Extinción

Los reportajes sobre el Primero de Mayo van a terminar por convertirse en algo parecido a un documental de la tele en el que se muestran especies en extinción o antiguas civilizaciones desaparecidas. El trabajo pasó de ser una maldición bíblica a ser una excepción. Al cómputo de las razas de bichos que se han extinguido en el planeta desde que mundo es mundo habrá que sumar pronto la del “homo trabajador”. Si en toda España hubieran desaparecido 6,2 millones de osos pardos, urogallos, linces o ballenas, las autoridades de Bruselas estarían seguramente poniendo el grito en el cielo y ordenando una investigación. Y nuestro Gobierno, fiel vasallo de los mandatos de Bruselas, se apuntaría como un boy-scout a cumplir las ordenanzas emanadas de tan altas instituciones. Como lo único que desaparece son empleos y eso, al parecer, es un concepto abstracto, lo que se dice al respecto es lo sentimos, nos ayudará la Virgen del Rocío, tengan paciencia, o hagan movilidad exterior. El problema de que desaparezcan unas especies es que se rompe el equilibrio ecológico y otras proliferan anormalmente y terminan por arrasar el territorio, lanzado dentelladas a todo lo que se les pone por delante. Llegué a esta conclusión zoológica tras escuchar estos días la respuesta que dio a los periodistas la incombustible presidenta del PP asturiano, Mercedes Fernandez, al ser preguntada por las altas tasas de desempleo de Asturias. En medio de unas risitas que se le escapaban entre frase y frase la triunfadora Mercedes dijo que eso se lo deben preguntar al presidente de Asturias, “porque a mi los votantes me han colocado en la oposición”, añadió entre nuevas risitas que recordaban a los niños que juegan al escondite y aún no han sido pillados. Así que Mariano y su banda no responden y la presidenta PP de Asturias disfruta de nuevo y atechada en su cómodo oasis de oposición, ese escondite en el que juega al pilla-pilla y desde el que ve pasar la vida y presencia entre risitas como sus doctos colegas ordenan la desaparición de la minería, la industria en general, el empleo y los derechos sociales. Hay plagas que nunca se extinguen. Vaya fauna.

Democracia

La relación de candidatos a la presidencia del PP asturiano comienza a estar más concurrida que la cola de acceso a la Cocina Económica. Unos tienen hambre de poder y los otros de sopa caliente, ambos productos de primera necesidad a los que se accede con buenas dosis de paciencia e insistencia. En ambos casos la máxima es que no se juega con las cosas de comer. El caso es que en el PP se han mosqueado por que haya tantas personas dispuestas a mandar en el PP. Es como si las monjas de la Cocina Económica se enfadaran porque hay muchos menesterosos esperando acceder al comedor de caridad. Si los partidos están para administrar la democracia de todos deberían estar orgullosos de poder dar ejemplo con ejercicios intensos de democracia interna y, por tanto, a más candidatos más democracia ¿no? Las monjas que sirven la sopa a los pobres han elegido hacer misericordia, de manera que a más pobres más misericordia ¿no? Dicho de otra forma, un partido político sin candidatos es como un auxilio social sin pobres. No sé si me explico. Siempre me ha llamado la atención este temor de los grandes partidos a que se les revuelva el gallinero cuando se convoca el juego de las poltronas y hay gente con miedo a no encontrar asiento. En el PSOE quisieron ponerse al frente de la manifestación con el invento de las primarias hasta que descubrieron que las mejores primarias eran las que no se celebraban. En el PP han recurrido al “dedazo” siempre que han podido, aunque en esta ocasión no va a poder ser por si arden los postes. Hay que hacer alardes democracia abierta las 24 horas aún a riesgo de que esa invitación, hecha con la boca pequeña, empuje al ruedo a algún novillero con ganas de tomar la alterativa a costa de cortarle la coleta al matador veterano. Son los riesgos de la democracia, señores y un partido político que se niega a practicarla es como un cirujano que se niega a operar, un torero ecologista, una stripper tímida o una monja que esconde la sopa de los pobres.