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En el mismo programa de radio oigo que en España se matan o abandonan cada año a unos 50.000 galgos, que un jugador del Barcelona ha costado cien millones de euros en vez de los 57 que se anunciaron, y que un científico español capaz de crear piezas de recambio para los riñones se va a Japón porque aquí no hay quién investigue nada excepto la vida privada de Belén Esteban. Dice el locutor que Mariano Rajoy ha tenido que ir a Washington a que le den una bolsa de conguitos para subirle la autoestima, que lo mismo la infanta blanqueadora entra en los juzgados bajo palio y que el presidente inexistente de la Asturias en extinción puede ser el próximo líder del PSOE. Un cardenal predica: la homosexualidad se trata con pastillas, como la hipertensión y las almorranas. Rajoy vuelve a España con su bolsa de conguitos para decir que ya estamos saliendo de la crisis, que todo está controlado, mientras un informe de IU dice que en los colegios de Gijón hay niños que roban piezas de fruta del comedor escolar para llevar a casa. En estos colegios se regalaba antes un ordenador a cada alumno. Ahora les bastaría con un bocadillo. De bable en les escueles a fame en les escueles. Leo que la variante de Pajares es casi tan cara como en Canal de Panamá y también será navegable, y que la Seguridad Social nos enviará una carta a los mayores de cincuenta para decirnos lo que nos va a quedar de jubilación. Para qué vayamos ahorrando. Qué sarcasmo.

La fealdad es la marca de este país. La marca España es la vulgaridad, la cutrez, el señoritismo gobernante, la inutilidad de la oposición, la chulería eclesiástica y la garrulería y la ignorancia como señas de identidad de muchos periodistas, tertulianos e intelectuales, nuevos dueños de la opinión pública junto a los cocineros y expertos en vinos.

Con estas noticias tan feas que contar duele aún más la muerte de Manu Leguineche. Se apaga una luz y no se enciende ninguna otra.

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A la cola

Las colas de este fin de semana para comprar el libro de Belén Esteban fueron solo superadas por las colas de quienes se presentaron a una oposición de celador de hospital. Los informativos de televisión han hecho reportajes muy humanos y costumbristas al calor de ambos eventos. El periodismo actual consiste en sacar gente por la tele  hablando de lo que se tercie: el independentismo catalán, el paro o  la vida de Belén Esteban. El caso es llenar minutos y “dar color” como dicen los teóricos del periodismo.  La diferencia es que al final de una de las colas había libros para todos y la presencia de la mutante princesa del pueblo firmando ejemplares, tal vez con un aspa. Al final de la otra cola no había un empleo para casi nadie, porque se convocaban doscientas y pico plazas para más de treinta mil aspirantes. Tal vez sea esta otra de las peculiaridades de la “marca España”, su incapacidad para cubrir las demandas más básicas de los ciudadanos, como el trabajo, pero su enorme fertilidad para producir basura de todo tipo: comida basura, televisión basura, libros basura, líderes basura y trabajos basura. Belén Esteban y el paro surgen de este montón de basura que es España y la gente corre a las librerías a comprar un montón de papel que hubiera tenido un final mucho más honroso como tisú de uso higiénico. Además, puede que muchos de quienes esperan cola para salir del paro lo hagan mientras leen las memorias de Belén Esteban. Se cierra así el círculo que termina por definir este país en el que siempre hemos sido tan proclives a hacer cola para casi todo. El problema es que, a partir de ahora, el Gobierno impondrá unas multas terribles a las personas que hagan grupos en la calle excepto para manifestarse contra el aborto. Estas restricciones a las colas pueden poner en peligro la carrera literaria de Belén Esteban y hacer más aburridos los telediarios. Lo que que parece cantado es donde habrá cada vez menos gente es en las colas para votar.