Tricornios

Observo pasmado como un mismo movimiento político puede ser a la vez etarra, bolivariano, amigo de los soviets, anarquista y hitleriano. Y esto solo es el principio, señores. Podemos y sus franquicias van a seguir recibiendo calificativos que derrocharán imaginación y delirio a partes iguales. Lo más provechoso es que la lectura aún desatenta de la prensa en estos días permite recibir un curso gratuito de alta teoría política a cargo de la catedrática Aguirre y todos los aventajados doctores de la Escuela de Génova, un sesudo grupo de reflexión alentado por el doctor Josemari y patrocinado por la fundación Faes.

Ante estas informaciones de vertedero uno oscila entre la carcajada y el cabreo sordo y, sobre todo, siente la misma sensación mezclada de miedo y vergüenza ajena que sintió en 1981 cuando vio a Tejero pegar tiros en el Congreso gritando como un mozo de cuadras y tratando de arrodillar a todo un Parlamento. Desde Esperanza Aguirre a Yolanda Barcina pasando por Bertín Osborne que, metido también a analista de fondo, ha vaticinado una catástrofe a cuenta del ascenso de Podemos, (el maestro Rafael Quirós se preguntaba si esta catástrofe no sería acaso un nuevo disco del cantante), todos estos y estas, retomo el hilo, se han calado el tricornio de Tejero y se han montado en el caballo de Pavía para salir en defensa de “nuestro” (de ellos) sistema democrático y económico  occidental. El charol de ese tricornio es el charol de sus entrañas que pugnan por brillar de nuevo y en las que sigue anidando el mismo sentido patrimonial de España que tienen (iba a poner ‘tenían’, pero por desgracia siguen aquí) los franquistas más ultramontanos que trasquilaron “la patria”.

Llamar a un gobierno de concentración como si este país estuviera en peligro de desaparición, o vomitar a diario despropósitos que van de lo soviético a lo hitleriano para descalificar a un partido legal que se ha presentado a las elecciones con todos los papeles en regla y ha conseguido cientos de miles de votos, es volver a gritar “¡quieto todo el mundo!” con la pistola en alto con el único afán de amedrentar a una sociedad que ha demostrado que no se deja asustar, amén de despreciar la voluntad democrática de muchos ciudadanos para quienes su única estrategia es que el Gobierno haga leyes que les permitan llegar a fin de mes, jubilarse decentemente y poder dar estudios a sus hijos. Y lo peor es que quienes dicen estas barbaridades no lo hacen porque estén chocheando y añoren los tiempos del caudillo de marras (que también), sino porque tienen un plan calculado y para que se cumpla son capaces de pasar por encima de lo que sea como han hecho siempre.

La mejor lección contra este golpismo de baja intensidad, contra este run run tejeriano, será que quienes han sido elegidos y aún tienen la cabeza despejada mareen la perdiz lo menos posible y se pongan a gobernar sin dilación. La democracia se defiende con más democracia y los ciudadanos ya han hablado. Ahora cumplan todos con su trabajo y manden al asilo, al penal o al manicomio a esta banda de cuervos con tricornio.

Hiperbólico Ramírez

Cabe suponer que los hijos e hijas de puta también celebran el día de la madre. A veces cuesta trabajo creerlo, pero no están exentos de esa fiesta aunque sus pobres madres serán seguramente ajenas a la condición infame de sus vástagos, gentes odiadas en silencio o insultadas a voces en manifestaciones y escraches. Pero la vida es así de salomónica y permite a todas las madres, incluso las de los hijos e hijas de puta que en el mundo hay, creer que su descendencia es de primera calidad, incapaz de un mal gesto, una mala obra o una mala palabra, unas excelentes personas, en resumen. Por eso Hiperbólico Ramírez, experto en idear efemérides inolvidables propuso a las instituciones la inclusión del Día Mundial del Hijoputa o HijoPuta´s Day (en versión norteamericana), una jornada en la que las madres de ministros corruptos, banqueros expertos en usura, asesinos en serie, periodistas deleznables, fascistas varios, cantantes melódicos de Eurovisión, cocineros deconstructores y estafadores, adivinos, nigromantes, escritores de best sellers o arzobispos fascistoides de algunas diócesis y cardenales pederastas primados, son homenajeadas por seguir siendo capaces de albergar la esperanza de que tal cantidad de hijos de puta sueltos, los suyos mayormente, puedan ser capaces aún de regenerarse por el bien de la especie.

Desde su punto de vista, la santa patrona del Día Mundial de los Bastardos debería ser la Madre de Moisés, la única suficientemente honrada para deshacerse de él en un cesto de mimbre al presentir que a su hijo terminaría por írsele la olla con tanta plaga de mosquitos, sapos, otras porquerías y primogénitos muertos. “Madre no hay más que una, por suerte” era el lema del movimiento social impulsado por Hiperbólico Ramírez en el que se combinaba el homenaje a estas sufridas mujeres y en el que, al tiempo, latía un íntimo deseo de que las de su especie no fuesen demasiado frecuentes ni demasiado prolíficas.

Hiperbólico Ramírez que había estudiado veterinaria y comportamiento animal en la casa de Fieras del Retiro, diferenciaba bien el contenido del tradicional Día de la Madre del que él proponía para el Día Mundial del Bastardo y la Hija de Perra. Si el primero debía dedicarse a las madres que son una santas a secas y les gusta salir a comer una vez al año con unos hijos y nueras alcoholizados y unos nietos que no dejan de mirar el móvil, el segundo Día, el inventado por él, tenía otras destinatarias. “Hay mujeres que tienen mucho mérito habiendo alumbrado especímenes que dan ganas de vomitar y que, sin embargo, aún son capaces de no repudiarlos”, puede leerse en el expediente justificativo de su petición al Estado. En sus memorias tituladas “Tu madre será una santa pero tu ya sabes lo que eres”, Ramírez relata la niñez de tipos como Franco, Hitler, Cristiano Ronaldo, Cristóbal Montoro, Jordi Pujol, Esperanza Aguirre, Luis Bárcenas o José Luis Moreno. Pese a que dedicó buena parte de su vida a pasear y defender su  idea en diferentes foros internacionales, Hiperbólico Ramírez no fue capaz de conseguir que el Día Mundial del Hijoputa cuajara ya que, a principios del siglo XXI, el volumen de hijos de puta era tan elevado que no haría sido suficiente con un solo día de festejos y hubiera hecho falta toda una semana de eventos dedicados a los hijos de puta y sus pobres madres. Así que, como dicen los periodistas deportivos, no pudo ser. Otra hijoputez del destino.

Virginidad

He visto en los papeles que Leticia Sabater se ha hecho un arreglo fino en los bajos para conseguir ser virgen de nuevo. Formidable, blanca, radiante, nueva del paquete  y bizca. Esto último no hay quien se lo arregle a la probina. Ella, una comunicadora nata, ha dicho textualmente que se siente “a estrenar”, como los trajes de novia de segunda mano o los cochecitos de bebé usados que se ofrecen en los anuncios por palabras. Resetearse la fañagüeta y sus aplicaciones se convertirá seguramente en una nueva moda de las señoras con posibles que desean sentirse jóvenes por dentro y por fuera, por arriba y por abajo. Cuando La Celestina y sus colegas remendaban virgos hace cuatro siglos no se imaginaron ni de lejos que su oficio artesanal terminaría por convertirse en una industria.

La tendencia del remiendo virginal llega también a Gijón en una faceta menos carnal, aunque no por ello menos grosera y hasta obscena. La alcaldesa en funciones, cirujana de profesión como es bien sabido, lleva desde el domingo por la noche proclamando su propia virginidad ideológica y política con el fin de ver si cuela para seguir chupando de la piragua otros cuatro años con el apoyo esta vez de Podemos y Ciudadanos, los pimpollos del baile de graduación que salen a la pista con ganas de arrimar la cebolleta al poder. Dice Moriyón que ella y Foro están “a estrenar”, como la entrepierna de Leticia Sabater. No sé lo que les  habrá costado a los cirujanos recolocar el virgo de Leticia Sabater, pero habrá sido seguramente un juego de niños comparado con lo que puede costar convencer a alguien de que Foro, Cascos y Moriyón son la representación viviente de la virginidad política. En los clubes de Regatas y Tenis no se habla de otra cosa.

Con tanta formación emergente salida de las urnas, el Ayuntamiento de Gijón parece el patio de un colegio en el que los veteranos quieren ligar con los jovenzuelos que llegan de nuevo. Las hormonas y las mayorías están muy excitadas estos días y la gente dice cosas muy raras. Moriyón se hace un Sabater y proclama que Foro es un flamante partido político, mientras José María Pérez (PSOE) va también de nuevo, de remendado, virgen de cualquier pecado socialista del pasado, y mártir en el caso de quedarse sin la alcaldía por la que abandonó su cómodo escaño regional. Los de la casta se hacen los puros, proclaman su castidad política, virginidad ideológica y juventud programática, se anuncian en los papeles como “políticos a estrenar” aunque ya tengan muchos kilómetros a sus espaldas o desprendan un inconfundible tufo a alcanfor que remonta a los tiempos de Fraga Iribarne. Todo para cautivar a los galanes de Podemos que se hacen los estrechos, revisan la mercancía, exigen pureza, piden dote y todo les parece poco. Ellos venderán cara su virginidad, aunque el día que la pierdan ya nada será lo mismo.

Izquierdas

Parece ser que la caritativa cirujana (afortunado hallazgo del maestro Ortea) se volverá a su quirófano. Todo dependerá de que la izquierda de tres sabores que desde hoy suma la mayoría en el Ayuntamiento de Gijón sea capaz de pasar de las musas al teatro y negociar un gobierno con sentido común, con menos carriles bici y más política social para reanimar una ciudad desinflada. La cirugía le toca ahora a Podemos a quienes las urnas les han dado en una noche la mayoría de edad y la llave del tesoro. Se acabó el perroflautismo extraparlamentario, lo de asaltar los cielos y los lemas de mercadillo dominical para jugar a la revolución en los cafés. Suárez del Fueyo y los suyos ya juegan en Primera, con los pies y los votos en la tierra firme y un programa que se puede adquirir en las estanterías de El Corte Inglés, no en el Rastro. Ahora tienen capacidad para influir en la realidad administrando el patrimonio electoral que han recibido con rigor y generosidad. Estamos expectantes.

Falta hará también que el PSOE de Pérez se baje de la moto y la soberbia después de caer por debajo de los dos dígitos del maltratado Santi 2011. Los socialistas ya no son lo que fueron. Los tiempos de los todoterrenos electorales (Palacio, Areces y Felgueroso) son historia y hace falta inventar otra pose, otro discurso, otra actitud con el electorado. José María Pérez puso pies el polvorosa en 2012 tras apenas un año en la oposición municipal dejando a Martínez Argüelles llevar todas las hostias en la misma mejilla. Volver a casa seis meses antes de las elecciones con aires de pimpollo aunque sea protagonizando un anuncio con Opel Corsa incluido no vale ya. Gijón ha dejado de ser tierra conquistada para el PSOE y ahora toca modestia, negociación y paciencia.

IU ha salvado los muebles a pesar del vodevil que montaron hasta antesdeayer. Que se den con un canto en los dientes y vayan de casa en casa besando los pies de sus pacientes votantes. Y que vayan pensando en una revolución interna si no quieren acabar el la misma fosa común de la historia en la que reposan sus colegas de Madrid.

En Gijón suma mayoría absoluta la izquierda. Veremos si estas tres formaciones quieren de verdad representar a la gente de la calle o pretenden ver quien la tiene más grande. Veremos.

Mi voto

La neutralidad es una cualidad muy valorada en mi oficio. Los periodistas hemos de ser observadores ecuánimes, salomónicos, discretos y asexuados ideológicamente. Solo se hacen excepciones cuando se practica esa peculiar disciplina del periodismo deportivo futbolístico en la que no tiene mayor importancia jalear al Madrid o al Barcelona (esencialmente) y convertir cada narración deportiva en una declaración de intenciones más propia de un forofo que de un tipo a quien se le supone una formación universitaria y una ética profesional. Los usos y las costumbres de este tiempo les han dado la bula para ser jueces, testigos y fiscales a la vez.

Los editores de los medios de comunicación también opinan. Lo hacen sin rebozo alguno mediante editoriales nada ambiguas que destilan el zumo ideológico de los bancos que les han prestado el dinero suficiente para no irse a la ruina con la condición de diezmar antes sus redacciones y talleres quitando de en medio con carácter prioritario a las voces más díscolas y respondonas del gallinero. Cumplidas las condiciones y tras despedir a decenas de profesionales, los editores y sus contables, los Cebrianes de la vida y similares, opinan en total sintonía con sus benefactores en defensa, eso sí, de la libertad de expresión, del pleno empleo y de la economía de mercado. Si les cuestiona la línea editorial de su medio y se les tilda de estar sesgados a favor de quien más manda, le contestarán a usted con cajas destempladas llamándole desestabilizador, bolivariano o etarra.

En 30 años de profesión jamás opiné sobre mis opciones políticas, ni desvelé mi intención de voto por respeto a los medios en los que trabajé, a mis lectores y a mis fuentes informativas. También me callé por miedo a las represalias y por no romper esa “sagrada” tradición de las redacciones. No lo hice hasta ahora, pero esta vez creo que lo haré. Y lo haré porque me cansa pasar por un neutral más, por un desencantado con mala baba o por un simple aprovechado del río revuelto de esta campaña electoral llena de ruido y de furia. Ser periodista no me hace siempre tan escéptico como parece.

Votaré a Izquierda Unida en las autonómicas y en las municipales, ese será mi voto. Y lo haré porque me ha convencido buena parte de su propuesta y del perfil de sus candidatos. Lo haré a pesar de que no son los mejores, ni los más estables, ni los más organizados, ni mi voto de este domingo va a significar un compromiso eterno con estas siglas. No hago campaña, no pido el voto para ellos, solo ofrezco el mío por dos razones: para animar a que nadie se quede en casa y porque creo que la derecha y sus sucedáneos ya han demostrado todo lo que pueden destruir. Yo no aguanto más cascotes sobre mi cabeza, ni más corruptos, prepotentes o simples aficionados sentados en mis instituciones. Suscribo esto en mi nombre, no en el de nadie más. Ni en el de mi empresa, ni en el de mis amigos, ni en el de mi familia. Voy por libre en este tema, soy yo el que vota y el que opina. Libre y francamente. Con su permiso o sin él.

La cabeza de Rato y la patata cocida.

Gustan mucho en España los concursos. Entretienen, dan mucha audiencia a las televisiones y, lo más importante, generan víctimas a las que unos escarnecen y otros compadecen. No hay buen concurso sin una buena víctima que sangre, que llore, que sea destronada en directo, que pierda su dignidad en prime time y acabe despedazada en cualquier tertulia sobrevolada  de moscas. En este sentido no hay demasiada diferencia entre la expulsión del maldito masterchef del tío que coció mal una patata y la puso al lado de una gamba, y la defenestración en directo de Rodrigo Rato, antiguo masterchef de la olla podrida del PP y a punto hoy de ser marmitón en la cocina de alguna prisión provincial. Al chaval de la patata y la gamba se lo cargaron unos cocineros muy estirados que nacieron con una espumadera metida en el orto y que confunden la cocina con una variedad del fascismo. La cocina es algo muy serio, chaval, le dijeron muy faltosos al rapaz que quiso atajar por los praos para llegar enseguida a tartamudear como Ferrán Adrià y hacer deconstrucciones de a mil euros la ración. Pero no pudo ser, como dicen los periodistas deportivos para explicar cualquier cosa. No pudo ser porque los cocineros que mandan en el concurso pusieron al chaval de la patata de chupa de dómine, llamándole poco menos de asesino y subnormal al tiempo que hacían de él una estrella de la tele basura y rey de todas las viralidades gracias a un concurso.

Al tío de la patata mal cocida y su gamba sólo le hizo sombra en las redes Rodrigo Rato, descalificado cum laude, cum telediarios y cum escolta policial del concurso de ladrones que hace años montó el PP y del que ya va siendo hora de conocer los ganadores, aunque me parece que nos quedaremos con las ganas. Rato iba camino de aguantar en antena más temporadas que Jordi Hurtado porque además de haber estudiado en la soleada California, el tipo tenía maneras de ministro y jefe de estado. En Asturias le hacían la ola las señoras y los caballeros, los del PP se lo rifaban para charlas y coloquios, Mercedes Cherines  lo paseaba por todas las ferias de muestras como quien llevara un Rottweiler algo tenso pero buenón, los periódicos le hacían entrevistas vestido en pantalón bermudas (mira qué sencillu, mujer), le daban de comer en la Pondala, le llevaban a los toros y le pagaban los vermús y hasta los helados de Los Valencianos, que en gloria estén. Rato era uno de los suyos y algunos creyeron que hasta de los nuestros porque, además de asturiano nacido en Madrid, que eso viste mucho para el currículum de esta región pelada de personalidades y perlada de mediocridades, sabía contestar a todas las preguntas del concurso, era rico por lo civil, susurraba con igual autoridad a empresarios que a sindicalistas y fue capaz de cocinar un milagro económico de esos que dejan forrados para varias generaciones a los de siempre y alguno más. En aquellos tiempos nadie tenía el mal gusto de recordar que don Ramón de Rato, el padre de la creatura, había estado en la cárcel cuando Franco porque incluso al dictador le parecía mucho morro que alguien quisiera robar más que él mismo y su augusta familia.

Rodrigo Rato ascendió a primera división cuando le cedió el paso al muermo zorreras de Rajoy y se marchó a Washington para ser director del FMI, decisión estratégica que viene a ser lo mismo que  renunciar a ser gerente de un puticlub de carretera para presidir el mayor casino del mundo. Rato progresaba adecuadamente y pasaba todas las rondas del concurso de chorizos convocado en la calle Génova. Cuando se hizo con el premio extra de una jubilación vitalicia en el FMI, Rodrigo volvió a España hecho un campeón para la cosa de Bankia. Ahí la cagó, se apagó su estrella porque quiso convencer al jurado de que era capitalismo creativo lo que no pasaba de ser una chorizada tan cruda como la patata del chaval de masterchef. Así que Mariano el zorro mandó dar por finalizada la emisión y declarar a Rodrigo perdedor oficial de la yincana de apandadores genoveses. La cabeza de Rato entrando en el coche policial recuerda a una patata viuda, a la de Holofernes decapitado por Judit en pago de sus pecados y los de otros.

Ideólogo Ruiz

Se atribuye al funcionario de carrera Ideólogo Ruiz la idea de dar forma legal a las denominadas amnistías sexuales, una fórmula administrativa muy novedosa que consistía en liberar de cualquier responsabilidad penal, vaginal o fiscal al hombre o mujer que, teniendo obligación contractual de mantener relaciones físicas con sus semejantes, escapase del débito. La fórmula de las amnistías sexuales tuvo mucho éxito entre las parejas de cierta edad para quienes el gobierno había instituido el coito anual, una variante corporal de la declaración de la renta de las relaciones físicas que generaba en algunas personas el mismo tedio y tensión que sentarse a hablar media hora con el ministro de Hacienda de turno. Los evasores sexuales eran multitud. Algunos optaban por hacerse autónomos del sexo, ir por libre y por cuenta propia, aunque esa modalidad generaba graves cargas en sus economías a base de pagar cenas, taxis y lo demás alquileres por horas.

De manera que cuando Ideólogo Ruiz presentó al secretario de estado de Entrepiernas su atrevida propuesta de las amnistías sexuales, su jefe se sintió muy aliviado e identificado con la idea. Por aquella época, él mismo estaba a punto de tener que cumplir la declaración sexual obligatoria con su señora, pero llevaba en secreto una vida paralela en un paraíso erótico de alquiler con su secretaria. Sumaba ya varios ejercicios sexuales obligatorios sin cumplimentar el débito conyugal alegando razones tan peregrinas como tener dolor de cabeza, estar preocupado por el hambre en el mundo, la próstata o la marcha de la Liga. Sus declaraciones sexuales de esos años le habían salido a devolver, enviándole el estado varias cajas de Viagra que él usaba para seguir con sus evasiones amatorias y no para cumplir.

Por aquella época el jefe de Ideólogo Ruiz ya había evadido al menos un 50% de su capital sexual fuera de las fronteras de su tálamo conyugal, concretamente a la habitación 324 del motel Andorra, y temblaba ante una posible inspección erótico-fiscal sorpresa que le dejaría en evidencia ante sus compañeros de partido y la sociedad en general. Pero tanto Ideólogo Ruiz como su jefe descubrieron pronto que la evasión sexual estaba muy extendida entre buena parte de los dirigentes del partido gobernante, así como entre los miembros (con perdón) de los partidos opositores. Y aunque los obispos clamaban contra esta fuga permanente de capital procreativo, el Parlamento aprobó casi por unanimidad la ley de amnistías sexuales a la que se acogieron decenas de miles de ciudadanos y ciudadanas de todas las condiciones, incluso los reputados cabezas de algunas familias muy numerosas del Opus Dei. Los amnistiados regalarían a sus parejas una corbata, un frasco de colonia, un libro de las sombras de Grey, o Ken Follet, una batidora o similar y todo arreglado. Para contentar a la Iglesia, la amnistía sexual incluía una confesión general y el paso por la peluquería para teñirse las canas al aire.

Ideológo Ruiz recibió la medalla al mérito funcionarial, una caja de preservativos de luxe y el encargo de comenzar a redactar el borrador de la ley de amnistías mentales a la que se acogerá en pleno el actual Gobierno cuando llegue el momento.

En fin, una pena.

“Podemos” pone en la nevera a Juan Carlos Monedero a seguir prácticando su alto vuelo intelectual poco después de que el honorable Tspiras haya mandado a señor Varoufakis al gimnasio a seguir perfilando su cuerpo atlético para evitar que en Bruselas se hagan un poco de caca. Casualidades de la vida, o tal vez todo se deba a que  los mercados ponen sus condiciones para comprar cierta mercancía. Los implacables  mercaderes de euros han dicho a los griegos que, o se ponen corbata y van a misa de doce, o se acabó lo que se daba. Los alquimistas de encuestas preelectorales les han dicho al élfico Iglesias y al dulce Errejón que sacando en las teles y los mítines a un fulano con gafas de comisario político del gulag que desea una muerte perra a la señora Lagarde (igual tenía que poner aquí “que desea la muerte a la perra de la señora Lagarde”, no sé), no se van a comer un colín en las elecciones. Entonces ha pasado lo que tenía que pasar: que una cosa es predicar y otra dar hostias, y muy distinto cambiar el mundo en la cafetería de la facultad que hacerlo en un parlamento y mucho más aún en un gobierno.

Varoufakis pone cachondas a las señoras (y a algunos caballeros) pero da mucho miedo en Bruselas a estos tipos que viven en un Audi y exterminan inmigrantes cerrando el Mediterráneo con la misma frialdad que Moisés cerró el Mar Rojo sobre el faraón y sus carros. Así que Varoufakis se queda en casa jugando al Monopoly mientras la negociación del futuro de Grecia la harán por el método “El silencio de los corderos” y no por la vía “Harry el sucio” .

Monedero, amén de aquella cosa de Venezuela que viene siendo el chocolate del loro si se compara con las ingeniosas fórmulas de financiación que han usado durante 30 años el PP y el PSOE, es el Alfonso Guerra de “Podemos”, el Pepito Grillo de cualquier establishment, el fumigador incansable de las plagas de casta en cualquiera de sus formas. Con una lúcida cabeza económica y un aspecto de Robespierre con chaleco, Monedero daba la impresión de creerse de verdad que si se puede, mientras que Iglesias, hecho todo un Superstar anegado en dudas en su propio Getsemaní pidiendo que pase de él este cáliz, se ha deslizado poco a poco del “podemos” al “ya veremos” para evitar sustos en las urnas. Y en ese contexto que da por hecho que todo mengua al cocer sobra Monedero, que se quedará en casa jugando al Estratego o a los barcos por Internet con Varoufakis

La lucha final o la limpieza general que parecía inaplazable en medio de tanta mierda acumulada,  habrá que dejarla para más adelante, para cuando nos den permiso en Bruselas o para cuando alguien sea capaz de convencer al electorado de que cien Monederos son mucho mejor que una sola Esperanza Aguirre fumigando mendigos, o un solo Pedro Sánchez recitando su papel como un galán de medio pelo, o un Albertito Rivera con su corte de falangistas. En fin, una pena lo de Grecia y lo de aquí.

Porcentajes

Una cuarta parte de los españoles cree que sol gira alrededor de la tierra. Puede que sean los mismos españoles que votan al PP o al PSOE, dos partidos dedicados desde hace décadas a hacernos creer que la democracia no gira alrededor del pueblo, sino alrededor de sus siglas. La superstición, la ignorancia, algo de miedo y mucha desinformación siguen siendo los ingredientes favoritos de las campañas electorales en las que se pretende que el electorado vote para mantener una falacia tan grande aquí en la tierra como en el cielo.

Una cuarta parte de los españoles están en el paro. Allí los han llevado unos tipos que están convencidos de que todo gira alrededor del capitalismo navajero. Tal vez esa cuarta parte coincida con ese 25% de españoles que, según las encuestas, se manifiestan como “muy enfadados” en general. Creyeron, tal vez, que las decisiones de las instituciones girarían alrededor de las necesidades de los más débiles y cuando vieron que no era así, se enfadaron. Su cabreo es tan inútil como la fe del 25% de la población que cree que el sol gira alrededor de la tierra.

Y la OCU dice que un 25% de los españoles son adictos a sus smartphones, aunque no aclaran si son los mismos que votan al PP y al PSOE, o los que creen que el sol es un comparsa de la tierra. Su fe en la tecnología se debe, tal vez,  a que esperen ver llegar a sus pantallas alguna noticia que les haga abandonar el porcentaje de los que están muy enfadados o porque quieren creer que, en realidad, el universo gira alrededor de su teléfono, una parcela de realidad que es manejable por ahora. Tal vez la suma de todos estos porcentajes es el hecho constatado de un 25% de los españoles son adictos a los analgésicos, posiblemente son los que votan al PP y al PSOE o quizás aquellos quienes los teléfonos móviles provocan dolores de cabeza o enfados en general.

Yo uso anlagésicos, no voto al PSOE ni al PP, no creo que el sol gire a nuestro alrededor, no soy un adicto al teléfono móvil, pero casi siempre estoy cabreado. Una vez más no formo parte de ninguna minoría reseñable, ni tampoco de ningún club de fans. No estoy en el porcentaje social adecuado y, encima, soy de letras.

Estigma Queen

Cuando abandonó el convento por propia voluntad, la reverenda madre Cleofé de Arimatea decidió que lo primero que tenía que hacer en su nueva vida era cambiarse el nombre. Tras más de diez años atendiendo por Cleofé de Arimatea, sobrenombre que tomó al entrar en religión, le resultaba difícil recuperar el suyo: Felipa González. Recordaba que al hacerse novicia las monjas más viejas de la comunidad consideraron urgente que la nueva hermana arrancase de sus señas de identidad un nombre y un apellido que, amén de ser muy bastos, recordaban de forma grosera e hiriente al diabólico socialista que, según ellas, tanto daño había hecho a España y a la religión. Así que Felipa González fue rebautizada como Cleofé de Arimatea en recuerdo de Santa María Cleofé o Cleofás, hermana de la Virgen María y, por tanto, tía de Jesucristo. Menuda responsabilidad tuvo que haber sido tener un sobrino como aquél, pensaba Felipa cuando era Cleofé.

En fin, que al salir de los muros conventuales la vida de la ex monja se complicaba en todos los aspectos, desde elegir nuevo nombre, hasta tener que buscarse un nuevo oficio en aquella España que entonces vivía la plena burbuja del ladrillo y en la que mandaba un tipo llamado Aznar, jefe de un partido muy poco amigo de Felipe González y, cabía suponer, de cualquiera que como ella fuera portadora de un nombre tan parecido al del pérfido sociata. Así que se cuidó mucho de revelar su verdadera identidad y siguió firmando solicitudes de empleo con su antiguo nombre conventual, tratando de abrirse camino y empezar una nueva vida.

Tras meses y meses de peregrinar por agencias de colocación, empresas de trabajo temporal y otras sucursales regentadas por negreros y esclavistas con corbata de seda en los que lo mejor que se le ofrecía era pagar por trabajar, Felipa conoció en un bar de Onteniente a un sobrino nieto de Rita Barberá que se hacía llamar el Mañas, un auténtico sinvergüenza que lo mismo organizaba un concurso de misses para Canal Nou o la visita de un imitador del Papa,  que trasegaba subvenciones a fondo perdido para la cría de caracoles. Con su labia y un par de copas de Soberano con Coca Cola, el Mañas se llevó al huerto a Felipa,  mujer aún de buen ver cuyas carnes se mantenían tersas gracias al ejercicio y la buena alimentación del cenobio. Por aquella época el Mañas colaboraba en la puesta en marcha de una cadena de locales de strip tease de carretera y vio con claridad que una antigua monja metida a stripper sería una deslumbrante y morbosa novedad en el mercado de la carne. Así que propuso el negocio a Felipa quien tras ciertos remilgos iniciales aceptó encantada con una sola condición: elegir un nombre artístico adecuado. No sería Felipa ni Cleofé, sería Estigma Queen, la reina del strip tease místico, el cuerpo del pecado llegado del retiro conventual que admiraba a los borrachos del club mostrando en sus desnudos una marcha de nacimiento visible en su nalga derecha que recordaba a la Virgen del Pilar y que, según ella y el Mañas aseguraban, era un estigma milagroso. Si bien Estigma Queen triunfó durante un tiempo, su fama se marchitó pronto ya que los clientes más pacatos y catolicones que se refugiaban en la sombra del local vieron en la nalga de la antigua monja un serio aviso del Señor para dejar tanto vicio. El Mañas se deshizo pronto de la pobre Felipa que, humillada, pidió el reingreso en su convento. Hoy es una virtuosa madre superiora que, en secreto, sigue llevando un liguero y medias de seda bajo su hábito de basta tela de saco.