestidos con ropa heredada, sacándole el dobladillo al sueldo y a los pantalones y poniendo coderas a los jerséis, van los catalanes y piden un traje nuevo. Porque ellos lo valen y se lo debemos, al parecer. Dicen que son víctimas de un estado llamado España y que no quieren seguir subvencionando a pobretes y muertos de hambre que se quedan en el paro a costa de las muchas hilaturas y botellas de cava que se producen en Manresa o en el Penedés. Ellos son las víctimas y los demás somos unos gorrones. Lo dicen en catalán, pero se les entiende muy bien porque hablan castellano en la intimidad o en el balcón cuando es menester que el mensaje circule rápido. Además, están representados por unos políticos de perfil muy fenicio que son capaces de negociar (otros lo llaman chantajear) con lo que sea y manejan como nadie la pose de dignidad herida con un cuadro de Tapies de fondo. Eso es lo que hicieron durante todos estos años: apretar la teta de los presupuestos Generales del Estado con sus votos en el Congreso, con una representación parlamentaria a todas luces desmadrada que daba mucho juego para poner contra la pared al gobierno de turno que estuviera en minoría. Así fue como Cataluña tuvo antes que nadie inmejorables conexiones ferroviarias con la meseta (Asturias aún espera por ellas), además de todo tipo de concesiones fiscales. Buena parte del progreso catalán se ha hecho con el sucio dinero de los españoles, con los currantes charnegos que trabajaron allí en lo que fuese y con una cantinela permanente de victimismo que ha funcionado hasta ahora. Lo mismo tienen razón y ellos merecen un trato mejor que el resto de los españoles. Ahora que las ubres del Estado ya no tienen nada que ofrecer a las colonias catalanas, ellos se calan la barretina y dicen que se van por donde han venido, que prefieren depender de Bruselas. Mi respeto para las reivindicaciones catalanas aunque me suenen oportunistas y alentadas a la vez por el pujolismo más rancio y un progresismo de tertulia radiofónica que aún cree que el nacionalismo es la vanguardia. Para no perderme en este cansino laberinto releo unas líneas escritas por Josep Plá en 1932. “Los políticos catalanes hacen grandes gestos, se ponen cada dos minutos la mano en el pecho, dan chillidos sentimentales y hacen unos terribles aspavientos de bondad. Todo el mundo pone los ojos en blanco, va con el corazón en la mano y canta confusas romanzas que hacen llorar”. Amén.