Psoenstein

Los socialistas de Gijón celebran congreso este fin de semana, justo entre los Santos y los Difuntos. Muy apropiado para transitar entre el error y el horror. Entre calaveras de camposanto y calabazas del cursi Halloween, los socialistas deberán determinar quien se hace cargo de este buque fantasma suyo que lleva un año escorado y a la deriva en medio de la tormenta perfecta que forman el estupor propio y la incompetencia ajena. Santi 2011 y Garmón 2012 se disputan (por decirlo de alguna manera) los presuntos y agostados entusiasmos de un par de centenares largos de incondicionales que dedican las fiestas de guardar a honrar a sus antepasados del PSOE y a tratar de evitar que el partido de sus amores y desvelos se convierta en un cementerio de sepulcros blanqueados al que ya no se pueda acudir a otra cosa que no sea poner flores sobre las lápidas labradas con un rotundo “aquí yace el socialismo”. Garmón, el abogado debutante y Santi, el bancario diletante, ofrecen a sus compañeros de filas lo mismo que los niños que van de puerta en puerta en Hallowen : trato o truco o, lo que es lo mismo, el voto o mi cabreo eterno. Al cambio, nada. Esta falta de sustancia de ambas propuestas debe ser la razón por la que un nutrido y selecto grupo de militantes socialistas de Gijón están propugnando el voto en blanco en la asamblea del fin de semana, fiesta de Halloween en la que Santi quiere ir de santo ante un Garmon que lo da por difunto, y vicerversa. Los del voto en blanco no quieren un PSOE lleno de fantasmas, ni de cadáveres, ni que les de calabazas cuando pintan bastos en la partida electoral, plagada de tahúres de izquierdas y ventajistas de derechas que juegan sin rubor con las cartas marcadas. Eso es lo mismo que piden muchos ex votantes socialistas, hartos de dinastías hereditarias, componendas y apaños al estilo “Uno de los nuestros”. Que el mayor útero del PSOE asturiano alumbre un aborto de secretario general en medio de clamor de docenas de votos en blanco, sería un horror para la izquierda gijonesa, un Psoenstein de meter miedo. Eviten ese horror/error, señores candidatos. Gracias.

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PSOE

Al PSOE de Gijón la ha salido un grano antes de tiempo. Es lo que le pasa a la piel de los cuerpos humanos y de los cuerpos políticos cuando no se rasca de vez en cuando para renovar las células viejas o muertas. El PSOE de Gijón llevaba navegando 30 años con el piloto automático puesto, sin hacerse un buen “peeling”, ganando los partidos sin bajarse del autobús, pero sin resolver uno de sus problemas de fondo más importantes: la renovación generacional y la búsqueda de una veta de candidatos con futuro, con sustancia. Mientras, iban tirando del fondo de armario con mucho éxito. Tini Areces asumió el papel de locomotora electoral durante 12 años y Paz Felgueroso lo hizo durante otros tantos, los cuatro últimos sin demasiadas ganas, cubriendo más huecos de los que le correspondía y dando la cara por ella misma y por todos sus compañeros, algunos de ellos unos verdaderos atechados bajo el manto de la compasiva regidora. Mientras esto sucedía, nadie en el PSOE se molestó en buscar sangre nueva, caras nuevas, discursos rompedores y gente con ganas porque se pensó que Gijón era Jauja. La cantinela asumida de que se ganarían las elecciones en cualquier caso y sin apenas hacer campaña, se tomó por costumbre hasta que pasó lo que pasó. Y tantas veces fue el cántaro a la fuente, tantas veces se contaron a sí mismos los socialistas el cuento de la lechera, que alguna vez tenía que romper el recipiente. Monseñor Sariego, amante y muñidor de la liturgia del pacto silencioso a base de paquetes de Ducados y horas de teléfono móvil, está viendo como se le descose el muñeco antes de tiempo. Él quería un congreso local por lo suave, sin estridencias, sin prensa canallesca revolviendo, con una sucesión casi monárquica, pero un señor llamado Garmón a quien no tengo el gusto de conocer, ha sacado las patas del tiesto antes de lo previsto para expresar cierto hartazgo larvado en la militancia y ganas de que se enfrente el futuro de una manera distinta. El PSOE de Gijón tiene mucho trabajo pendiente y una necesidad de renovación seria que lleva aplazada durante décadas. Santi 2011, buen profesor y mejor persona, no dio la talla electoral en tiempos de crisis para los del puño y la rosa. Arrastrado por su propia rigidez intelectual y por un partido que aún no ha salido de la perplejidad de ser el derrotado a pesar de ganar, Martínez Argüelles no parece el mejor recambio porque va a seguir sonando a apaño de los de siempre y a más de lo mismo. Garmón levantó la liebre y la carrera ha empezado en una dirección que no debería ser la de siempre. Bien estará si termina bien.