Alcaldada

España fue siempre un país gobernado por señoritos, gentes de orden, con carrera, negocios o ambas cosas, árbol genealógico real o inventado, aficionados a los toros y a deportes minoritarios practicados en clubes de acceso restringido, residentes en barrios de postín, custodios de vicios privados y exhibicionistas de públicas virtudes. Estos señoritos se dedicaban a la política en su tiempo libre, haciendo un favor al pueblo llano que, por supuesto, tenía que estar agradecido de que personas de esa talla se molestasen en pisar el barro. Aquellos tipos ocupaban los despachos gobernando las ciudades y los estados como si fueran un club de petanca, un casino provinciano o una comunidad de vecinos, haciendo y deshaciendo a su antojo, al estilo de los presidentes de las corridas de toros que toman decisiones incontestables a base de colgar pañuelos de colores en la balaustrada del palco. Este país hace ya décadas que se ha quitado la caspa, come hamburguesas, viaja a Londres de fin de semana, tiene generaciones de estudiantes que hablan dos idiomas, presenta tasas de natalidad de país nórdico, permite el matrimonio homosexual y vota en las urnas con el mismo escepticismo que cualquier europeo. Toda esta aparente desinfección democrática no ha sido suficiente, al parecer, para que alcaldes como Carmen Moriyón traten de gobernar la mayor ciudad de Asturias manejándose con la misma ausencia de sentido democrático que el presidente de una corrida de toros. La suspensión del Pleno municipal cuya convocatoria forzó la mayoría de la Corporación gijonesa para debatir un dudoso plan de fachadas, es un gesto que apesta a señoritismo rancio, a autocracia y a caciquismo antiguo. No hay otras palabras para definir la alcaldada perpetrada por Moriyón al dictado de Álvarez-Cascos y cumpliendo el libro de estilo de FAC: al enemigo, ni agua.

Esta ciudad no se merece tal retroceso democrático, además, por quien no cuenta ni con un tercio de los concejales que representan a los gijoneses. Imaginemos a Moriyón y su cuadrilla con mayoría absoluta. Lo que queda ahora es que el PP recupere algún resto de la dignidad que le queda y la izquierda tenga agallas para jugársela por una ciudad a la que debe décadas de confianza. Ya sabemos hasta donde son capaces de llegar unos. Veamos ahora qué saben hacer los otros.

Felicidades

Quiero aprovechar la festividad de la Virgen del Carmen que hoy se celebra para felicitar sinceramente en su onomástica a nuestra alcaldesa, doña Carmen Moriyón. Y quiero felicitarla, de paso, porque lleva dos años gobernando a base de cocinar su gestión diaria con la receta de la política más insípida en la ciudad que, al parecer, es la sal de Asturias. Paradojas. Un carril bici, un poco de Copa Davis y un concierto de los caros han servido para apuntalar un gobierno cogido con alfileres y dictado desde Oviedo por el señor Cascos que, al parecer, ya no es amigo de Bárcenas. Con poco se contenta una ciudad que siempre fue tan salada y reivindicativa, al parecer. Y tiene también su mérito que su hormiguero forista aún no se haya convertido en avispero tras dos años de jugar ustedes al Monopoly con la mayor ciudad de Asturias: la mayor en crisis, la mayor en paro, la mayor en paralizaciones de grandes proyectos. Lo han hecho, lo siguen haciendo y aquí no pasa nada. Y es muy meritorio también que usted gobierne con el apoyo de quienes son, a la vez, sus críticos más duros. Sin duda es una muestra de habilidad política sin precedentes ser capaz de tener un aliado estable de gobierno que, sin despeinarse, es severa oposición al mismo tiempo. El PP ha aprendido a columpiarse perfectamente apoyando al partido de Cascos, sin empacho ninguno, y a pesar de que oficialmente en la calle Génova renieguen de todo lo que ha tenido que ver con el otrora “general secretario”. Vivir para ver. Y, aunque no es mérito suyo, debo también felicitar a la doctora Moriyón por tener enfrente a una izquierda incapaz de hacer valer su mayoría de votos, aún no recuperada del sopapo recibido en las elecciones y perdida en sus laberintos partidistas de la mano de un portavoz falto de reflejos y sobrado de una corte de chupatintas que siempre le dan la razón. En fin, que todo han de ser parabienes para quien, cuando llegó a la Alcaldía, confesó que no votaba habitualmente ni había sentido especial interés por la política hasta ser designada candidata. Autodidactismo puro. Si partiendo de la nada ha llegado usted a las más altas cotas de la insulsez  e inoperancia políticas y la fórmula aún le funciona, no tengo duda alguna de que aún celebrará muchos más santos y cumpleaños en su sillón. Felicidades.

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Se ofrece líder clásico, modelo caudillo, con abollones por el uso en política de choque y sin pasar la ITV. Ideal para museos de antropología, libros de records extraños, portero de discoteca o desguaces ideológicos. Abstenerse partidos políticos al uso.  Perdido prestigio institucional, económico, autonómico, nacional e internacional. Tiene manchas verdes, cojea y responde al nombre de Asturias. Se gratificará su devolución. Se encontró gobierno de tamaño pequeño, y sin raza definida. Tiene tres franjas en el lomo, una de ellas magenta, no lleva collar y merodea por la calle Suárez dela Riva, Oviedo. Preguntar por Díez, Rosa.

Se buscan pupitres y pizarras para amueblar aulas de 50 alumnos o más. Razón: Montoro y de Guindos Chatarreros Asociados. Se regalan hospitales públicos por no poder atenderlos. Razón: Ana te Mato. Se encontró camión sde propaganda electoral lleno de mentiras en avanzado estado de putrefacción. Si no aparece su propietario, se destinará el cargamento a elaborar comida para perros de presa.

Por no poder creerlos, se regalan anuncios gubernamentales “tranquilizadores” sobre nuestro futuro y el del sistema financiero español. Abstenerse almas sensibles. Oportunidad. Fin de semana en Moodýs todo incluido. Sienta en sus carnes como baja su calificación personal hasta convertirse en un bono basura. Incluye noche sado-maso con Christine Lagarde y Strauss-Khan.

 Buscamos pardillos que sigan votando cada cuatro años o cuando sea. Se regala bocata de mortadela e invitación para el Models. Se ofrecen lineas tangentes en buen uso para salirse por las mismas. Talleres Rajoy, lideres en cerrojos. Ocasion. Parcelas en los cerros de Ubeda. Ideales para ruedas de prensa tras consejos de ministros. Aprovechen las ofertas. Seguiremos informando.

Dignidad

Un político que se respeta a sí mismo y a la institución que representa o representó es, cuando menos, un político digno. La dignidad, rara avis de un tiempo a esta parte en el panorama de lo público, es un bálsamo para unas sociedades muy escocidas por tanto maltrato, por tanto malgasto, por tanta indignidad. No sé si Sergio Marqués fue el mejor o el peor presidente del Principado, el menos malo, el más agudo o el más innovador. Traté poco con él, pero sí me ha quedado en la retina esquemática de periodista la imagen de un ciudadano y político digno, silencioso y discreto, algo chapado a la antigua, y acostumbrado a capear con la vida. Cuando cometió el error de ganar unas elecciones vetadas para el PP, fue un presidente acosado y derribado, machacado de manera orquestada y organizada por el sanedrín de su propio partido y obligado a cortar por lo sano para poder seguir gobernando según le habían dicho las urnas.
Pese a los empujones y puñaladas recibidos de sus propios amigos, de aquellos que trataban de estar en la procesión y repicando, Marqués jamás ejerció de víctima, ni de profeta del odio contra sus sonrientes y patrióticos verdugos, ni pidió el voto por compasión o por venganza cuando volvió a ser candidato. Estas actitudes dignas y cabales no se suelen dar en la política de estos tiempos, callejuela estrecha en la que se ventilan despechos y ajustes de cuentas, o de la que salen de vez en cuando padres y madres de la patria que tratan de hacer sus llagas los dolores de toda una sociedad y que confunden un partido político con un club de fans. No daremos ejemplos. Sergio Marqués no fue uno de esos. Estuvo en política hasta que dejó de estarlo, se fue de puntillas, volvió a sus asuntos con mejor o peor fortuna, paseando por Gijón su estampa algo quijotesca y se dio de baja de la vida pública sin montar drama alguno. Su talla personal y política, su concepto global del cargo y de la persona y del servicio que se presta a las instituciones quedó claro al elegir ser dueño de sus silencios para respetar y ser respetado hasta el final.