Pachi y la gerente

He perdido el tiempo justo en leer las declaraciones a este periódico de doña Teresa Sánchez, gerente del Teatro Jovellanos por la gracia de FAC, en las que reitera su necesidad de explicar que tener una orquesta de Gijón (OSIGI) es “un lujo que ahora no nos podemos permitir”. No le faltó más que añadir algo así como que “ya tenemos batutas por encima de nuestras posibilidades”, este latiguillo que tanto le gusta a esta derecha que va de austera, pero que es tan transigente con ciertos amigos suyos que por el día son políticos o asesores de tales y por la tarde se dedican a sus asuntos privados. La gerente, ya metida en charangas, se despacha y se justifica con un aria de insinuaciones pringosas contra varias personas que sacaron adelante la OSIGI. Una de las personas aludidas es mi hermano Pachi Poncela, por cierto, un tipo bastante más conocido en Gijón que la señora gerente, a quien Dios conserve el oído. Insinuar que Pachi Poncela ha estado viviendo a costa de la OSIGI, como parece querer pringar la muy atonal gerente Sánchez, es una insidia destinada al consumo de los habituales, de los forofos de causa y de algunos cabestros que luego “opinan” en los foros de los periódicos bien escondidos tras nombres falsos. Tengo a mi hermano por uno de los tipos más honrados y trabajadores que he conocido en esta profesión, amén de ser uno de los comunicadores con mayor talento que se han visto en esta ciudad y fuera de ella. Tras casi dos décadas de trabajo en la radio privada y la pública aquí y en Madrid, ser una enciclopedia con patas sobre temas diversos, escribir guiones y libros, pintar, exponer y vender cuadros, presentar decenas de eventos, programas de televisión o protagonizar memorables pregones de Antroxu, se introdujo por propio pie en el mundo de la divulgación musical para niños con el éxito que corroboraron los patios de butacas del Jovellanos, llenos de padres e hijos domingo tras domingo. Pachi y la OSIGI hicieron eso y muchas cosas más que para esta sensible gerente parecen no tener importancia alguna, ya que la cultura se gestiona, al parecer, como un supermercado, al peso, al precio, sin que importe el talento, el prestigio de la propia ciudad y el de las personas que se han ocupado de darle lustre y cierto nivel. A la gerente podrá gustarle más o menos la OSIGI, pero no es de recibo que maltrate, desprecie y salpique de pringue a quienes le dieron forma. De nuevo se evidencia que destruir es más fácil que construir y que da más nivel contratar a Arévalo y Bertín Osborne. En todo caso, para mí y bastantes otros está claro que Pachi Poncela es un lujo con talento, dos ingredientes de los que no anda nada sobrado este Ayuntamiento especializado en demoliciones.

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Sordos

Gobernados como estamos por gentes cuya seña de identidad es destruir lo que otros habían construido, no extraña demasiado leer que el teatro Jovellanos vaya a prescindir de la Orquesta Sinfónica de Gijón. El concepto de la cultura autóctona que predican nuestros gobernantes foristas sólo engloba, al parecer, a la gaita, el tambor, la tonada, la madreña y la castañuela, todas ellas excelentes expresiones musicales. Por lo que se ve, no se consideran igual de autóctonos los directores de orquesta, los violinistas, los clarinetistas o los solistas de cualquier instrumento nacidos en Gijón. Y no se considera rentable que una ciudad que aspira a tener sus propias señas de identidad culturales se permita el lujo de prescindir de una orquesta propia que, dicho sea de paso, tiene un alto nivel de calidad a juicio de solistas internacionales que han actuado con ella y de quienes la han escuchado. No es rentable una orquesta, claro, a dónde va a parar, pero bien que se nos llena la boca hablando de los ímprobos esfuerzos públicos en la promoción de la cultura. ¿TauroMotor en la plaza de toros, con go-gos que enseñan el culo, simpáticos de chigre y bomberos-toreros es la gran apuesta cultural del verano? No es rentable tampoco una biblioteca, una banda de música, un dispensario, una guardería, un festival de cine, o una banda de gaiteros. La “derecha de pérgola y club de tenis”, según redonda expresión de Juan Marsé, que tanto disfruta luciendo sus galas en la ópera de Oviedo, no tiene empacho en prescindir de una orquesta sinfónica parida y criada en esta ciudad llamada Gijón, con músicos de altísimo nivel, y currículo impecable. Y puestos a comparar, no sé lo rentables que son, por ejemplo, las corridas de toros, ni siento por ellas la mínima simpatía, pero me parecería una falta de tacto que el ilustrísimo Ayuntamiento se cargase la Feria taurina de Begoña o, como en Barcelona, se prohibieran los toros. O ¿qué rentabilidad tiene cortar el tráfico para ver procesiones de Semana Santa? Que las hagan en las Mestas. Menudo escándalo se armaría en esta ciudad, por el amor de Dios. Si se desguaza una orquesta no pasa nada, serán todos del PSOE: vagos, rojos y vividores. Este Ayuntamiento sólo oye y habla en FAC mayor, es el único tono que escucha, emitido a golpes de silbato desde su cuartel general. No hay peor sordo que el que no quiere oír.