Isabel

Dentro de un par de semanas volverá seguramente a veranear en Asturias doña Isabel San Sebastián, periodista tertuliana de alto estanding y escritora de bodrios oportunistas cuya expresión facial transmite una mezcla entre soberbia contumaz y estreñimiento crónico, mezclados ambos con el avinagramiento propio de este selecto grupo de inquisidores a sueldo para quienes el desprecio hacia los semejantes a quienes consideran inferiores (la mayoría) es su única pauta de comportamiento reconocible. El insoportable clasismo de cierta clase periodística, estos aristócratas (aristocretinos, más bien) de la pluma que ocupan varios puestos de trabajo de tertulia en tertulia creyéndose piezas claves de la arquitectura social de España, les da una especie de patente de corso para desacreditar, insultar y difamar a quienes consideren oportuno. La última de la señora San Sebastián ha sido decir que los periodistas que están secuestrados en Siria van allí a eso, a que los secuestren, porque luego viene el Estado y pone la pasta.

O sea que para esta individua de gesto adusto y verbo frígido, la profesión que ella cree ejercer consta de dos categorías: periodistas (los que se pasan horas ladrando en los platós de televisión a precio de oro) y “perrodistas”, (esos melenudos irresponsables que va a jugar a los corresponsales a Siria a precio de puta).Tales opiniones proceden de la misma ralea filosófica y de la misma tribu de ideólogos que elaboran teorías tan agudas como la de que los pobres no pueden tener Twitter, que los parados se gastan en subsidio en comprar una televisión, que los inmigrantes vienen aquí a joder a los honrados españoles, que la Virgen María crea puestos de trabajo y que la Gürtel es un invento.

Pues Isabel San Sebastián vendrá por aquí a pasear el palmito y, como suele ser habitual cada verano, mis ex compañeros de profesión en los rotativos regionales asturianos le dedicarán un generoso espacio para reproducir sus opiniones de enorme experta sobre la deriva de España, el peligro de los catalanes, los homosexcuales, los abortistas, los periodistas que van a la guerra y el rojerío en general. Sus méritos consisten en salir en la televisión y vivir en Madrid, elementos suficientes para que el periodismo “de provincias” la considere merecedora de una entrevista en la que pueda seguir iluminandonos con sus destilados de bilis fascistoide.

Espero ansiosamente leer sus opiniones para seguir ampliando mi incultura general. Muchas gracias.

Aviones

Si tengo que ser sincero les diré que me parece tan infantiloide el festival aéreo organizado para el domingo en Gijón como la perreta que ha cogido cierta progresía local por rechazar su celebración. Me da que están tan fuera de lugar los que piensan que estas cosas sirven para elevar el espíritu nacional por el lado militar, como quienes creen que corrompen a la sociedad, a la “gente” que llena por miles El Muro ajena a que están siendo aleccionados por los poderes reaccionarios. A mi me molesta el ruido en casi todas sus modalidades, de manera que escaparé lo más lejos posible del estruendo de helicópteros, cazas militares y patrullas acrobáticas que se precipitará sobre nuestras cabezas desde el cielo gijonés, aunque no lo haré por temer a convertirme en un belicista, sino por temor a quedar sordo. Pero es que yo soy un poco rarito, así que no valgo como media ponderada. Lo que no se puede dejar de reconocer es que, por lo general, a la gente siempre nos ha gustado ver pasar los trenes y los aviones, ir a El Musel a ver de cerca el Juan Sebastián Elcano (barco militar, oh Dios) y mirar las procesiones, los desfiles y cualquier cosa que se salga de la aburrida rutina cotidiana, ya sea un hidroavión, el carru de Telones, el coche de los bomberos o la burra de Antoñico. Esto es lo que hay por mucho que a algunas personas se les haya metido en la cabeza cierta obsesión norcoreana por reeducar a toda una sociedad en determinados valores, todos muy loables desde luego, pero algo sacados de quicio.

Pensar que quienes van a ver los aviones al Muro o quienes los traen a Gijón son unos belicistas de tomo y lomo dispuestos a invadir Polonia (o Cataluña), o que los niños allí presentes bajo el estruendo de las aeronaves se sentirán como los pobres críos palestinos bombardeados por la aviación israelí en Gaza, es tan grotesco como sostener que quien vaya a ver el desfile del orgullo gay terminará por cambiar su opción sexual o que legislar sobre el aborto lo convierte en obligatorio. Recuerdo que hace unos años propusimos a los organizadores del Festival de Piano de Gijón colocar en el paseo de Begoña un piano por el que pasarían decenas de pianistas durante horas para divulgar en directo las bondades y bellezas de este noble instrumento. Pese a las dudas sobre las aficiones musicales de los viandantes, la idea fue un éxito y sigue haciéndose a día de hoy. Ignoro si tal iniciativa consiguió elevar el nivel musical de la ciudad o la nómina de pianistas. La gente se lo pasó bien un rato y ya está.

Los integrismos puritanos son cargantes y aburridos porque no dejan margen al humor y al debate.Hace cuarenta años estuvo en boga la teoría de que los juguetes bélicos harían de los niños unos asesinos en serie al llegar a la edad adulta. Les diré que durante buena parte de mi vida infantil jugué con soldaditos y tuve un consistente arsenal de pistolas de restallos con el que dejé a mi paso un reguero de cadáveres de palo. Pese a que la teoría pedagógica del momento hubiera vaticinado para mí un futuro paralelo al de Charles Manson tengo a gala haber sido objetor de conciencia en los tiempos en los que ni siquiera había ley que regulase tan opción. Fui amnistiado en 1989 sin haber pisado un cuartel.

Quienes creen que el festival aéreo del domingo es una reivindicación de la patria española y un aviso militarista a los rojos, comparten en el fondo la misma paranoia conspirativa que quienes se desgañitan para que se prohíba la exhibición. Los extremos se tocan. Menos mal que aún queda gente básicamente normal que solo quiere divertirse media hora viendo pasar los aviones. Y poco más.

Extinción

Me acuerdo. El día que extinguieron los dinosaurios yo estaba desayunando leche de coco baja en gluten a la sombra de un helecho de 10 metros de alto. En aquellos tiempos el mundo estaba hecho a lo grande, sin miedo a la escasez de recursos, tope gama. Todo estaba a estrenar y un árbol de nada medía diez metros, la leche de un solo coco daba para alimentarse una semana, se podían dormir siestas larguísimas, no había Carrusel Deportivo, ni Salvame de Luxe, ni Telediario y la gente tenía mucho tiempo para hablar y hacer cualquier otra cosa que imaginen. Los dinosaurios de antes de Spielberg eran seres bastante normales, nada que ver con los que salen en el cine y se comen a la gente. Los dinosaurios de verdad eran seres amables y protectores Yo mismo tenía un Rex de compañía que dormía a mis pies mientras desayunaba placenteramente mi leche de coco en aquella mañana en la que se extinguieron los dinosaurios.

En aquellos tiempos los niños podían salir a la calle a cualquier hora y sus madres se pasaban el día desnudas recogiendo flores y cocos, frutas sabrosísimas que se ponían a disposición de cualquiera, incluso de aquellos que cruzaban el mar en una balsa porque querían cambiar de aires. Eran recibidos hospitalariamente y aleccionados sobre el nombre de cada dinosaurio para que pudieran hablar de ellos con propiedad y sin miedo.

En el tiempo de los dinosaurios los hombres éramos seres tan secundarios, insignificantes e inoperantes que por eso los antropólogos aseguran que no había humanidad alguno. La había, me acuerdo, pero no pintaba nada, o sea que como si no existiera. El género humano era una colección de enanos que vivían a los sombra protectora de los dinosaurios y no tenían nada que hacer aparte de comer y soñar despiertos.

Todo se jodió el día que se extinguieron los dinosaurios y los humanos nos creímos en la obligación de ocupar su espacio. Así nos va. Lo único que me consuela es pensar que después de nuestra extinción volverán los dinosaurios y otros niños podrán jugar en la calle junto a sus madres, todos desnudos, seguros y felices.

Cañones y mantequilla

Los políticos siempre han tenido una gran vocación de periodistas. No de reporteros Tribulete de a tanto la hora a precio de puta; no, de esos no. Los políticos siempre han querido ser ciudadano Kane, comprar la tinta por barriles y dirigir su propio medio de comunicación (o los de otros como si fueran el suyo) para contar lo que mejor les parece porque no se fían de más titulares que de los que ellos mismos escriben. No es nuevo. Para compensar también hay periodistas con una incontrolable vocación de políticos, pero no de los que se presentan a  las elecciones en los puestos dudosos y de relleno, no. Ellos quieren ser ministros y presidentes del Gobierno en la misma tacada y, sobre todo, sueñan que su periódico es el Boletín Oficial del Estado en el que se publican destituciones y nombramientos o se convocan elecciones a placer.

Después de tantos años con los papeles cambiados entre políticos y periodistas no se entiende qué escándalo es este que se ha montado con la web de desmentidos oficiales del Ayuntamiento de Madrid. Muy poca confianza tienen los periodistas en su propio prestigio a la hora de descubrir noticias y contarlas si les pone nerviosos una web oficial de propaganda y autodefensa. Eso lo hacen por igual Carmena y Carmina (Moriyón). Cualquier ayuntamiento de mundo trata de montar su propia publicación en papel, radio y televisión (no digamos web, boletín electrónico, canal en redes sociales, etc) para contar “su” verdad. ¿Qué esperaban ustedes? ¿Que Podemos iba a ser borreguito de Norit, callarse camino del matadero y renunciar a meter la cuchara en esta olla podrida y revuelta en la que cuecen tantas y tan sabrosas porquerías? Cualquier administración de cualquier partido quiere controlar la información. Eso se aprende en primero de concejal y en segundo de periodismo y el que no lo sepa que se dé de baja. Así que no entiendo por qué se hacen cruces de esta cosa de la web carmenita los periodistas que asisten a las ruedas de prensa sin preguntas (¿existe el arroz con leche sin arroz?) o a las comparecencias del presidente del Gobierno desde una pecera de plasma; no sé por qué se encienden como bengalas los habitantes de las redacciones diezmadas por ERES comunicados por correo electrónico, quienes trabajan en medios dirigidos por analfabetos funcionales o conserjes con pretensiones en los que las plazas de redactores profesionales se cubren con grafómanos que aspiran a ser leídos en la tertulia del casino provinciano. Visto eso visto todo, compañeros y compañeras, donde va el asa va el calderu. Qué más dan ocho que ochenta. Ninguno de ellos debería estar extrañado ni ponerse tan digno con que Manuela Carmena quiera hacer lo mismo que los demás en lo que a información y contrainformación se refiere. La nueva política de Podemos no implica un “new deal” con los medios de comunicación, ni viceversa. Qué se habían creído. La diferencia es que en sus relaciones con  la canallesca  Manuela Carmena prefiere los cañones a la mantequilla, es decir, desmentir de frente en vez de ir a untar con la chequera de comprar primeras páginas favorables, una costumbre tan cara y tan acendrada en tantos ayuntamientos. El de Gijón entre otros.

Hielo en Plutón

Han descubierto hielo en Plutón. Al menos podremos tomarnos un güisqui en el otro extremo del sistema solar, lejos de tanto hijoputa, armados solo con nuestra petaca de escocés, nuestra escafandra y nuestro librito de poemas, o de prosas. Y una guitarra. Me valen Krahe, Serrat, Mendoza, Millás, Mercedes Sosa, algo de Mahler, de Juan Perro y de Los Locos. Todos allí, en Plutón. A salvo de hijos de perra, de traficantes de penas, de violadores, golpistas y estafadores. Plutón será desde ahora mi tierra prometida. Poco sol, tiempo fresco y hielo en abundancia. Igual me llevo también al perro, para que corra a sus anchas y pueda cagar y mear sin problemas de civismo que resolver. Seré un pionero que, ahora o veo, es lo que siempre quise ser. Seré por fin un adelantado después de tantos años de que me traten como a un retrasado.

Me voy a Plutón en una nave estelar, en una nave a estrenar. A ver las estrellas y a  tomarme un güisqui con la nada; a tirar de la cadena de los agujeros negros, a jugar a ser el Principito en su propio planeta; a darle un corte de mangas a toda la relatividad, al tiempo y al espacio, y también a la especie, a la mía, esta que vino del mono y va hacia la rata, la que tira niños a los contenedores, la que inventa los santos y condena a las putas, la que revienta países, maltrata a los sabios y premia a los idiotas.

Y allí en Plutón no habrá corridas de toros, ni sanfermines, ni sermones de Podemos, ni mentiras parlamentarias, ni problemas de erección (la gravedad), ni razones de estado, ni hipsters, ni fachas, ni progres, ni mangantes con escaño, ni la Troika, ni el paro, ni otro rey que no sea el de copas o el del ajedrez porque igual me llevo también una baraja y un tablero para hacer solitarios o retar al perro que tiene algo de ruso pre soviético y trabaja muy bien el jaque pastor (alemán).

Hay hielo en Plutón y esta es la mejor noticia que nos han dado en meses porque, a una mala, lo mismo Alsa pone un servicio con paradas y terminamos por juntarnos allí los de siempre, los hartos de estar hartos, a tomarnos unas copas a la salud del Universo que nos estará mirando, y pasear animados entre dunas y cráteres, alumbrados por supernovas y algunas amigas supermonas que sumarán a la expedición para que ese paraíso desértico y estelar sea una belleza redonda y completa, un placer esférico y astral sin extradición a cuyas costas llegaremos en nuestras pateras que quemaremos en una hoguera que algún astrónomo terrícola verá en su telescopio y tomará por un signo de vida inteligente en Plutón. La nuestra.

Porteadores

tk apr24 p

Mientras oigo cantar a Groucho Marx las glorias del capitán Spaulding, o sea las suyas propias (“alguien tenía que decirlo”), leo como el señor de Guindos entona un muy deportivo “no pudo ser” ya que pese a formar parte del gobierno más sumiso, genuflexo, papanatas y chupapollas de toda la UE, y a que su jefe Rajoy no se ha cansado de presentarle como el más heroico explorador de la jungla capitalista, en Europa y por ahí han dicho que nones, que no será jefe de los ministros de Economía. Ni subiéndose sobre las ruinas de Atenas, ni sacando del cajón el certificado de estafador y terrorista financiero que obtuvo yendo a clases nocturnas en los Lehman´s Brothers, ni siquiera mostrando triunfante su botín de pensionistas destripados, ha conseguido Luis de Guindos el puestín que tanto ansiaba para presumir en Bruselas de lo mucho y bien que sabemos aquí decir amén en todas las lenguas de la Unión. Para tener más papeletas en la tómbola bruselina y poder presumir de pureza de sangre neoliberal, De Guindos y sus jefes se han sumado además y con fruición a esta nueva tesis económica según la cual son los pobres quienes terminan  por arruinar a los ricos, de manera que lo mejor es que los ricos decapiten a los pobres antes de que se  pongan chulos a pedir lo que es suyo. Pero ni así, porque esa pasión por arrasar países, familias y gobiernos  ya la tienen desde hace muchos años en centroeuropa. Alemania invadía Polonia cuando de Guindos aún estaba en el limbo, así que no hay nada que enseñar desde España salvo nuestra más rendida sumisión admirativa con una inclinación de 90 grados.

Ya somos lo mejor de los peores y eso llena de orgullo, satisfacción y genuflexión a esta panda gobernante de mediocres con carrera. Tras viajar un tiempo sin billete y correr después tras el vagón, por fin lo hemos conseguido: vamos subidos “a tralla”  en el tranvía llamado expolio que sale de Bruselas y va a ninguna parte, y que mejor que hacer ese trayecto que  guiados por Guindos Spaulding desde la hamaca  y su cuadrilla de exterminadores.

Pero se ha jodido la merienda porque en Bruselas y Berlín no quieren ver en puestos de mando a nadie del sur de Europa a quien le guste el ajo, las aceitunas o el aceite de oliva. Eso sí, los alemanes seguirán viajando a España, Grecia y Portugal a mearse en nuestras piscinas, vomitar en nuestras esquinas y pasearse a cuerpo de rey en la tumbona del capitán Spaulding, lo que pasa es que Guindos, Rajoy y los demás serán los porteadores pringados, no los exploradores triunfantes.

Gracias

Foto de Mirela RenduelesGracias mil, queridos y queridas. Gracias mil a quienes tuvisteis la humorada generosa de pasaros el domingo 12 de julio por la Semana Negra para asistir a los funerales editoriales de “Artículos de Saldo”, nuestro librito de retales periodísticos que nació en diciembre y al que ya va tocando enterrar en el fondo de nuestra memoria de aspirantes a escritores. Y es que los libros, salvo el Quijote y cualquiera de Eduardo Mendoza, no merecen vivir tanto tiempo porque son material fungible al 100%. Se quema el papel que los soporta y se agostan sus contenidos, esas letras colocadas en orden que algún día fueron brotes frescos de imaginación y actualidad pero que ya han empezado a ponerse rancios. Por eso la Semana Negra nos vino de perlas para asesinar de un tiro en el lomo a este libro cuyo único valor actual y futuro son los dibujos de Pachi Poncela y el cariño maquetador de Lore Vigil y, desde luego, los euros que muchos de vosotros habéis pagado para haceros con un trozo de nuestras vidas de juntaletras, de cantamañanas, con el que tendréis que cargar el resto de vuestra vida salvo que, bendita cojera, una mesa del comedor empiece a renquear y sea necesario calzarla con algún ejemplar de tan enorme obra. Por eso el domingo no presentamos nada. Digamos que idea era “despresentar” a nuestra mascota, para que ustedes la olviden, o la quieran como se quiere a un canario muerto que cantó en la cocina durante tantos años y cuyo trino aún parece sonar cuando hace sol.

Pero gracias por hacer que nos lo hayamos pasado bien diciendo memeces y jugando con las palabras, viendo vuestras caras de risa o de espanto, impulsados por vuestra inacabable complicidad humana y humorística para entendernos y aguantarnos, satisfechos de haber conseguido rezar todos juntos por el alma atea de Javier Krahe en medio de letras, palabras, libros, oraciones gramaticales y mucha ironía, no de tanta calidad como la del pobre maestro desaparecido, pero siendo alumnos fieles y trabajadores (no diré que aventajados) de un forma de ver la vida como un lujoso saldo en el que nosotros vamos pasando de oportunidades a restos de serie, de saldos a descartes y en la que terminamos por ser pares sueltos que no encuentran pie en el que encajar.

Gracias por lo del domingo. Gracias por todo en mi nombre y en el de mis hermanos, también en el de mi hermana Elvira que ya no está, y en el de mi madre, en el de mi padre y en el de todos aquellos  que inspiraron de alguna manera estas letras saldadas que nos han unido y nos seguirán uniendo. Todos los besos que quedan en esta boca, todas las letras que quedan en esta pluma, serán para deciros que gracias.

Krahe

Ya no me gustó nada que tu último disco se llamase “Las diez de últimas”. ¿Qué pasa?, me pregunté. Lo mismo fue otra broma más, del Krahe hermético,  o lo mismo es que ya sabías que la partida se acababa y que todo el pescado estaba vendido en Zahara de los Atunes. Tal vez -de qué nos extrañamos- sabías ya más del presente y del futuro y por eso escribiste a beneficio de profecía e inventario que “tal vez de campanas que tocan a muerto y doblan por mí, eso ya lo sé, incluso triplican con muy mala fe. Pero sigo el curso del día tras día y de los delirios de la anatomía”.

El caso es que el caos siempre gana la partida. Este orden cronológico de lo ilógico te ha llevado por delante, querido Javier. Nos has dejado solos esperando a Marieta y yendo a ver a La Paz a esa novia suicida que le hizo un jersey a la cruz de Hemingway, y a esa otra que nos ha dejado solos tomando gazpacho, lenguado y una copa de vino para matar la ansiedad. Nos has dejado dicho aquello de “que corra el atleta” para ir a tu bola, a ver a Manitú (el dios católico es un pamplinas, como sabes) cogido de la mano de tus más de cien amores que ni el Alzheimer te podría haber robado, camino de Tombuctú a donde no querías llegar, o al Himalaya  buscado a la Yeti matando el mal de amores, y prefiriendo a Viridiana en un convento y el monte de Venus al monte Calvario, como todos nosotros, tus hijos putativos, poetas fracasados ante la más simple de tus rimas.

Te debemos unas cañas en la taberna de Platón para que nos expliques qué son esas sombras que salen en el Telediario. Y, mientras, escucharemos a Enrique Morente cantar por Krahe la elegía de los amores y la memoria, y te rogaremos que nos reveles quién era aquella que te llevó a su casa y te entregó antes su lengua que su voz, y la del retrato de Durero, y el pescador que faenaba en la costa Suiza, y cómo se cocina un crucifijo, y de qué manera se envida con las cartas del Tarot, y por qué la democracia está callada y como ausente, y como Ulises volvió a Ítaca parando en Navalagamella. Y mil cosas más.

Dejas aquí una bandada de cuervos ingenuos que te agradecen tus lecciones de anarquía elegante y discreta, de discrepancia irónica y punzante, de civismo insobornable y de una rara humanidad que se nos ha hecho muy corta.

Liberado

Que el Hospital de Cabueñes tenga tres plantas de hospitalización cerradas en verano es malo para la sanidad. Que el Ayuntamiento de Gijón tenga 21,5 concejales liberados es malo para la salud; para la salud mental y democrática por lo menos. Pero no enfermemos en estos meses de verano, ya que no será posible ser ingresados en Cabueñes con diligencia. Si usted se pone malo viendo que 21,5 concejales de un total de 27 cobra sueldo municipal, recurra a la automedicación o a los remedios caseros o haga como que no se dado cuenta de que seguimos gastando más en políticos que en médicos y personal sanitario en general. La salud de una democracia como es debido se mide, entre otras cosas, mirando como se administra la sanidad pública; pero también hay que observar de qué manera se administran sus representantes políticos, cuánto dinero ganan y, sobre todo, por qué lo ganan, qué hacen para merecer ese sueldo. ¿Cerrar plantas de hospitales públicos y recortar plantillas de sanitarios es el trabajo por el que estas gentes cobran ese pastizal? Que lo digan porque eso no fue lo que prometieron cuando llegaron al cargo del que viven tan holgadamente.

A estas alturas ya habrá quien me llame demagogo o cosas peores por estar escribiendo estas cosas. Puede que lo sea, no lo niego, y puede que hasta tenga envidia ante el hecho contrastable de que mi sueldo se haya reducido en más de un 50% en los últimos cuatro años mientras que el de diputados y concejales no ha sufrido merma alguna. Incluso los 1.950 euros de Podemos me parecen una fortuna si los comparo con mi nómina y la de muchos ciudadanos más. Por cierto que Xixón Sí Puede no ha convocado referéndum esta vez para ver que se hace con las “liberaciones” de los ediles de Gijón. Será que la cosa de la pasta iba en el lote y no hay nada que discutir con “la gente” .

Casi nadie, salvo los políticos y pocos más, consiguen ya en estos tiempos un contrato fijo de 4 años de duración, con un sueldo que no baja de 3.000 pavos al mes, una actividad relajada y con bastantes posibilidades de renovar por otros cuatro años en caso de ser buenos chicos y no incordiar al que hace la alineación titular. La lista de espera para ser concejal es más corta que para que te operen. Los demás seguimos aquí, discutiendo entre nosotros si son galgos o podencos, si son churras o merinas, si dos y dos han dejado de ser cuatro y por qué. Todas estas cosas las comentamos entre nosotros mientras esperamos horas y horas en la cola del médico de familia o en la del médico de urgencias aquejados de mala salud, mala sanidad y peor democracia.

El otro día fui al médico y tras examinarme me recetó ser concejal a sueldo. “Verá como mejora usted mucho”.Ya me siento más liberado.

Qué pena

No sé si estoy a favor o en contra de Grecia y sus circunstancias, no tengo esa pulsión solidaria de tantos internautas y opinadores que saben en cada momento que hastag, bandera, lema o fotografía hay que colgar en su perfil para estar en la línea de lo políticamente correcto. Envidio la enorme agilidad mental de estas personas para hacer causa propia de asuntos tan diversos como el euro, los gatitos, el feminismo o el cultivo ecológico. Los buscadores de causas solidarias lo tienen fácil en estos tiempos tan convulsos y proclives a las historias de buenos y malos; los escépticos lo tenemos muy difícil porque tendemos a sospechar que nada es como nos lo cuentan. Lo que sí sé es que ahora mismo no me apetece estar en Grecia porque van a caerles hostias por todas partes (cuando dimite hasta Varoufakis por algo será). La democracia la inventaron en Atenas, de acuerdo, pero el capitalismo lo gobiernan en Bruselas y, como ya se sabe, el capitalismo goza de mucha mejor salud que la democracia. El capitalismo es un animal hambriento que desayuna democracias enteras desde hace años. Le da lo mismo que sean asiáticas, americanas o europeas de rancia tradición, y esa variadisima alimentación le mantiene el cutis terso, además de una agilidad felina para saltar sobre sus presas y despedazarlas sin piedad y, al parecer, por su bien.

Para el atlético y voraz capitalismo que nos maneja la barca, los ciudadanos solo somos cuentas corrientes, y su relación con nosotros es directa y cartesiana: si no sumas, restas; si no multiplicas, te echo a la puta calle. Para el capitalismo, los ciudadanos somos presas: un hombre, una cuenta corriente, y en el capitalismo no hay votaciones que valgan, ni referendos, ni tendencias, todo se hace en corto y por derecho, por eso el capitalismo se conserva muy bien y sigue siendo capaz de morder, tragar y digerir con tanta soltura países enteros sin que se le corte la digestión ni se le rompan los dientes.  Las democracias siempre salen perdiendo porque se conservan mucho peor que el capitalismo, ya que quienes llegan a ellas cada cuatro años y dicen que las van a cuidar, las tratan muy mal. De hecho, la mayor parte de las democracias europeas se terminan haciendo amantes del capitalismo para que las tenga de mantenidas, les ponga un piso, un estanco o un banco central con vistas a Suiza. Las que no entran en ese harén del euro terminan por quedarse solas y resecas. Son incapacitadas para tomar decisiones y acaban sus días en un asilo. De eso no se librará ni Grecia por mucho que sea la patria de Pericles y Varoufakis, la caja negra de la democracia y el lugar donde se inventaron las elecciones. El capitalismo cenó el domingo una ensalada de urnas y se quedó tan contento. Qué pena.