Ayuno

El médico me ha dicho que tenga cuidado con lo que como, con lo que bebo y con lo que voto. Es la primera vez que un profesional de la medicina relaciona de forma tan directa mi salud personal con la salud democrática de España y yo se lo agradezco. Si se mira bien, la advertencia del médico tiene bastante sentido, ya que las ofertas de los partidos políticos, sus candidatos y sus puestas en escena son cada vez más tóxicas, menos recomendables para tener una vida sana y un tránsito intestinal adecuado. Elena Valenciano me produce diarrea y Arias Cañete tiende a elevar mi tensión arterial por encima de los límites de lo aconsejable. El resto de los gurús mesiánicos que han aparecido a izquierda y derecha del espectro político son tan poco fiables para incluir en la dieta como ciertos productos envasados bajo marcas blancas de dudosa procedencia. Por un lado, la mayor parte de los cabezas de lista están caducados y yo no pienso hacer la vista gorda con ellos de la misma manera que Arias Cañete recomienza hacer con los yogures. Han pasado de fecha también los mensajes que ofrecen, saben a rancio por mucho que se empeñen en cargarlos de picante y especias exóticas para disimular. Las campañas están cocinadas sin imaginación y a base de mensajes y latiguillos que parecen pensados para alimentar a idiotas dispuestos a comerse lo que les echen. Los mítines son sopa de sobre hecha a base de sobras y colorantes ideológicos, pensados para estómagos agradecidos que se comen hasta los pelos y las moscas que haya en el plato. Los programas electorales hace tiempo que no llegan ni a la categoría de la carta de un local de comida rápida; todo en ellas es falso, es un engaño tramado con fotoshop para que los tomates de la foto parezcan frescos y los candidatos honrados e inteligentes, pero cuando te ponen el plato en la mesa la lechuga está tiesa, la carne deja pasar la luz y el eurodiputado es una caradura que viaja en clase preferente. No digan que no les avisé. Tengan cuidado con lo que votan y, en caso de duda, absténgase de probar porquerías por muy bien emplatadas que vengan o por mucho máster chef que asegure estar en la cocina. Ayunar nunca ha hecho mal a nadie.

Drones

Cuesta trabajo no pensar que la mayor parte de las decisiones políticas españolas están siendo tomadas por ‘drones’ y no por seres vivos. La clase política corre el peligro de dividirse entre ladrones y “drones”. Después de escuchar a doña Elena Valenciano sugerir que los saltos de inmigrantes a la valla de Melilla deben ser controlados con ‘drones’ o aviones espía, los mismos que usa Obama para cepillarse terroristas en Afganistán, uno confirma que la política se ha convertido en el arte de decir estupideces más o menos ingeniosas y dejar que los verdaderos problemas se pudran o se arreglen solos. Elena Valenciano y otros parecidos son personajes robotizados que, al igual que los aviones espía de los yankis, no van tripulados por idea alguna, de manera que nunca ponen en juego nada importante. Sueltan su ráfaga de memeces y se van por donde han venido hasta que la actualidad les encomiende alguna otra peligrosa misión. Ahí tienen a Mariano Rajoy, programado para repetir constantemente que en España no se destruye empleo a pesar de que el paro aumenta cada mes, o que lo de Bárcenas no tiene importancia. Los bombardeos de Mariano el “dron” son muy peligrosos, funcionan como armas de distracción masiva que dejan numerosas víctimas. Lo mismo ocurre en el Ayuntamiento de Gijón, convertido en un hangar de concejales no tripulados que colisionan entre sí, en el que la alcaldesa drónica ha tenido que nombrar asesora personal a la secretaria general municipal a la que destituyó por falta de confianza. ¿En que quedamos? ¿Es de fiar o no es de fiar? Y tampoco hay que perder de vista la negociación no tripulada de los presupuestos del Principado. Este juego de marcianos tiene como protagonista al robotizado presidente Fernández, escoltado en formación de ataque por sus fieles drones escuderos Lastra y Gutiérrez. Al otro lado de la mesa se sitúan los señores González y Prendes, programados para explotar en el momento oportuno arrasando cualquier acuerdo. Los ciudadanos hemos de echarnos cuerpo a tierra varias veces al día para no ser alcanzados por la munición pesada con la que nos bombardea esta clase política no tripulada, automatizada por la disciplina de partido, los argumentarios que les dan sus asesores en el desayuno y la total carencia de ideas, programas y voluntad de cambiar nada. No les pierdan de vista porque dentro de unos meses serán programados para repartir propaganda electoral y disparar sobre lo único que nos queda: el voto.