Marcos

Marcos Muñiz quiere hacerle el boca a boca por enésima vez a IU, de nuevo al borde de la muerte política merced a sus propias miserias, a sus desamores apasionados, a quienes la utilizaron de  muleta, de babero o de jubilación y a los que la dejaron usar y tirar, a los que nunca entendieron del todo el filón sociológico que tenían entre manos, a la peña que se niega a retirar la momia de Lenin del salón y a quienes preferían votar sobre seguro aunque en la barra del bar se daban golpes de pecho en defensa de la clase obrera. Marcos pudo haberse conformado con mantenerse dentro del carril marcado desde su nacimiento por el hecho de ser hijo de un mito de la izquierda asturiana. Un mito prematuro e involuntario pero cuya memoria fue perfectamente administrada por aquella izquierda apaleada de la Transición que se agarraba a un muerto ardiendo para reivindicar su papel en la historia, para sacar la cabeza y respirar en medio de toda aquella grisalla de uniformes, bigotitos fascistas y tecnócratas de misa y comunión diaria. Pero parece que Marcos Muñiz ha sobrevivido bastante bien a su propia historia, ha dejado de ser el “el fiu de Juanín” a secas y busca su propio estilo político al margen de quiénes lo mismo esperaban hacer de él una reliquia para enseñar a las visitas en los desfiles de la Plaza Roja. Marcos Muñiz opta a la reelección como coordinador de IU en Gijón en medio de una nueva operación rescate de una organización que ha vuelto a ser el escenario del enésimo duelo en “Ok corral” después tres años de hacer el ridículo en el Ayuntamiento de Gijón con un grupo municipal demasiado parecido al camarote de los hermanos Marx aunque sin gracia. Rota la cuerda, callados los tenores de opereta y desaparecidos los trapecistas, IU necesita ponerse en orden antes de que se la coman por la izquierda y por la derecha. IU inventó “Podemos” hace veinte años pero no se dio cuenta, no fue capaz de patentar la marca y desarrollar el modelo. Lo que ellos no hicieron otros lo han sabido capitalizar. Lo que le queda ahora es ser capaz de volver a las raíces para no convertirse en “No pudimos”. Marcos Muñiz, con un perfil demasiado complaciente y pactista para sus detractores, tiene a su favor un consenso amplio, un compromiso con IU que otros no pueden acreditar con su misma intensidad y un perfil político y humano que ha resistido con igual entereza la tentación de vivir a costa de ser un niño prodigio de la clase obrera y la de sucumbir a las calumnias de quienes han querido acabar con él por la vía de la difamación. Los militantes de IU tienen la palabra y Marcos Muñiz una posibilidad de demostrar que aún es posible hacer política en serio.

Brujería

Las brujas fueron personajes peculiares e incomprendidos, situados al margen de la sociedad, dotados de una capacidad poco común para relacionarse con la naturaleza, dotes de adivinación, manipulación y alcahuetería. La Celestina fue una de nuestras brujas de manual. En este grupo de iniciados en la nigromancia y las artes oscuras, de los que se sienten perseguidos sin razón, presa de una caza de brujas, quiere incluirse ahora don Ángel González, portavoz de IU en la Junta General del Principado que acaba de ser condenado a siete años de inhabilitación acusado de practicar malas artes de alquimia administrativa con la adjudicación de ciertos contratos para colocar monolitos en homenaje de las víctimas de la represión franquista. González insiste en su inocencia y se aferra al escaño como las brujas se aferraban a su escoba para salir volando si llegaba el Santo Oficio. Cada cual tiene sus amuletos de la suerte y el del portavoz de IU es el aforamiento, ese estupendo invento legal que, por arte de magia, hace que no todos seamos iguales ante la justicia. Tal vez Ángel González no pase de ser un aprendiz de brujo muy torpe y confiado o, por el contrario, sea un chamán muy sobrado al que han pillado con las manos en la masa antes de que el truco estuviera perfectamente disimulado. Tal vez don Ángel era un brujo novato cuando se hicieron aquellos discutidos contratos que se puso a celestinear porque se sintió a salvo de cualquier peligro protegido por ese manto de seguridad que da el poder. Sea lo que sea lo cierto es que su caso ha pasado por los tribunales con abogados, jueces y fiscales que han dictado una sentencia argumentada. Responder a esa condena con la cantinela de que el juez y el fiscal son oscuros representantes de la moderna Inquisición es caer en el mismo error que está dejando la Justicia española hecha unos zorros a fuerza de desacreditar a sus representantes cada vez que condenan a un político. Poner pie en pared, agarrarse al escaño y defenderse a manotazos invocando oscuras conspiraciones y hasta de la memoria de los muertos enterrados bajo los monolitos es un gran error de táctica y de estrategia. Si el diputado quiere defenderse deje su cargo, déjese de trucos y trabalenguas y dé ejemplo de actuar como un paisano que no tiene nada que ocultar. Si finalmente es exonerado, su valor cívico y político se habrá multiplicado y ganarán todos. Algunos pensamos que la izquierda era otra cosa, no un grupo más de participantes en este aquelarre cotidiano de caraduras. Lo mismo vivíamos hechizados.

Miedo

No hace falta espiar a nadie para saber lo que pasará en la actualidad asturiana. Es tan previsible, tan repetida y tan aburrida que no deja lugar a la sorpresa y al chascarrillo. La investigación sobre cualquier momia enterrada en Egipto hace cuarenta siglos deparará revelaciones mucho más apasionantes que las que dejan a diario en los periódicos los muertos vivientes que pululan por el Halloween asturiano. Empecemos por nuestro alegre presidente, Javier “funerales” Fernández. Se le rompió el pacto de tanto usarlo, como le pasaba a la Jurado con el amor, tras negociar con IU y UPyD lo que nunca estuvo dispuesto a cumplir. Los dos polizones invitados a colarse en la bodega del gobierno asturiano se las prometían muy felices. Rosa Díez, “walking dead” que deambula por la política española patrocinándose a sí misma desde hace tres décadas de nada, consiguió para su chico patrocinado en Asturias, señor Prendes, un abultado saco de asesores, así como la liquidación de la Procuradora General del Principado, organismo en el que UpyD no tenía a ningún conocido que proteger. Con IU se jugó al juego de la vieja amistad fraguada en el “homenomejodas-no-vas-a-dejar-que-gobierne-Cascos”, y hubo que hacer la vista gorda hasta el punto de tragar que el señor, González, portavoz parlamentario de la coalición que imparte lecciones de honradez, siga en el cargo estando imputado por prevaricación. Así que la parte pactante de la primera parte se derrumba, y sale a escena otro clasico walking dead de la derecha: Enrique Fernández Miranda, proponiendo la parte pactante de la segunda parte. Con un sereno dominio de las ojeras de corte aristocrático y de un posado discurso de casino provinciano después de misa de doce, don Enrique proclama que la salvación está en la derecha, aunque dejando fuera del equipo de gala a la imbatible en derrotas electorales Mercedes Fernández, alias Cherines, una de las mejores imitadoras del tono castizo de Esperanza Aguirre. El desfile selecto del horror se cierra con Severino García Vigón, otro notable miembro de la cofradía del Halloween astur. Pillado clamorosamente en falta con lo de sus impuestos, Vigón sigue agarrado al cargo y al sueldo. Todo un ejemplo a seguir.

Asturias da miedo y no solo en Halloween.