Certezas

Echando cuentas estos días, he llegado a la conclusión de que la crisis no existe. Si nos fijamos bien en lo que nos han contado de ella, llegaremos a la conclusión de que no le ha dado tiempo a existir. No ha existido nunca. Si nos atenemos a la cronología del monstruo que fijaron los dos últimos gobiernos de España, la crisis ha sido un espejismo. Zapatero negó la llegada de la crisis cuando ella ya había entrado hasta la cocina. Rajoy ya anuncia su salida de nuestras vidas aunque aún la tenemos durmiendo a pierna suelta en el sofá de nuestro salón. A pesar de nuestras certezas sobre lo que pasa en realidad, los gobiernos echan mano de la conocida frase de Groucho Marx con la que trataba de ahuyentar la desconfianza ajena: “¿A quién va a creer usted? ¿A mí, o a sus propios ojos?”, decía el actor. ¿A quién va a creer usted, a su nómina o a Cristobal Montoro?, dicen los viernes tras un consejo de ministros lleno de plumas de caballo. El marxismo de Zapatero era de esta misma solidez argumental, lo cual quiere decir que Rajoy también es marxista ya que utiliza el mismo argumentario que su predecesor. Todo se contagia. Pues eso, que lo que ustedes y yo pensemos sobre la crisis no tiene ninguna importancia si lo comparamos con lo que dicen Rajoy y compañía. Total, nada: imaginaciones nuestras sin ningún fundamento real. Como dijo el poeta, “ayer se fue, mañana no ha llegado”. En medio de este intervalo estamos nosotros, enganchados a los falsos profetas de la Moncloa y echando de comer ensalada de brotes verdes a esta crisis insaciable que nunca existió.

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Fuegos

De los antiguos fuegos de la industria apenas quedan ya rescoldos en nuestra economía, y lo que antes era el fabril y humeante Gijón apenas es ahora una ciudad febril y anémica. El carbón asturiano dejará de atizar los fuegos de hornos y calderas porque dicen en Bruselas que ese fuego sale caro muy caro y que lo que hay que pagar con los presupuestos comunitarios son los sueldos de los eurodiputados. Del útero de la Camocha ya no salen vagonetas. La mina va bajo el mar, al parecer, pero ahogada por quienes se empeñaron en degollar su pasado minero y obrero sin que ninguna administración haya querido tomarse la molestia de pensar para ella otro futuro distinto. El tiempo ha sofocado los fuegos del ardor político de aquella región dinamitera y revolucionaria que apenas alumbra lo que una cerilla de nada en el panorama nacional. El ardor guerrero de ir a Madrid a exigir y reclamar trenes y carreteras para Asturias, se ha extinguido entre las manos de unos incombustibles profesionales del escaño que orinan cada día sobre las ascuas de lo que fueron calores reformistas o revolucionarios. Nos han robado el fuego, pero no han sido los dioses sino los mediocres. Nos han robado el fuego estadistas de mesa camilla, chigre y rebotica, cuadrillas de “tenores, payasos o jabalíes” (fin de la cita) cuyas ideas son pólvora en salvas. De todo esos esos fuegos queda una noche de los fuegos, media hora de fantasía pirotécnica para olvidar una apagada realidad. Menos es nada. Y luego, tras los fuegos, iremos bajando la cuesta para ver de nuevo que, como escribió el maestro, se acaba la fiesta.

Copas

El Banco de España sugiere que el salario mínimo se convierta en salario ínfimo. De paso, la Comunidad de Madrid propone oficializar la economía sumergida y contrata a parados a precio de saldo para que no se crean que esto es Jauja. El paro juvenil se acerca al 60%, se prepara un recorte a las pensiones, la estafa de las preferentes tiene más caspa que los sablazos que perpetraba el vecino del ático del 13 Rue del Percebe, y Aznar asoma de nuevo la patita dispuesto a salvarnos. Este aperitivo de titulares se adereza desde Bruselas con la soberbia cotidiana de los prepotentes comisarios europeos, unos tipos que ganan sueldos astronómicos nunca sometidos a recortes y que cada vez que abren la boca elevan el precio del pan y dan ganas de protagonizar un motín de los de antes. Todas estas cosas se van sabiendo a la vez que crece la montaña de estiércol que acumulan los casos Gurtel y Noos, los viajes a Disneylandia de la ministra que tenía un Jaguar en el garaje y no lo sabía, tomaduras de pelo como la de alcalde de Cudillero que no se había presentado a las elecciones, y el anuncio del gobiernín que una rebaja de impuestos a las empresas del juego de Asturias que son, como se sabe, la espina dorsal de la economía asturiana. También hemos sabido que los cubalibres de la Junta General del Principado y las Cortes Generales están subvencionados con una generosidad que para sí quisieran los investigadores del genoma humano. No basta que un diputado tenga un sueldo medio de más de 60.000 euros anuales, ayudas a la vivienda, kilometrajes, dietas y otras prebendas. Además, verá calmada su sed a precio de saldo. El desinterés y el rechazo de los ciudadanos por las instituciones políticas puede encontrar su remedio en el bar. Las próximas jornadas de puertas abiertas en los diferentes parlamentos serán muy concurridas. Nadie irá a ver el hemiciclo ni la silla en la que se sienta el presidente. Nos veremos todos en el bar tomando el vermú a precio de saldo porque eso será lo único que podrá hacer por nosotros nuestra democracia que, desprovista de todos sus viejos valores, no tiene más remedio que irse de copas con los ciudadanos. A buen precio, eso sí.

Respuestas

Han dicho Rouco y sus hermanos (los obispos) que la crisis se debe a que hemos olvidado a Dios. Es una forma de verlo. De hecho en los tiempos de Job y de los brujos, de los chamanes y los hechiceros, las malas cosechas se atribuían a la furia del Altísimo y así nadie la emprendía a ladrillazos con el hombre del tiempo ni pedía al Gobierno la declaración de zona catastrófica. Ya se sabe que Dios es misericordioso pero a tiempo parcial y que es la Iglesia quien le indica cuando debe serlo. Lo que Rouco quiere decir en realidad es que cuando la gente aborta y se divorcia más de la cuenta sube la prima de riesgo y el paro, aunque lo que debería decir es que cuando los banqueros de misa y comunión diaria, algunos de ellos opus deístas de pro, creen que la gente son insectos y merecedores de ser pisados, atracados, humillados y ofendidos, son ellos los que se olvidan del presunto dios en el que creen y pasan a bailar la conga junto al becerro de oro. Pero, claro, la Conferencia Episcopal no les va a enmendar la plana a gentes tan principales como sus eminencias diciéndoles que la crisis la producen cuando olvidan a Dios los banqueros presuntamente católicos que roban a destajo, o los políticos defensores de la familia y manifestantes contra el aborto que, eso sí, encubren a chorizos de tomo y lomo. Es una pena que la Iglesia siga dando respuestas del siglo X para preguntas del siglo XXI y tratando a los poderosos del siglo XXI con la misma manga ancha que en el siglo X. Ahora solo falta que Rouco nos explique por qué el verano no acaba de llegar. Posiblemente dirá que Dios quiere evitar así tanto top less fuera de temporada, que Jesucristo se dejó abierta la nevera, que los angelitos mueven las alas con demasiada fuerza o que el infierno es, en realidad, un concesionario de Pescanova. Como dijo aquel llegará el día en que la Iglesia sólo tendrá respuestas para preguntas que ya nadie se hace.

Maruja y Juanluisito

Fue muy divulgada la sentencia emitida hace unos meses por Juanluisito Cebrián, patriarca del periodismo hispano, según la cual un periodista de más de 50 años ya no era apto para el servicio activo. Poco después liquidó a 129 trabajadores de El País. Pero como Juanluisito es un sabio y de sabios es rectificar, se conoce que cambió de opinión y convino consigo mismo y sus monaguillos pedirle a Maruja Torres, de 70 años cumplidos, que dejase de opinar en sus columnas y se dedicase a hacer reportajes como cuando tenía treinta años menos. Esto es como cuando las guerras se prolongan demasiado y se empieza a llamar al frente a los ancianos y a los niños. Para que Maruja Torres dejase de incomodar con su discurso libre y bien escrito, la disculpa buscada por la empresa fue la de todas: eso de que las cosas están muy mal y que hay que apretarse el cinturón, arrimar el hombro y tal y cual. Maruja, sabedora de que Torres más altas cayeron en esta profesión y de que la oferta era una añagaza de las peor especie para obligarla a dimitir, fízole al emisario de Juanluisito una peineta dialéctica y mandóle a la mierda, lugar de donde nunca debieron de salir estos batracios que croan en las últimas charcas del periodismo.

Así que El País se queda sin una de sus periodistas más brillantes, incisivas y humanas que cobraría en razón a su prestigio y capacidad de atraer lectores. Al cambio, el periódico se libera de una roja peligrosa y mantiene el privilegio de seguir contando con un sagaz gestor de personas y empresas que nunca dio una noticia que se precie, ni fue reportero de guerra, ni fue a una rueda de prensa, ni nada de nada, pero tuvo un padre del Movimiento, ingresó en la Academia de la Lengua, en el Club de las Almendritas Saladas (Trapiello dixit) y es amigo de los señores Audi y Armani, como bien escribió Maruja Torres. Ese currículo de Juanluisito y sus palmeros es lo que le queda al periódico para ir tirando y seguir convirtiéndose en uno más, corriente y moliente. Y maloliente. Luego se reunirán todos los listillos en un foro con mesas floreadas de botellas de agua mineral de marca y cuencos de almendritas saladas patrocinadas por algún banco, a debatir sobre el futuro de la prensa escrita y decir que lo tiene todo controlado. Maruja y Juanluisito son dos modelos de periodismo. Elijan ustedes.

Al concejal

Apreciado concejal Martínez Argüelles.

He leído sus disculpas tras destaparse por enésima vez el asunto de las dietas que cobró como consejero en Liberbank y lamento decirle que no me valen, que me ofenden. Justificar un sobresueldo de más de 80.000 euros esgrimiendo una razón tan feble como que usted ha pagado a Hacienda y hecho donativos a su partido con lo que sobró, no me vale. Los demás humanos asalariados (los pocos que quedamos y ganando mucho menos que usted) pagamos también a Hacienda, faltaría más, y hacemos donativos a algunas causas más o menos nobles porque, entre otras cosas, desgravan. No tiene mérito alguno ni justifica nada ser mejor tipo que Bárcenas.

No me vale, ni me gusta, ni me parece edificante que con lo que está pasando en la vida real de la gente el portavoz del partido más votado en Gijón y que afirma aspirar de nuevo al gobierno, dedique alguna hora de su tiempo a sentarse en el consejo de administración de un banco. Me da igual el banco que sea. No es su tarea. Si Gijón tiene que estar representada en esa entidad, mande allí a un técnico, si es posible saque del paro a un buen economista, a alguien que no tenga que dar la cara ante el electorado y que, de paso, tenga mucho más tiempo para desmenuzar los entresijos de la vida bancaria. O se es concejal o se es banquero, no hay más remedio que elegir. Y no creo que usted sea un pesetero, pero sí me parece que vive en un mundo muy alejado de la realidad, subido aún en la cátedra y sin haber bajado a la calle ni para hacer campaña electoral. De aquellos polvos vienen estos lodos. Además no es ético, ni estético, ni mediopensionista que estas retribuciones hayan tenido que salir a la luz con fórceps. Si tan orgulloso está usted de ser consejero bancario y cree que no hay nada de lo que avergonzarse, salte el primero al ruedo y diga lo que hay con pelos y señales.

“Bolsillos de cristal”, dijo el presidente Fernández que sería la norma de comportamiento del PSOE. El cristal se empaña a veces y parece que cuesta sacarle brillo para que todos veamos lo que hay dentro. Con gran disgusto opino que usted y su partido tienen un grave problema de comunicación y de imagen que, por supuesto, les aleja cada vez más de ese sector de gente que desayuna con escepticismo y cena con la idea de que la abstención es el mejor voto posible. Usted y su partido en Gijón tienen que hacer una seria reflexión de fondo y precipitar una crisis voluntaria antes de que la crisis obligada les precipite a ustedes en el abismo. Lo más decepcionante es que, como dijo aquel, a estas alturas ya no sabemos quiénes son de los nuestros, ni siquiera si nosotros mismos lo somos.

Quedo a su disposición

Sabios

Ya tenemos de todo los asturianos para empezar 2013. Para tragar con las uvas de Nochevieja, el gobierno del Principado nos ha regalado un comité de sabios. Qué detalle. Pedimos trabajo y nos regalan sabios. Si tenemos en cuenta que en Asturias hacemos un museo de cera y chatarra con cada sector económico que desaparece (véanse el museo de la minería, de la siderurgia, del ferrocarril…), uno se malicia que el comité de sabios este viene a ser un museo a la inteligencia y el sentido común desaparecidos hace tiempo de nuestras instancias de gobierno, mande quien mande. Tal parece que a más idiotas en los cargos públicos, más sabios necesitan en papeles secundarios para hacer el coro, para solemnizar y/o disfrazar la estupidez; es ley de vida: dime de lo que presumes y te diré de lo que careces. Groucho Marx explicó hace más de medio siglo que algunas cosas son tan simples de resolver que podrían ser arregladas por un niño de siete años. “¡Qué me traigan un niño de siete años!”, pedía Groucho a renglón seguido. En Asturias, a falta de un niño de siete años que esté dispuesto a dejar de jugar con la Playstation para gobernar un rato, han pedido que nos traigan un comité de sabios que, al parecer, darán unas fenomenales clases particulares al presidente Fernández (conocido en algunos círculos como “funerales Fernández” a causa de su animosa pose y dicharachero discurso) y a sus consejeros que, según se deduce, o andan un poco flojos de sabiduría o jamás fueron bendecidos con tan apreciada virtud.

No es por presumir, pero hasta un imbécil (yo mismo) sabe lo que está pasando en el mundo y qué sería necesario hacer para librarnos de tanto especulador, gobernante mediocre, sindicalista sin escrúpulos, empresario trincón, charlatán de feria, defraudador feroz y otras perlas. Hasta un bobo anónimo sabe a estas alturas qué es necesario cortar por lo sano para que la maleza no se nos coma a todos. Por eso el gobiernín astur debería escuchar con más atención y aplicación las cosas que dice a diario la llamada sabiduría popular, el saber de las gentes comunes expresado en las muchas protestas de las calles, las redes sociales, el cabreo sordo de las filas del paro, o las charlas de café. Pero no, para hacerse fotos molan más los sabios que los manifestantes. Por ejemplo, el Gobierno despidió por sorpresa el día de Nochevieja a otros 11 periodistas de la RTPA. ¿Esto se lo recomendaron sus sabios, o fue producto de la propia necedad? Como escribió el sabio Lázaro Carreter “abundan los bobos cuyo desarrollo ha sido entorpecido por los libros, pero sin debilitarlo mucho”. Pues eso.

Desahuciado

Todavía conservo mi casa, pero me siento desahuciado de mis principios. Los he colocado voluntariamente a la puerta de mi casa, como en un rastro, y los voy malvendiendo por lo que me den, para que no me quiten la madriguera. Desahuciarlo a uno de sus principios es una fabulosa y contundente manera de hacer que uno se sienta débil y al albur de la corriente, amedrentado y dispuesto a hacer lo que sea con tal de salvar los muebles. Viene esto a cuento de anunciarles que mañana no me pondré en huelga. No lo haré porque me sale muy caro y, añado que,  puesto a elegir entre tener en números rojos mi cuenta corriente o mi conciencia, me avengo a lo segundo. Uno se siente desahuciado de sus principios cuando tiene que tomar decisiones de este calibre. Y uno odia entonces de manera especial su pactismo personal constante, su temor reverencial a sacar los pies del tiesto, el miedo que guarda la viña y la nómina y que, finalmente, servirá de muy poco porque ya todos somos pasto de los bancos y de la reforma laboral. El “carpe diem” (vive el momento) que alentó las más bellas revoluciones y utopías, se ha dado ahora la vuelta de manera grosera para convertirse en un “carpe diem” conservador, amarreta y tacaño que nos susurra al oído de los cobardes: “agárrate a lo que puedas para sobrevivir un día más. Mañana ya encontrarás otro resto de algún naufragio para flotar otro rato”. Los desahucios de los bancos se llevan por delante vidas y casas, sueños, proyectos y familias, pero también han abierto la puerta a la expropiación salvaje de los pocos principios, ilusiones o convicciones que uno pensaba conservar aún a estas alturas. El miedo ha ganado más enteros que la prima de riesgo y uno entrega su alma y sus utopías en una suerte de dación en pago que le convierte en un ser humano gris, confundido en el hormiguero conservador que recela de las cigarras bocazas y poco previsoras. Si por lo menos uno pudiera vender el alma al diablo por un buen precio tendría sobre su cabeza el halo romántico de un héroe. Vender el alma al diablo es mejor que sentirse desahuciado de su propia forma de ver la vida por unos tipos a los que no conoce de nada y a quienes la traición a sus principios (si alguna vez los tuvieron) ha salido mucho más rentable que a un servidor, traidor a la causa por treinta monedas de chocolate. Y cuando después de confesar estas cosas una vuelve a mirar en su interior ve que conserva la casa, pero cada vez es menos acogedora.

Véndovos España

He leído que el Rey y Rajoy están vendiendo la “marca España” en Nueva York. Tiene mérito ese viaje comercial porque si España es un país de marca será, como mucho, de marca blanca de supermercado, un país genérico, uno de tantos, como los medicamentos de garrafón. Antes, cuando aún vivíamos por encima de nuestras posibilidades, nos gustaban las cosas de marca, éramos como los nuevos ricos. Por querer, queríamos hasta un país de marca que mostrábamos por ahí como se muestra un Rolex de marca mientras se conduce un todoterreno de marca camino del chalé con piscina y mucama filipina. La marca España era un producto muy solicitado que ofrecía al mercado nacional e internacional todas las tallas posibles de especuladores urbanísticos, un muestrario infinito de solares y secarrales donde construir adosados o aeropuertos, así como todos los modelos y colores de chorizos con varios largos de manga por talla, con cuello duro, pelo de la dehesa o título nobiliario. Entonces sí que se vendía la marca España, había existencias para dar y tomar, nos quitaban España de las manos. Pero a fecha de hoy, en el mercadillo neoyorquino al que acuden estos días don Juan Carlos y don Mariano, España se vende como una patria de todo a cien, saldada por una monarquía en estado de putrefacción, una derecha bancaria y política engallada y faltosa, una izquierda paticorta y atrincherada y unos nacionalistas cejijuntos que han elevado la boina a la categoría de programa electoral. Igual es que el Rey y el presidente del Gobierno no se quieren enterar de que no es lo mismo la marca de un país que un país lleno de marcas, de rayazos, de golpes y de mataduras. Uno recuerda ahora cuando el Sporting vendió Mareo y hasta la propia “marca Sporting” (casualmente) cuando ya no quedaba nada que vender. Los dueños de este solar han ido a New York al grito de “véndovos España”, como el Sporting gritó “véndovos Mareo”. A ver quién nos compra sin mirar nuestra marca ni nuestras marcas. Siempre nos queda la opción de decir que somos un país de raza, aunque tampoco sabemos de qué raza.

Cuestionario

¿Por qué es tan importante la reducción de déficit público si nuestro déficit privado es ya insondable? ¿No merecemos un rescate quienes realmente estamos con el agua al cuello o los rescates son para quienes ya están salvados? ¿Por qué lo que se decide para la economía general no sirve de nada en la particular? ¿Se puede salvar a un pueblo a costa de sacrificar a todos sus habitantes? ¿Por qué se gastan millones de euros para pedirnos que votemos si nuestra opinión no sirve para nada durante los cuatro años siguientes? ¿Por qué esta gente que se llama a si misma “gente de orden” no hace más que provocar el caos en las vidas de tantas personas? ¿Por qué quienes dicen hablar en nombre de Dios provocan la blasfemia en tanta gente con su forma de actuar? ¿Por qué se nos asegura que todos estos inacabables recortes garantizan el futuro y, sin embargo, nadie es capaz de garantizarnos el presente? ¿Por qué nadie llama ultraderechistas a Gallardón, Mayor Oreja o Esperanza Aguirre cuando es lo que son? ¿Por qué se desahucia de su piso a un moroso en paro y no se juzga por desacato al obispo que se niega a cumplir una sentencia y readmitir a una profesora de religión que se casó por lo civil? ¿Y por qué es noticia que un obispo anuncie que donará parte de su sueldo y ha dejado de serlo que la Iglesia no pague el IBI como el resto de los mortales? ¿Por qué un presidente mentiroso no es inhabilitado a perpetuidad y Garzón se ha tenido que ir de España por hacer su trabajo? ¿Por qué se presume de una democracia “madura y participativa” y se temen, se reprimen o se ignoran las manifestaciones ciudadanas? ¿Cuánto tiempo podremos soportar que nadie nos conteste a tantas preguntas? ¿Cuánto tiempo habrá gente que siga viviendo gracias a la buena educación ajena?
El candidato que merezca mi voto deberá responder a este cuestionario sin creerme un débil mental. Muchas gracias.