Fundar y fundir

Fuentes de alto rango y solvencia de nuestra ilustre competidora, la Fundación Príncipe de Asturias, han contactado de manera repetida e insistente con miembros próximos a la genuina Fundición Príncipe de Astucias con el fin de reiterar firmemente que nadie de esa venerable institución ha estado detrás (ni delante, ni al lado, supongo) del secuestro de nuestros dominios terminados en .es. Es más, estas mismas fuentes han asegurado que nuestra satírica tarea de juntaletras y juntarayas les hace gracia.
Suponiendo que tal neutralidad y simpatías sean ciertas ¿por qué tanto afán en hacerlas saber si nadie acusó de nada a la noble Fundación Príncipe? ¿Temen ellos o alguien que la fundación de esta Fundición pueda terminar en la fundición de esa Fundación? ¿Creen que fundamos lo nuestro para fundirles lo suyo? ¿Es que infundimos tanto miedo? ¿Es que confundimos fundar con fundir? Todo ello es infundado, me parece. Sepan quienes esto lean que fundar una fundición como esta conecta hasta el fondo con la fundada tradición metalúrgica astur, fundamento de una industriosa historia regional que, por desgracia, otros han sido quienes la han fundido en los crisoles de su ambición, su desidia, su centralismo o sus papanatismos. Lo que nosotros queremos fundir es la hipocresía rampante, el fascismo acrisolado, latente o patente, la mala hostia regional con el deseo de crear, no de destruir. Fundiendo lo uno con lo otro y con lo de más allá en los altos y bajos hornos de nuestros nobles talentos que arden en deseos de aportar algo nuevo, buscamos dar fundamento a una imagen de Asturias rebelde, creativa, madura, con cabeza y visión propia, sin doctrinas, sin presiones, sin deudas (aparte de las propias de cada fundidor de las que no nos haremos cargo), libre de idiotas, moralistas de via estrecha, lameculos de nariz broncínea, pelotilleros de palacio y otros parásitos que, amén de molestar, no pagan nunca ni una ronda.
¿Es acaso el fundamento de tanta prevención que en nuestro modesto nombre se incluya el sustantivo Príncipe? ¿Y si es el de Beckelar, felizmente reinante en sus país de las galletas de chocolate? ¿Y si es el de Sissí? ¿Y si es el de Gales con sus orejas? ¿Por qué el Príncipe de Astucias debe tener algo que ver con el de Asturias? Él mismo, el de Astucias, ha dicho que su reino no es de este mundo. No debe la Fundación disculparse ante la Fundición. Ni el Ministro Soria debe perder un segundo del tiempo que dedica a cerrar minas y encabronar mineros en ocuparse de esta modesta troupe de fundidores de palabras. Enfunden sus sospechas y sus simpatías de manual de buenos demócratas y vuelvan ustedes a sus astucias dejándonos a nosotros en las nuestras. No desenfunden tanta artillería contra este humilde taller de provincias en el que no tenemos la suerte de tener ni un vasco o un catalán en nómina para atecharnos en el hecho diferencial y pedir la independencia. Déjennos fundar y fundir con la astucia de que disponemos, esa habilidad que, entre otras cosas, sirve a unos para engañar y a otros para evitar engaños.
Suyo afectísimo.
Jaime Poncela, fundidor de tercera.

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Palabras reales

Gracias a esta debutante Fundición Príncipe de Astucias me he enterado de que el Rey de España y su séquito de mustios pelotas con dentadura de hiena sonriente expropian palabras. No se puede usar el dominio internáutico Fundición Príncipe de Astucias porque también es de ellos. ¡Qué grande es la democracia del embudo! Uno nunca tiene bastante, Majestad. Cotos de caza, tías buenas, negocios, todo pago desde la cuna hasta el panteón, chófer con derecho a colleja, mucama para los nenes, avión, palacio, palacete, yate, ya te oí, balandro, caballo para la hípica, palco, corona, prótesis de carbono (14), elefantes, osos y todo lo que se tercie alicatado hasta el techo. El mundo es suyo, Señor, y resulta que ahora usted y sus eficaces lameculos también quieren trincar las palabras de los demás, dominar hasta los dominios que son del dominio público, poner en el diccionario carteles de “prohibido el paso, propiedad real”. Como decía el clásico: “De Somió acá ye tó de mio pá. De aquí a Somió todo ye mió”. Con lo mal que se les da los Borbones hablar en público y resulta que son dueños hasta de las palabras que no les corresponden. ¿Las querrán para el discurso de Navidad?
Así las cosas, creo que Su Majestad debe ordenar a su querida nuera la periodista que haga una lista de palabras de uso regio que llevarán el marchamo de “proveedoras de la Real Casa” como quería poner en sus tabletas de turrones aquellos dos caraduras berlanguianos llamados Planchadell y Calabuig.
Por ejemplo, la palabra zarzuela queda expropiada para mención exclusiva de la residencia real. Los que vivan de las zarzuelas de marisco o de interpretar las del maestro Ruperto Chapí que se vayan buscando otro nombre para sus fritangas y sus músicas. Otrosí, nada plebeyo podrá ser calificado de real porque ese adjetivo es sólo aplicable a las personas, lugares, casos y cosas borbónicas. Quiere ello decir que el platónico y manido concepto de vida real sólo definirá la existencia de la Familia Real y allegados. Las otras vidas serán vidas a secas. Diremos, por ejemplo: “don Iñaki Urdangarín, balonmanista en sus inicios, es en la vida real un astuto defraudador”, o “don Juan Carlos de Borbón es, en realidad, hijo de un señor que tomaba güisqui en Estoril. En la vida real dedica su tiempo a la caza de elefantes”. Ahí lo ves. Y si a mi me da la real gana de decir que viva la República, deberé dejarlo en gana a secas so pena de multa y encierro en la torre de Marivent. Y las únicas reales hembras serán aquellas que pasen a formar parte de la comitiva regia. Será denunciable llamar así al resto de las señoras por muy mollares que nos parezcan. El epíteto chorizo se lo queda en propiedad don Iñaki, y Sofía dejará de ser el nombre dado a la capital de Bulgaria y será entronizado y customizado para uso exclusivo de nuestra sencilla, melómana y esquiva reina. Melchor, Gaspar y Baltasar serán Magos a secas, como Aramís Fuster, dejarán de proclamarse las reinas de las fiestas de Vitigudino, por poner un caso, y es probable que una bula papal retire a Dios el título de Señor para que sólo el Rey pueda hacer uso del mismo. En decretos posteriores se podrán expropiar y personalizar también las palabras capullo, zángano, vividor/a, trepa, papanatas o zampabollos.
En la Fundición Príncipe de Astucias queremos llamar a la generosidad de los pueblos de España para con sus monarcas y allegados. No tengan reservas, cedan palabras para uso exclusivo de la Real Casa (las de los demás están sin pagar, así que son irreales). Tal vez algún día se les haga el regalo de la última de la colección: exilio.