Rabinovich y los hititas

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En 1980, mientras preparaba un examen de Historia Antigua, sentí que la vida, guerras y hazañas de los hititas y los hurritas en el Oriente antiguo se me estaban atragantando de tal manera que decidí salir de casa a tomar el aire aún a riesgo de suspender. Como tantas veces, caminé desde Ceares hasta Begoña y me metí en Discoteca, la tienda en la que podía pasar horas y horas tratando de dar el mejor destino posible a mis escasos ahorros de melómano pobre. En el sitio de las casettes (que me perdonen quienes no hayan conocido tan entrañable tecnología) vi de pronto una de unos tipos llamados “Les Luthiers” que posaban para la portada en riguroso smoking y haciendo una extraña fila india de parejas enfrentadas que dejaban solo en un extremo y mirando al infinito a quien luego supe que era Gerardo Massana, fundador del “conjunto de instrumentos informales Les Luthiers” y que ya había muerto para aquella fecha. La excentricidad del nombre del grupo, la originalidad la foto, así como el imprevisible contenido de las canciones que se anunciaban en el disco (“Voglio entrare per la finestra”, “la bossa nostra” o “suite de los noticieros cinematográficos”) fueron razones suficientes para que gastase mi escaso dinero en aquella joya que aún conservo y que, junto con todas las demás que vinieron después en soportes mucho más sofisticados, he devorado, aprendido de memoria, cantado, destrozado y parodiado con mi guitarra y recreado con amigos y enemigos en madrugadas de copas, música y risas que a veces parecen de otro siglo porque, realmente, ocurrieron en otro siglo.

Desde entonces hasta ahora, echen la cuenta, Les Luthiers han configurado en buena medida mi forma de entender la música, el humor, la ironía, el manejo del lenguaje y hasta de la vida en ciertas ocasiones. He envidiado y admirado a partes iguales el virtuosismo musical de sus componentes, el trabajo artesanal de encaje de letras, músicas y bromas, la vigencia sorprendente de sus espectáculos, la profesionalidad de cada uno de sus miembros y la inteligencia privilegiada de cada una de sus composiciones. Hay frases, gestos y canciones de Les Luthiers que forman parte del código secreto con el que durante muchos años nos hemos identificado entre nosotros los miembros de esta religión laica cada vez más extendida y de la que sigo siendo apóstol convencido. He dedicado muchas horas a reír y disfrutar de la elegancia armónica, tierna, caústica, y siempre pluscuamperfecta de Les Luthiers y, desde luego, a envidiar la vis cómica de Daniel Rabinovich y su capacidad para partir de risa a todo un auditorio con solo levantar un ceja o cambiar de orden una sílaba al confundir “una vieja leyenda hebrea” con “una vieja leyendo ebria”. Daniel Rabinovich murió hoy y yo lo he sentido como algo personal porque, como quien dice, nos conocemos desde aquella mañana de 1980 en la que los hititas y los hurritas me hicieron amigo de Les Luthiers y adicto a Rabinovich. Solo una vez hablé con él y creo que tendría que haberle dado las gracias por tantas cosas reídas con él que hoy me dan ganas de llorar por él.

Toros y ministros

Llamar arte a un espectáculo consistente en convertir en carne picada un hermoso animal mientras la gente se toma un gin tonic, es lo mismo que llamar político al Ministro del Interior o al presidente Rajoy. Todo es cuestión de perspectiva o de habilidad para las metáforas. La fiesta nacional española ya no son los toros. La fiesta nacional es desde ahora convertir en carne picada cualquier principio democrático, programa electoral o división de poderes. La fiesta nacional es cagarse en la cara de los ciudadanos y luego dar la vuelta al ruedo como si tal cosa. El espectáculo, promovido por el PP, se desarrolla en unos despachos tan llenos de moscas y sangre coagulada como hay en los desolladeros de las plazas de toros. Todo es mugre, tipos de fuman puros, llevan camisas de rayas desabrochadas hasta el pecho para enseñar su bronceado de chuloputas y el  medallón de la Virgen del Rocío, y se ríen del dolor ajeno con chulería grotesca de pintura negra.

Fernández Díaz practicando toreo de salón en su despacho con el robaperas de Rato, ha sido hasta ahora la faena más lograda del verano que se ha visto en este ruedo ibérico. Fernández Díaz, que recuerda un poco a Curro Romero en sus andares, se encerró en su despacho con un Miura de la ganadería de los Rato Figaredo, fino de pitones, muy toreado y con bastante peligro según se dice en varios juzgados y comisarías en los que tienen su foto entre las de los estafadores más selectos del hemisferio norte. Fernández Díaz, putero retirado y muy beato a la vejez como buen hidalgo español, es a buen seguro un enamorado del arte de Cúchares y un defensor de las banderillas de castigo que él mismo está dispuesto a colocar en todo lo alto del morrillo a los insolentes que se manifiestan a las puertas del Parlamento o donde la cosa es parar un desahucio.

El ministro este es uno de los diestros más reputados de la cuadrilla que lidera Mariano el Registrador y que tantas tardes de gloria está dando a la democracia española, un noble toro picassiano que se desangra herido a diario bajo la suerte de varas que sufre con cada nuevo caso de corrupción o cada vez que un ministro, movido por una vieja amistad trabada sin duda en capeas de juventud, se reúne con un delincuente (presunto, no vaya a ser) para ver qué es de su vida y, a lo mejor, para regalarle un abono de contrabarrera en Las Ventas desde la que ver juntos la próxima Feria de San Isidro. Este sigue siendo un país atrasado, sin civilizar como es debido, lleno aún y para rato de corridas de toros y sinvergüenzas, unidos ambos por un extraño vínculo que se hace cada vez más sólido en los palcos de los cosos taurinos, esos lugares con olor a habano, sangre, sudor y mierda, tan similar al que emanan los despachos y las acciones de ciertos ministros. Si los toros son arte y una reunión entre un ministro y un apandador es política, es que nunca he entendido nada.

Selfie

Me aburren los obreros de derechas, las feministas armadas todo el tiempo con tijeras de capar, los homófobos fascistoides y todos los demás. Me hartan los hinchas futboleros descerebrados, los borrachos faltones, los que se pasan de listos con los borrachos, los tenores de chigre que imparten lecciones de cualquier cosa, los que tratan de robarte el periódico en los bares, los que van de chanclas con las uñas llenas de mierda, los que emplean constantemente el verbo “releer” aunque no hayan leído nada, los tipos que nunca se duchan, los que usan las redes sociales sin foto y con nombres falsos para insultar a saco, los matrimonios que se llaman “papi” y “mami”, esos machistas babosos y cansinos, la progresía de Marx en la estantería y segunda residencia en el campo. Me cansan los que siempre viven mejor estando en contra de algo, los que reparten certificados de moralidad, progresía o buenas costumbres.

Me jode que se hayan muerto Javier Krahe, Miguelito Arrieta, mi padre o mi hermana habiendo por ahí tanta basura con patas, viva, robando y masacrando, que se escapa de la estadística, de Dios, de la muerte o de la suerte. Me hartan los que desprecian cuanto desconocen y me agota la razón de Estado, y el estado de la cuestión, y que los periodistas solo sepan conjugar el verbo “arrancar” parar indicar que cualquier cosa va a empezar, comenzar, iniciarse, principiar, ponerse en marcha… qué se yo, mira que hay verbos. Y cómo me repunan (sin g) las tertulias televisivas con pretensiones de seriedad, la dictadura de los cocineros, la de los dietistas, la de los y las chonis de Telecinco, que la información sobre el tiempo que hará se haya convertido en una ciencia exacta y que el precio de la gasolina no baje nunca.

Me cansa tu cara de acelga, mi bilis enlatada, el futuro escaso, el pasado inútil, el presente aburrido, la seguridad aplastante de que no hay nada seguro, despertar cada mañana con la misma ansiedad, irme a la cama con la misma borrachera. Me cansa sospechar siempre de todo, acertar casi siempre, que en la misma semana se me estropeen el páncreas, el calentador y los amigos. Me ahoga que el amor sea escaso, inalcanzable y deslizante. Me revienta que el kilo de alegría no esté de oferta en la Feria de Muestras.

Y me cansa, sobre todo, la certeza de que nada va a mejorar por mucho que yo me haga un selfie como este y trate de buscar en el fondo del paisaje que se ve a mis espaldas algún motivo para querer hacerme el siguiente.

Isabel

Dentro de un par de semanas volverá seguramente a veranear en Asturias doña Isabel San Sebastián, periodista tertuliana de alto estanding y escritora de bodrios oportunistas cuya expresión facial transmite una mezcla entre soberbia contumaz y estreñimiento crónico, mezclados ambos con el avinagramiento propio de este selecto grupo de inquisidores a sueldo para quienes el desprecio hacia los semejantes a quienes consideran inferiores (la mayoría) es su única pauta de comportamiento reconocible. El insoportable clasismo de cierta clase periodística, estos aristócratas (aristocretinos, más bien) de la pluma que ocupan varios puestos de trabajo de tertulia en tertulia creyéndose piezas claves de la arquitectura social de España, les da una especie de patente de corso para desacreditar, insultar y difamar a quienes consideren oportuno. La última de la señora San Sebastián ha sido decir que los periodistas que están secuestrados en Siria van allí a eso, a que los secuestren, porque luego viene el Estado y pone la pasta.

O sea que para esta individua de gesto adusto y verbo frígido, la profesión que ella cree ejercer consta de dos categorías: periodistas (los que se pasan horas ladrando en los platós de televisión a precio de oro) y “perrodistas”, (esos melenudos irresponsables que va a jugar a los corresponsales a Siria a precio de puta).Tales opiniones proceden de la misma ralea filosófica y de la misma tribu de ideólogos que elaboran teorías tan agudas como la de que los pobres no pueden tener Twitter, que los parados se gastan en subsidio en comprar una televisión, que los inmigrantes vienen aquí a joder a los honrados españoles, que la Virgen María crea puestos de trabajo y que la Gürtel es un invento.

Pues Isabel San Sebastián vendrá por aquí a pasear el palmito y, como suele ser habitual cada verano, mis ex compañeros de profesión en los rotativos regionales asturianos le dedicarán un generoso espacio para reproducir sus opiniones de enorme experta sobre la deriva de España, el peligro de los catalanes, los homosexcuales, los abortistas, los periodistas que van a la guerra y el rojerío en general. Sus méritos consisten en salir en la televisión y vivir en Madrid, elementos suficientes para que el periodismo “de provincias” la considere merecedora de una entrevista en la que pueda seguir iluminandonos con sus destilados de bilis fascistoide.

Espero ansiosamente leer sus opiniones para seguir ampliando mi incultura general. Muchas gracias.

Aviones

Si tengo que ser sincero les diré que me parece tan infantiloide el festival aéreo organizado para el domingo en Gijón como la perreta que ha cogido cierta progresía local por rechazar su celebración. Me da que están tan fuera de lugar los que piensan que estas cosas sirven para elevar el espíritu nacional por el lado militar, como quienes creen que corrompen a la sociedad, a la “gente” que llena por miles El Muro ajena a que están siendo aleccionados por los poderes reaccionarios. A mi me molesta el ruido en casi todas sus modalidades, de manera que escaparé lo más lejos posible del estruendo de helicópteros, cazas militares y patrullas acrobáticas que se precipitará sobre nuestras cabezas desde el cielo gijonés, aunque no lo haré por temer a convertirme en un belicista, sino por temor a quedar sordo. Pero es que yo soy un poco rarito, así que no valgo como media ponderada. Lo que no se puede dejar de reconocer es que, por lo general, a la gente siempre nos ha gustado ver pasar los trenes y los aviones, ir a El Musel a ver de cerca el Juan Sebastián Elcano (barco militar, oh Dios) y mirar las procesiones, los desfiles y cualquier cosa que se salga de la aburrida rutina cotidiana, ya sea un hidroavión, el carru de Telones, el coche de los bomberos o la burra de Antoñico. Esto es lo que hay por mucho que a algunas personas se les haya metido en la cabeza cierta obsesión norcoreana por reeducar a toda una sociedad en determinados valores, todos muy loables desde luego, pero algo sacados de quicio.

Pensar que quienes van a ver los aviones al Muro o quienes los traen a Gijón son unos belicistas de tomo y lomo dispuestos a invadir Polonia (o Cataluña), o que los niños allí presentes bajo el estruendo de las aeronaves se sentirán como los pobres críos palestinos bombardeados por la aviación israelí en Gaza, es tan grotesco como sostener que quien vaya a ver el desfile del orgullo gay terminará por cambiar su opción sexual o que legislar sobre el aborto lo convierte en obligatorio. Recuerdo que hace unos años propusimos a los organizadores del Festival de Piano de Gijón colocar en el paseo de Begoña un piano por el que pasarían decenas de pianistas durante horas para divulgar en directo las bondades y bellezas de este noble instrumento. Pese a las dudas sobre las aficiones musicales de los viandantes, la idea fue un éxito y sigue haciéndose a día de hoy. Ignoro si tal iniciativa consiguió elevar el nivel musical de la ciudad o la nómina de pianistas. La gente se lo pasó bien un rato y ya está.

Los integrismos puritanos son cargantes y aburridos porque no dejan margen al humor y al debate.Hace cuarenta años estuvo en boga la teoría de que los juguetes bélicos harían de los niños unos asesinos en serie al llegar a la edad adulta. Les diré que durante buena parte de mi vida infantil jugué con soldaditos y tuve un consistente arsenal de pistolas de restallos con el que dejé a mi paso un reguero de cadáveres de palo. Pese a que la teoría pedagógica del momento hubiera vaticinado para mí un futuro paralelo al de Charles Manson tengo a gala haber sido objetor de conciencia en los tiempos en los que ni siquiera había ley que regulase tan opción. Fui amnistiado en 1989 sin haber pisado un cuartel.

Quienes creen que el festival aéreo del domingo es una reivindicación de la patria española y un aviso militarista a los rojos, comparten en el fondo la misma paranoia conspirativa que quienes se desgañitan para que se prohíba la exhibición. Los extremos se tocan. Menos mal que aún queda gente básicamente normal que solo quiere divertirse media hora viendo pasar los aviones. Y poco más.

Extinción

Me acuerdo. El día que extinguieron los dinosaurios yo estaba desayunando leche de coco baja en gluten a la sombra de un helecho de 10 metros de alto. En aquellos tiempos el mundo estaba hecho a lo grande, sin miedo a la escasez de recursos, tope gama. Todo estaba a estrenar y un árbol de nada medía diez metros, la leche de un solo coco daba para alimentarse una semana, se podían dormir siestas larguísimas, no había Carrusel Deportivo, ni Salvame de Luxe, ni Telediario y la gente tenía mucho tiempo para hablar y hacer cualquier otra cosa que imaginen. Los dinosaurios de antes de Spielberg eran seres bastante normales, nada que ver con los que salen en el cine y se comen a la gente. Los dinosaurios de verdad eran seres amables y protectores Yo mismo tenía un Rex de compañía que dormía a mis pies mientras desayunaba placenteramente mi leche de coco en aquella mañana en la que se extinguieron los dinosaurios.

En aquellos tiempos los niños podían salir a la calle a cualquier hora y sus madres se pasaban el día desnudas recogiendo flores y cocos, frutas sabrosísimas que se ponían a disposición de cualquiera, incluso de aquellos que cruzaban el mar en una balsa porque querían cambiar de aires. Eran recibidos hospitalariamente y aleccionados sobre el nombre de cada dinosaurio para que pudieran hablar de ellos con propiedad y sin miedo.

En el tiempo de los dinosaurios los hombres éramos seres tan secundarios, insignificantes e inoperantes que por eso los antropólogos aseguran que no había humanidad alguno. La había, me acuerdo, pero no pintaba nada, o sea que como si no existiera. El género humano era una colección de enanos que vivían a los sombra protectora de los dinosaurios y no tenían nada que hacer aparte de comer y soñar despiertos.

Todo se jodió el día que se extinguieron los dinosaurios y los humanos nos creímos en la obligación de ocupar su espacio. Así nos va. Lo único que me consuela es pensar que después de nuestra extinción volverán los dinosaurios y otros niños podrán jugar en la calle junto a sus madres, todos desnudos, seguros y felices.

Cañones y mantequilla

Los políticos siempre han tenido una gran vocación de periodistas. No de reporteros Tribulete de a tanto la hora a precio de puta; no, de esos no. Los políticos siempre han querido ser ciudadano Kane, comprar la tinta por barriles y dirigir su propio medio de comunicación (o los de otros como si fueran el suyo) para contar lo que mejor les parece porque no se fían de más titulares que de los que ellos mismos escriben. No es nuevo. Para compensar también hay periodistas con una incontrolable vocación de políticos, pero no de los que se presentan a  las elecciones en los puestos dudosos y de relleno, no. Ellos quieren ser ministros y presidentes del Gobierno en la misma tacada y, sobre todo, sueñan que su periódico es el Boletín Oficial del Estado en el que se publican destituciones y nombramientos o se convocan elecciones a placer.

Después de tantos años con los papeles cambiados entre políticos y periodistas no se entiende qué escándalo es este que se ha montado con la web de desmentidos oficiales del Ayuntamiento de Madrid. Muy poca confianza tienen los periodistas en su propio prestigio a la hora de descubrir noticias y contarlas si les pone nerviosos una web oficial de propaganda y autodefensa. Eso lo hacen por igual Carmena y Carmina (Moriyón). Cualquier ayuntamiento de mundo trata de montar su propia publicación en papel, radio y televisión (no digamos web, boletín electrónico, canal en redes sociales, etc) para contar “su” verdad. ¿Qué esperaban ustedes? ¿Que Podemos iba a ser borreguito de Norit, callarse camino del matadero y renunciar a meter la cuchara en esta olla podrida y revuelta en la que cuecen tantas y tan sabrosas porquerías? Cualquier administración de cualquier partido quiere controlar la información. Eso se aprende en primero de concejal y en segundo de periodismo y el que no lo sepa que se dé de baja. Así que no entiendo por qué se hacen cruces de esta cosa de la web carmenita los periodistas que asisten a las ruedas de prensa sin preguntas (¿existe el arroz con leche sin arroz?) o a las comparecencias del presidente del Gobierno desde una pecera de plasma; no sé por qué se encienden como bengalas los habitantes de las redacciones diezmadas por ERES comunicados por correo electrónico, quienes trabajan en medios dirigidos por analfabetos funcionales o conserjes con pretensiones en los que las plazas de redactores profesionales se cubren con grafómanos que aspiran a ser leídos en la tertulia del casino provinciano. Visto eso visto todo, compañeros y compañeras, donde va el asa va el calderu. Qué más dan ocho que ochenta. Ninguno de ellos debería estar extrañado ni ponerse tan digno con que Manuela Carmena quiera hacer lo mismo que los demás en lo que a información y contrainformación se refiere. La nueva política de Podemos no implica un “new deal” con los medios de comunicación, ni viceversa. Qué se habían creído. La diferencia es que en sus relaciones con  la canallesca  Manuela Carmena prefiere los cañones a la mantequilla, es decir, desmentir de frente en vez de ir a untar con la chequera de comprar primeras páginas favorables, una costumbre tan cara y tan acendrada en tantos ayuntamientos. El de Gijón entre otros.

Hielo en Plutón

Han descubierto hielo en Plutón. Al menos podremos tomarnos un güisqui en el otro extremo del sistema solar, lejos de tanto hijoputa, armados solo con nuestra petaca de escocés, nuestra escafandra y nuestro librito de poemas, o de prosas. Y una guitarra. Me valen Krahe, Serrat, Mendoza, Millás, Mercedes Sosa, algo de Mahler, de Juan Perro y de Los Locos. Todos allí, en Plutón. A salvo de hijos de perra, de traficantes de penas, de violadores, golpistas y estafadores. Plutón será desde ahora mi tierra prometida. Poco sol, tiempo fresco y hielo en abundancia. Igual me llevo también al perro, para que corra a sus anchas y pueda cagar y mear sin problemas de civismo que resolver. Seré un pionero que, ahora o veo, es lo que siempre quise ser. Seré por fin un adelantado después de tantos años de que me traten como a un retrasado.

Me voy a Plutón en una nave estelar, en una nave a estrenar. A ver las estrellas y a  tomarme un güisqui con la nada; a tirar de la cadena de los agujeros negros, a jugar a ser el Principito en su propio planeta; a darle un corte de mangas a toda la relatividad, al tiempo y al espacio, y también a la especie, a la mía, esta que vino del mono y va hacia la rata, la que tira niños a los contenedores, la que inventa los santos y condena a las putas, la que revienta países, maltrata a los sabios y premia a los idiotas.

Y allí en Plutón no habrá corridas de toros, ni sanfermines, ni sermones de Podemos, ni mentiras parlamentarias, ni problemas de erección (la gravedad), ni razones de estado, ni hipsters, ni fachas, ni progres, ni mangantes con escaño, ni la Troika, ni el paro, ni otro rey que no sea el de copas o el del ajedrez porque igual me llevo también una baraja y un tablero para hacer solitarios o retar al perro que tiene algo de ruso pre soviético y trabaja muy bien el jaque pastor (alemán).

Hay hielo en Plutón y esta es la mejor noticia que nos han dado en meses porque, a una mala, lo mismo Alsa pone un servicio con paradas y terminamos por juntarnos allí los de siempre, los hartos de estar hartos, a tomarnos unas copas a la salud del Universo que nos estará mirando, y pasear animados entre dunas y cráteres, alumbrados por supernovas y algunas amigas supermonas que sumarán a la expedición para que ese paraíso desértico y estelar sea una belleza redonda y completa, un placer esférico y astral sin extradición a cuyas costas llegaremos en nuestras pateras que quemaremos en una hoguera que algún astrónomo terrícola verá en su telescopio y tomará por un signo de vida inteligente en Plutón. La nuestra.

Porteadores

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Mientras oigo cantar a Groucho Marx las glorias del capitán Spaulding, o sea las suyas propias (“alguien tenía que decirlo”), leo como el señor de Guindos entona un muy deportivo “no pudo ser” ya que pese a formar parte del gobierno más sumiso, genuflexo, papanatas y chupapollas de toda la UE, y a que su jefe Rajoy no se ha cansado de presentarle como el más heroico explorador de la jungla capitalista, en Europa y por ahí han dicho que nones, que no será jefe de los ministros de Economía. Ni subiéndose sobre las ruinas de Atenas, ni sacando del cajón el certificado de estafador y terrorista financiero que obtuvo yendo a clases nocturnas en los Lehman´s Brothers, ni siquiera mostrando triunfante su botín de pensionistas destripados, ha conseguido Luis de Guindos el puestín que tanto ansiaba para presumir en Bruselas de lo mucho y bien que sabemos aquí decir amén en todas las lenguas de la Unión. Para tener más papeletas en la tómbola bruselina y poder presumir de pureza de sangre neoliberal, De Guindos y sus jefes se han sumado además y con fruición a esta nueva tesis económica según la cual son los pobres quienes terminan  por arruinar a los ricos, de manera que lo mejor es que los ricos decapiten a los pobres antes de que se  pongan chulos a pedir lo que es suyo. Pero ni así, porque esa pasión por arrasar países, familias y gobiernos  ya la tienen desde hace muchos años en centroeuropa. Alemania invadía Polonia cuando de Guindos aún estaba en el limbo, así que no hay nada que enseñar desde España salvo nuestra más rendida sumisión admirativa con una inclinación de 90 grados.

Ya somos lo mejor de los peores y eso llena de orgullo, satisfacción y genuflexión a esta panda gobernante de mediocres con carrera. Tras viajar un tiempo sin billete y correr después tras el vagón, por fin lo hemos conseguido: vamos subidos “a tralla”  en el tranvía llamado expolio que sale de Bruselas y va a ninguna parte, y que mejor que hacer ese trayecto que  guiados por Guindos Spaulding desde la hamaca  y su cuadrilla de exterminadores.

Pero se ha jodido la merienda porque en Bruselas y Berlín no quieren ver en puestos de mando a nadie del sur de Europa a quien le guste el ajo, las aceitunas o el aceite de oliva. Eso sí, los alemanes seguirán viajando a España, Grecia y Portugal a mearse en nuestras piscinas, vomitar en nuestras esquinas y pasearse a cuerpo de rey en la tumbona del capitán Spaulding, lo que pasa es que Guindos, Rajoy y los demás serán los porteadores pringados, no los exploradores triunfantes.

Gracias

Foto de Mirela RenduelesGracias mil, queridos y queridas. Gracias mil a quienes tuvisteis la humorada generosa de pasaros el domingo 12 de julio por la Semana Negra para asistir a los funerales editoriales de “Artículos de Saldo”, nuestro librito de retales periodísticos que nació en diciembre y al que ya va tocando enterrar en el fondo de nuestra memoria de aspirantes a escritores. Y es que los libros, salvo el Quijote y cualquiera de Eduardo Mendoza, no merecen vivir tanto tiempo porque son material fungible al 100%. Se quema el papel que los soporta y se agostan sus contenidos, esas letras colocadas en orden que algún día fueron brotes frescos de imaginación y actualidad pero que ya han empezado a ponerse rancios. Por eso la Semana Negra nos vino de perlas para asesinar de un tiro en el lomo a este libro cuyo único valor actual y futuro son los dibujos de Pachi Poncela y el cariño maquetador de Lore Vigil y, desde luego, los euros que muchos de vosotros habéis pagado para haceros con un trozo de nuestras vidas de juntaletras, de cantamañanas, con el que tendréis que cargar el resto de vuestra vida salvo que, bendita cojera, una mesa del comedor empiece a renquear y sea necesario calzarla con algún ejemplar de tan enorme obra. Por eso el domingo no presentamos nada. Digamos que idea era “despresentar” a nuestra mascota, para que ustedes la olviden, o la quieran como se quiere a un canario muerto que cantó en la cocina durante tantos años y cuyo trino aún parece sonar cuando hace sol.

Pero gracias por hacer que nos lo hayamos pasado bien diciendo memeces y jugando con las palabras, viendo vuestras caras de risa o de espanto, impulsados por vuestra inacabable complicidad humana y humorística para entendernos y aguantarnos, satisfechos de haber conseguido rezar todos juntos por el alma atea de Javier Krahe en medio de letras, palabras, libros, oraciones gramaticales y mucha ironía, no de tanta calidad como la del pobre maestro desaparecido, pero siendo alumnos fieles y trabajadores (no diré que aventajados) de un forma de ver la vida como un lujoso saldo en el que nosotros vamos pasando de oportunidades a restos de serie, de saldos a descartes y en la que terminamos por ser pares sueltos que no encuentran pie en el que encajar.

Gracias por lo del domingo. Gracias por todo en mi nombre y en el de mis hermanos, también en el de mi hermana Elvira que ya no está, y en el de mi madre, en el de mi padre y en el de todos aquellos  que inspiraron de alguna manera estas letras saldadas que nos han unido y nos seguirán uniendo. Todos los besos que quedan en esta boca, todas las letras que quedan en esta pluma, serán para deciros que gracias.