Viral

El concepto de la viralidad es una de las neo-gilipolleces que se ha instalado en nuestras costumbres, un neologismo producido por las redes sociales que obsesiona a los comunicadores porque conseguir un producto viral es, o puede ser, sinónimo de dinero, fama y proyección al estrellato. La viralidad es conseguir decir algo que se repita como la morcilla hasta la eternidad. Uno ha triunfado si dice algo que es viral, que corre como la pólvora y está en boca de todo el mundo. No importa si lo que ha dicho, escrito, fotografiado o sentenciado es bueno o malo, si ese mensaje tan rebotado tiene algo de talento o no, si es la frase de oro de un sabio o el rebuzno ilustrado a todo color de uno de los analfabetos integrales que colapsan todos los medios de comunicación. Lo que importa es que el mensaje sea repetido cuanto más, mejor. Ser viral es en realidad ser un pelmazo, ni más ni menos. De toda la vida, la gente cambió de acera cuando veía aproximarse a un sablista o a un pelmazo, sujetos ambos poco recomendables porque te robaban el dinero o el tiempo. Ahora, encontrarse con el mismo mensaje repetido hasta la saciedad, rebotado por unos y otros a todas horas, es elogiado y tiene premio porque, sencillamente, es viral. Sí se encontraba solo, quería hablar de toros o de fútbol o quejarse de lo mal que iba todo, el personal iba antes a contar su vida al barbero, a la peluquería de señoras, al bar de la esquina, o mataba sus fantasmas interiores hablando solo por la calle. Pero la modernidad y la soledad, ambas muy virales, nos han convencido de que lo mejor es hacer de la necesidad un Facebook y colocar allí mensajes, fotos de gatitos, platos combinados, frases enjundiosas, atardeceres, manos y pies, ojos, espaldas, hijos y amantes, neurastenias, cabreos, cumpleaños, bodas y bautizos, y esperar a ver quién es el más listo, el más agudo o el más chusco para conseguir alzarse con el aprobado general de la mayoría y ser viral de dos a tres, trending topic por la tarde y aclamado por el resto de los náufragos. Ya no basta con que una sola persona te pase la mano por el hombro y te invite a una cerveza para que dejes de sentirte solo. Ahora, si usted no es viral está perdido.

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Obama

Hubo una vez en la que el presidente de Estados Unidos tenía las ideas tan claras y las manos tan limpias y blancas, que todos quisimos ser negros. Obama era el ideal de la democracia capitalista que se llevó a la cabaña del tío Tom a toda suerte de desheredados de la pasión política, incluyendo a socialistas zapateristas que pensaron seriamente en obligar a José Luis a tomar rayos uva para oscurecer su lechosa piel, y hacer así más redonda la famosa alineación planetaria de líderes que vaticinó la caucásica Leire Pajín. Obama se presentó como el modelo de la honradez, la utopía y la transparencia, pero los años nos han mostrado que la única transparencia que buscaba el señor presidente era la de nuestras cuentas de Facebook, Twitter y correo electrónico, conocer nuestros más ocultos pensamientos, palabras, obras y omisiones. Para que luego hablen de los que se bajan películas por la cara. Obama lo hace todo por patriotismo, claro que sí, pero resulta que en este país nos echamos a temblar cada vez que alguien empieza a presumir de patriota. Ahora ya no hace falta que unos tipos con petos del FBI llamen a tu puerta a las cinco de la mañana para llevarte en pijama al cuarto oscuro; entran por el ancho de banda como si fuera el rancho en el que marcan el ganado cada año. Ya me parecía a mí que detrás de tanta bondad, tanto compromiso y tanto buen rollo institucional con banda sonora de espirituales negros, acabaríamos por descubrir tomates en el calcetín y caspa escondida. Lo único que cualquier poder tiene interés en lavar más blanco son sus propios trapos sucios, y si para eso tiene que traficar con datos en negro, robados mediante un sutil pirateo informático, da lo mismo que el gato sea blanco o negro, lo que importa es que cace ratones. Obama debería hacer algo por blanquear su oscurecida imagen porque ya no es el negro que tenía el alma blanca.