Comisaría

Mira que se tardó tiempo en llamar delincuente a Bárcenas y en dejar de pagarle 20.000 pavos al mes en forma diferida/simulada/pactada. Mira que tardaron años en juzgar al torero Ortega por conducir como una cuba y matar a un tipo. Mira que don Iñaki sigue por la calle o veraneando en el yate de unos amigos a pesar de que sus chorizadas y empalmes son de dominio público. Mira todas estas cosas y luego observa como el maquinista del tren negro de Galicia ya está juzgado y condenado sobre la marcha. Mucho pedir mesura, prudencia, no adelantar juicios y todo lo demás, pero el ministro del Interior montó una rueda de prensa en una comisaría para anunciar la detención del ferroviario cual si se tratase de una hazaña policial digna de Sherlock Holmes. Yo pensé que las comisarías eran escenarios apropiados para explicar la desarticulación de un comando terrorista o el decomiso de un alijo de drogas, pero resulta que para un gobierno plagado de ultraderechistas de la vieja escuela lo mejor es convertir cualquier problema social en un problema de orden público y cerrar así, con mano dura y guardias de por medio, cualquier tipo de debate, explicación técnica sobre las razones del accidente o asunción de responsabilidades políticas. La famosa “marca España” sigue, por desgracia, en manos de una Administración chusquera, oscurantista, maniquea, farisaica y empeñada en tratar a los ciudadanos como si fuésemos un atajo de idiotas que se conforman con una misa de alto standing en la catedral compostelana (¿y si había víctimas protestantes, musulmanas o budistas?) y se entretienen royendo la casquería informativa servida durante todos estos días. Finalmente, todo se resume en un plano medio del ministro Díaz proclamando con énfasis, como aquel comisario corrupto de “Casablanca”, que se ha detenido a los sospechosos habituales. Los amos de Adif y Renfe, el Ministerio de Fomento y todos los demás responsables de que las redes ferroviarias sean seguras y modernas se volverán a ir de rositas, sin dar explicaciones, porque el asunto se ha zanjado en una comisaría y en defensa de la gente de bien.     Como toda la vida.

Cuestionario

¿Por qué es tan importante la reducción de déficit público si nuestro déficit privado es ya insondable? ¿No merecemos un rescate quienes realmente estamos con el agua al cuello o los rescates son para quienes ya están salvados? ¿Por qué lo que se decide para la economía general no sirve de nada en la particular? ¿Se puede salvar a un pueblo a costa de sacrificar a todos sus habitantes? ¿Por qué se gastan millones de euros para pedirnos que votemos si nuestra opinión no sirve para nada durante los cuatro años siguientes? ¿Por qué esta gente que se llama a si misma “gente de orden” no hace más que provocar el caos en las vidas de tantas personas? ¿Por qué quienes dicen hablar en nombre de Dios provocan la blasfemia en tanta gente con su forma de actuar? ¿Por qué se nos asegura que todos estos inacabables recortes garantizan el futuro y, sin embargo, nadie es capaz de garantizarnos el presente? ¿Por qué nadie llama ultraderechistas a Gallardón, Mayor Oreja o Esperanza Aguirre cuando es lo que son? ¿Por qué se desahucia de su piso a un moroso en paro y no se juzga por desacato al obispo que se niega a cumplir una sentencia y readmitir a una profesora de religión que se casó por lo civil? ¿Y por qué es noticia que un obispo anuncie que donará parte de su sueldo y ha dejado de serlo que la Iglesia no pague el IBI como el resto de los mortales? ¿Por qué un presidente mentiroso no es inhabilitado a perpetuidad y Garzón se ha tenido que ir de España por hacer su trabajo? ¿Por qué se presume de una democracia “madura y participativa” y se temen, se reprimen o se ignoran las manifestaciones ciudadanas? ¿Cuánto tiempo podremos soportar que nadie nos conteste a tantas preguntas? ¿Cuánto tiempo habrá gente que siga viviendo gracias a la buena educación ajena?
El candidato que merezca mi voto deberá responder a este cuestionario sin creerme un débil mental. Muchas gracias.

Programación

Como afirmó Woody Allen hace décadas en uno de sus raptos de optimismo cósmico, “en Beverly Hills no tiran la basura, la convierten en televisión”.  Uno cree que en España estamos ya maduros para plantearnos este punto de la cuestión mediática. Producimos una realidad-basura que crece de manera exponencial y cuyo único destino digno es la televisión. Aquí dejo algunas propuestas de programas basados en la vida real por si algún magnate de telecomunicación quiere aprovecharlas. Pagando, claro.

“Españoles en el paro”. Secuela de “españoles en el mundo”, “asturianos en el mundo”, “murcianos en el mundo”, o “lagarteranas en el mundo”. El reality contaría son casi 5 millones de personajes que trabajarían gratis para que no les quiten el subsidio (si lo tienen). El share sería altísimo si tenemos en cuenta la gran cantidad de público potencial que, entre protagonistas directos y familias completas, querrían verse en la tele.

“Un país en los cajeros”. Revisión de la saga labordetiana “un país en la mochila” en la que se recorren los cajeros automáticos en los que pasan la noche miles de nacionales y foráneos. Se enseñarán trucos para aprovechar los embalajes de neveras y como evitar ataques neonazis.

“Sálvame”. Una tarde con los menesterosos en las colas de los roperos de Cáritas, los comedores parroquiales y las asociaciones de caridad. Mandando un sms con la frase “Es triste pedir” los telespectadores entrarán en el sorteo de un abono semanal en la Cocina Económica.

“Sálvame de Luxe”. Una tarde en una reunión del Consejo de Ministros viendo cómo el Gobierno exonera a banqueros corruptos y políticos trincones de cualquier responsabilidad en sus robos y tropelías. La serie se abre con un especial Bankia en el que Jorge Javier y Belén Esteban entrevistan a Rodrigo Rato.

“Salvados”. Intereconomía emite este coloquio moderado por Francisco Camps en el que toman parte cacos de todas las procedencias y filiaciones a quien no hubo manera de meterles mano aunque se lo llevaron crudo.

“La mierda en casa”. Versión  gamberra de la popular teletienda en la que se pondrán a la venta a precios de saldo programas políticos incumplidos de manera contumaz. Esta semana, gran oferta en “Digodiegos de don Mariano”, una golosina con cierto olor a podrido.

“Gran Germano”. Pasamos 24 horas al día en el interior la Comisión Europea bajo el ojo escrutador e implacable de Alemania que impide a los comisarios hacer manitas con el déficit o comerle la oreja a la prima de riesgo. Dirige y presenta Ángela Merkel.

“Callejeros, peseteros y viajeros”. Acompañamos a Suiza y la islas Caimán a un grupo de “desinversores” que ponen su dinero a buen recaudo de la Hacienda española.