Ideólogo Ruiz

Se atribuye al funcionario de carrera Ideólogo Ruiz la idea de dar forma legal a las denominadas amnistías sexuales, una fórmula administrativa muy novedosa que consistía en liberar de cualquier responsabilidad penal, vaginal o fiscal al hombre o mujer que, teniendo obligación contractual de mantener relaciones físicas con sus semejantes, escapase del débito. La fórmula de las amnistías sexuales tuvo mucho éxito entre las parejas de cierta edad para quienes el gobierno había instituido el coito anual, una variante corporal de la declaración de la renta de las relaciones físicas que generaba en algunas personas el mismo tedio y tensión que sentarse a hablar media hora con el ministro de Hacienda de turno. Los evasores sexuales eran multitud. Algunos optaban por hacerse autónomos del sexo, ir por libre y por cuenta propia, aunque esa modalidad generaba graves cargas en sus economías a base de pagar cenas, taxis y lo demás alquileres por horas.

De manera que cuando Ideólogo Ruiz presentó al secretario de estado de Entrepiernas su atrevida propuesta de las amnistías sexuales, su jefe se sintió muy aliviado e identificado con la idea. Por aquella época, él mismo estaba a punto de tener que cumplir la declaración sexual obligatoria con su señora, pero llevaba en secreto una vida paralela en un paraíso erótico de alquiler con su secretaria. Sumaba ya varios ejercicios sexuales obligatorios sin cumplimentar el débito conyugal alegando razones tan peregrinas como tener dolor de cabeza, estar preocupado por el hambre en el mundo, la próstata o la marcha de la Liga. Sus declaraciones sexuales de esos años le habían salido a devolver, enviándole el estado varias cajas de Viagra que él usaba para seguir con sus evasiones amatorias y no para cumplir.

Por aquella época el jefe de Ideólogo Ruiz ya había evadido al menos un 50% de su capital sexual fuera de las fronteras de su tálamo conyugal, concretamente a la habitación 324 del motel Andorra, y temblaba ante una posible inspección erótico-fiscal sorpresa que le dejaría en evidencia ante sus compañeros de partido y la sociedad en general. Pero tanto Ideólogo Ruiz como su jefe descubrieron pronto que la evasión sexual estaba muy extendida entre buena parte de los dirigentes del partido gobernante, así como entre los miembros (con perdón) de los partidos opositores. Y aunque los obispos clamaban contra esta fuga permanente de capital procreativo, el Parlamento aprobó casi por unanimidad la ley de amnistías sexuales a la que se acogieron decenas de miles de ciudadanos y ciudadanas de todas las condiciones, incluso los reputados cabezas de algunas familias muy numerosas del Opus Dei. Los amnistiados regalarían a sus parejas una corbata, un frasco de colonia, un libro de las sombras de Grey, o Ken Follet, una batidora o similar y todo arreglado. Para contentar a la Iglesia, la amnistía sexual incluía una confesión general y el paso por la peluquería para teñirse las canas al aire.

Ideológo Ruiz recibió la medalla al mérito funcionarial, una caja de preservativos de luxe y el encargo de comenzar a redactar el borrador de la ley de amnistías mentales a la que se acogerá en pleno el actual Gobierno cuando llegue el momento.

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