Avisados

Se celebró el pasado fin de semana en Valladolid el campeonato mundial de auto complacencia, fabulaciones, embustes y onanismo político de toda la peña del PP. Solo faltaron las palomitas para ver la sesión del club de la comedia en la que Montoro protagonizó uno de los mejores monólogos. En el climax de su actuación dijo que el PP hará lo mejor que sabe hacer. Horror. Luego aclaró que lo mejor saben hacer es, atención, bajar los impuestos. O sea que si lo mejor que saben hacer es bajar impuestos y durante estos dos años no han hecho más que subirlos, ello  solo quiere decir que cuando empiecen a hacer lo que realmente saben hacer podemos ir preparándonos. Salió luego Gallardón, a quien solo faltaba vestir una sotana para ser Bing Crosby en “Las campanas de Santa María”, con Maria Dolores de Cospedal en el papel de Ingrid Bergman. Dijo Gallardón, muy digno, que los insultos no cambiarán la ley del aborto. Gallardón es muy sensible y se considera insultado al parecer por los miles de mujeres que viajaron en tren a Madrid en defensa de su inteligencia, sus derechos, sus ovarios y zonas adyacentes. El PP en general considera un insulto cualquier protesta ciudadana, por eso el ministro de los policías, el beato Fernández Díaz,  ordena dar palos a los manifestantes y luego se entrega al éxtasis de Santa Teresa, practicando esa perversión tan opusina de alcanzar el placer mediante el castigo físico. En resumen: fue interesante lo de Valladolid porque ha servido para recordar que  Montoro, Gallardón, Fernández Díaz y todos los demás ya nos tienen avisados: ellos hacen lo que mejor saben hacer.

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Fetal

No contento con tener empleados, amigos y colaboradores con mucho dinero en algunos conocidos paraísos fiscales, el PP acaba de crear los paraísos fetales. España es un paraíso fetal. La ley Gallardón es otra evidencia de la irritante hipocresía de quienes muestran más interés por los que aún no han nacido que por los que están vivos. Esa forma de gobierno, como el propio Gallardón dijo, consiste en repartir dolor entre quienes ya hace años que nacieron y, aún más, entre los seres vivos que están a punto de dejar este mundo por edad o enfermedad. España es un paraíso fetal donde se asegura el bienestar de los nasciturus, pero donde las putas hacen cola en las rotondas de las autopistas, los parados ante las oficinas de empleo, los arruinados en los albergues sociales y los policías nacionales ante la sede del PP buscando contabilidades corruptas por orden de un juez. Pero en medio de todas estas cosas, la condición de feto tiene importancia prioritaria para este gobierno; el feto es el sector de la ciudadanía a la que más le interesa proteger. Ahora bien, este mismo gobierno no se toma la molestia de explicarnos cómo va a asegurar la comodidad de ese no nacido una vez que ya haya venido a parar en este mundo, o de qué manera va a proteger a su madre si es soltera, si es homosexual, si no tiene recursos para mantener a su hijo, o si el recién nacido arrastrará durante su vida una brutal minusvalía. España es un paraíso fetal en el que la ultraderecha disfraza de bondad su intolerancia más profunda, viste de preocupación paternalista por la mujer su machismo más feroz y pone su mayoría absoluta al servicio del sectarismo religioso de la peor especie. Hay días en los que apetece no haber nacido en este paraíso fetal.