Ojos

Aunque solo sea por lo acertado de su título la película española candidata al Oscar de este año debería ganar el premio por aclamación: “Vivir es fácil con los ojos cerrados”. En efecto, la única manera posible de vivir en España con cierta facilidad de un tiempo a esta parte es hacerlo con los ojos cerrados. Mariano Rajoy gobierna así desde hace más de tres años y cada día se le ve más rollizo y optimista. Cuando abre sus ojitos de vez en cuando solo ve brotes verdes. La ministra de Sanidad, Ana Mato, descubrió un día un coche de lujo en el garaje de su casa en el que jamás había reparado antes. Esperanza Aguirre no vió a unos policías municipales que iban a multarla por infringir la ley. Es lo que tiene andar por ahí con los ojos cerrados. La familia Pujol lleva casi 40 años robando a manos llenas con un ojo cerrado y el otro abierto para que no se le pierda ningún billete de 500 euros, mientras toda la clase política catalana cerraba los ojos con fuerza para no ver el desfile de las furgonetas camino de Andorra. Una buena cantidad de obispos españoles cierran los ojos en pose mística y contemplativa haciendo que rezan para no ver los verdaderos problemas de las mujeres, para no ver a las mujeres en general, para condenar el aborto y bendecir todo lo demás. Hace muchos años que los banqueros no abren los ojos a otra realidad que no sea la de sus balances, y llevamos casi cuarenta años de democracia mandados por una clase política que, en general, padece una ceguera voluntaria y total frente a los verdaderos problemas de España. Vivir es fácil con los ojos cerrados es, en efecto, una frase que resume a la perfección el estado de cosas que nos ha llevado a este punto en el que estamos y del que no parece fácil que vayamos a salir. Y la consecuencia de que todo esté dirigido por ciegos de conveniencia es este sentimiento generalizado de que vamos a tientas un mes tras otro, entre tinieblas, teniendo que seguir el camino marcado por unos lazarillos tullidos que han elegido perder de vista lo que no quieren ver con el fin de intentar convencernos a todos de que en España no hay pobres, ni parados, ni viejos abandonados, ni discapacitados sin medios, ni millonarios impunes. Ellos no los ven y los demás ya empezamos a estar cansados de lo difícil que es vivir con los ojos abiertos.

 

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Salvadnos

Mariano Rajoy guasapea con las lumbreras mediáticas de “Sálvame” aunque casi no habla en el Parlamento, no admite preguntas en las ruedas de prensa o las convoca para hablar a través de una pantalla de plasma. Tal parece que el presidente considera más prioritario comunicarse con alguno de los chacales de dientes blanqueados que adornan las tardes de Telecinco, que acudir al Congreso a explicar lo de Bárcenas, lo del paro o lo de las pensiones. Seguramente Rajoy crea que, aparte del grasiento y ofensivo Marhuenda, los únicos periodistas fiables de España sean los que integran el selecto elenco de “Sálvame”. Estos detalles que parecen anecdóticos son importantes para hacernos una idea de quien gobierna en España y de donde proviene su apreciación de la realidad, del respeto que siente por la opinión pública, el Parlamento y su electorado en general, salvo que se demuestre que quienes aplauden a Rajoy son básicamente las mismas personas que disfrutan cada tarde con la casquería de “Sálvame”. El presidente del Gobierno de España no se molesta en esconder que tiene como referentes periodísticos el diario “Marca” y “Sálvame”, (además de “La Razón” y el Telediario de La 1, por supuesto) de manera que no hay razones para no sospechar que estos modelos informativos de analizar la realidad de España se trasladen también a los criterios ideológicos con los que Mariano y su tertulia ministerial gobiernan España. Puestos a elucubrar e ir un paso más adelante, conociendo los gustos mediáticos del primer ministro de España, no sería de extrañar que Rajoy también haya llamado de incógnito al programa “Entre todos” de Toñi Moreno para hacer un donativo de 50 euros con el que contribuir a sufragar el pago de una prótesis dental para algún jubilado que llora desde el tresillo familiar. Entre constatar todo esto y llegar a ver a Paz Padilla ejercer de portavoz del Gobierno solo hay un paso porque, al fin y al cabo, cada vez es más complicado encontrar diferencias entre personajes como José Ignacio Wert y Kiko Matamoros, entre Carmele Marchante y Ana Mato, o entre Kiko Hernández y Ruiz-Gallardón. España es un patio de vecindad televisado en el que cada vez resulta más complicado ver la línea que separa a los macarras de los tipos que se visten por los pies, a los periodistas de los juntaletras y a los políticos de talla de los caciques. Que alguien nos salve de todo esto, por favor.

Noticias

En el mismo programa de radio oigo que en España se matan o abandonan cada año a unos 50.000 galgos, que un jugador del Barcelona ha costado cien millones de euros en vez de los 57 que se anunciaron, y que un científico español capaz de crear piezas de recambio para los riñones se va a Japón porque aquí no hay quién investigue nada excepto la vida privada de Belén Esteban. Dice el locutor que Mariano Rajoy ha tenido que ir a Washington a que le den una bolsa de conguitos para subirle la autoestima, que lo mismo la infanta blanqueadora entra en los juzgados bajo palio y que el presidente inexistente de la Asturias en extinción puede ser el próximo líder del PSOE. Un cardenal predica: la homosexualidad se trata con pastillas, como la hipertensión y las almorranas. Rajoy vuelve a España con su bolsa de conguitos para decir que ya estamos saliendo de la crisis, que todo está controlado, mientras un informe de IU dice que en los colegios de Gijón hay niños que roban piezas de fruta del comedor escolar para llevar a casa. En estos colegios se regalaba antes un ordenador a cada alumno. Ahora les bastaría con un bocadillo. De bable en les escueles a fame en les escueles. Leo que la variante de Pajares es casi tan cara como en Canal de Panamá y también será navegable, y que la Seguridad Social nos enviará una carta a los mayores de cincuenta para decirnos lo que nos va a quedar de jubilación. Para qué vayamos ahorrando. Qué sarcasmo.

La fealdad es la marca de este país. La marca España es la vulgaridad, la cutrez, el señoritismo gobernante, la inutilidad de la oposición, la chulería eclesiástica y la garrulería y la ignorancia como señas de identidad de muchos periodistas, tertulianos e intelectuales, nuevos dueños de la opinión pública junto a los cocineros y expertos en vinos.

Con estas noticias tan feas que contar duele aún más la muerte de Manu Leguineche. Se apaga una luz y no se enciende ninguna otra.

Drones

Cuesta trabajo no pensar que la mayor parte de las decisiones políticas españolas están siendo tomadas por ‘drones’ y no por seres vivos. La clase política corre el peligro de dividirse entre ladrones y “drones”. Después de escuchar a doña Elena Valenciano sugerir que los saltos de inmigrantes a la valla de Melilla deben ser controlados con ‘drones’ o aviones espía, los mismos que usa Obama para cepillarse terroristas en Afganistán, uno confirma que la política se ha convertido en el arte de decir estupideces más o menos ingeniosas y dejar que los verdaderos problemas se pudran o se arreglen solos. Elena Valenciano y otros parecidos son personajes robotizados que, al igual que los aviones espía de los yankis, no van tripulados por idea alguna, de manera que nunca ponen en juego nada importante. Sueltan su ráfaga de memeces y se van por donde han venido hasta que la actualidad les encomiende alguna otra peligrosa misión. Ahí tienen a Mariano Rajoy, programado para repetir constantemente que en España no se destruye empleo a pesar de que el paro aumenta cada mes, o que lo de Bárcenas no tiene importancia. Los bombardeos de Mariano el “dron” son muy peligrosos, funcionan como armas de distracción masiva que dejan numerosas víctimas. Lo mismo ocurre en el Ayuntamiento de Gijón, convertido en un hangar de concejales no tripulados que colisionan entre sí, en el que la alcaldesa drónica ha tenido que nombrar asesora personal a la secretaria general municipal a la que destituyó por falta de confianza. ¿En que quedamos? ¿Es de fiar o no es de fiar? Y tampoco hay que perder de vista la negociación no tripulada de los presupuestos del Principado. Este juego de marcianos tiene como protagonista al robotizado presidente Fernández, escoltado en formación de ataque por sus fieles drones escuderos Lastra y Gutiérrez. Al otro lado de la mesa se sitúan los señores González y Prendes, programados para explotar en el momento oportuno arrasando cualquier acuerdo. Los ciudadanos hemos de echarnos cuerpo a tierra varias veces al día para no ser alcanzados por la munición pesada con la que nos bombardea esta clase política no tripulada, automatizada por la disciplina de partido, los argumentarios que les dan sus asesores en el desayuno y la total carencia de ideas, programas y voluntad de cambiar nada. No les pierdan de vista porque dentro de unos meses serán programados para repartir propaganda electoral y disparar sobre lo único que nos queda: el voto.

Estrella

Estoy buscando apoyos para pedir que la próxima “estrella” Michelín sea entregada a la Cocina Económica de Gijón. Cuando se cumplen dos años de la llegada al poder de Mariano Rajoy y compañía y de sus hachazos a la vida , la Cocina Económica es el restaurante más concurrido de Gijón, el que más renueva sus menús y el único que no recibe reclamación alguna por sus servicios. Todo ello lo hace con una economía de medios envidiable y un personal tan entregado que para sí lo quisiera el mismísimo Arzak. Así que si en algo aprecian estos señores de la Guía Michelín el arte de la cocina y su maravillosa y elemental capacidad de dar de comer al hambriento, deberían de hacer una edición de emergencia de las “estrellas” y premiar con ellas a quienes son capaces de hacer que el guiso más básico, las patatas más viudas, la más humilde pechuga de pollo o el más elemental huevo frito, sean un manjar con infinitos matices de olores y sabores que explotan en el paladar de quienes comen a la carta que les ha dado el destino.

Pido una estrella Michelín para la Cocina Económica porque eso si que es hacer cocina minimalista (con lo mínimo), “de proximidad”, de temporada y con productos de la tierra, elementos que tanto entusiasman a los gastrónomos pedantes para elogiar las virtudes de algún laureado restaurante que cobra 100 euros por una fabada seca. Que me perdonen los miembros de la tribu de los sesudos analistas de la reducción al Pedro Ximénez, la evolución del solomillo de Ávila y los teóricos del pote asturiano, pero en los tiempos en los que muchos buscan el menú del día en los contenedores de basura, no hay cocina más meritoria, sustanciosa y loable que la que es capaz de atajar el hambre que vuelve a existir en España. Hay hambre y hambrientos en esta España esquilmada por los especuladores y gobernada por Rajoy y los comisarios europeos. El apetito es un concepto muy filosófico, un lujo intelectual para los cientos de ciudadanos que van a la Cocina Económica a quitar el hambre básica y a calentar el estómago. Rajoy y su tropa llevan dos años aplicando la doctrina Kennedy al revés. Antes de que nadie se pregunte qué es lo que su país puede hacer por él, Rajoy y sus sicarios ya han decidido que es lo que nosotros tenemos que hacer por nuestro país. El resultado de esa doctrina caníbal son familias enteras para las que la única estrella que se enciende cada día es la de la Cocina Económica. Y que no falte.