Confianza

Pedirle a Carmen Moriyón que se someta a una cuestión de confianza para provocar su caída es lo mismo que tratar de erradicar el crimen organizado solicitando a los malhechores que se suiciden por el bien de la comunidad. El PSOE ha reaccionado tarde mal y nunca a las alcaldadas de la regidora y como no quiere desgastarse en una moción de censura imposible opta por el método psicológico de Gila para acabar con la delincuencia. Como ustedes sabrán, Gila recomendaba al agente de la autoridad pasearse al lado de delincuente y dejar caer con tono intencionado aquello de “aquí hay alguien que ha matado a alguien…” hasta conseguir hundir anímicamente al enemigo y provocar su rendición incondicional. Lo de la cuestión de confianza es una broma más de esta destartalada Corporación que más bien parece la loca academia de concejales. Lo que le sobra a Moriyón es confianza, así que no tiene que pedirla. Confía en su propia mediocridad porque hasta ahora le ha dado una popularidad que ni ella misma esperaba. Confía también la alcaldesa en que la izquierda (sic) municipal va a seguir mostrando su absoluta incapacidad para desplegar alguna estrategia conjunta de cierta solidez y seriedad que capte la atención de los votantes. Además, Moriyón gana de largo en confianza interna a Santiago Martínez Argüelles, líder sin liderazgo que seguramente perdería una cuestión de confianza (primarias) si él la convocara dentro de su propio partido para someterse al escrutinio de su militancia. La alcaldesa tiene bastante con la confianza del patrón Cascos y de la corte de mayordomos, hagiógrafos, fans y escoltas que le han ido saliendo a lo largo de estos dos años largos. Por subvención o por convicción, la alcaldesa se ha ganado un nada desdeñable coro de palmeros, muy importantes en la gestión de proximidad. Y para rematar, la regidora confía plenamente en el PP, un desguace político que prefiere seguir prestando piezas de repuesto a Foro aunque eso le cueste la extinción definitiva. Moriyón gobierna de oídas y en minoría y, en confianza, a mucha gente le da lo mismo. Así que ella se seguirá tomando las confianzas que necesite y lo mismo la vemos de alcaldesa cuatro años más.

Chinos

Un funcionario chino de alto rango, el señor Wang, ha sido destituido de su cargo por obligar a un subordinado a llevarle a caballito para poder atravesar él a pie enjuto un charco enorme y evitar así que se estropeasen sus caros zapatos. Una funcionaria de alto rango del Ayuntamiento de Gijón, Dora Alonso Riesgo, ha sido destituida de su cargo por negarse a llevar a caballito a la alcaldesa, señora Moriyón, cuando esta quería vadear sin mojarse el profundo charco en el que iba a meterse al no convocar un Pleno municipal legalmente solicitado por al oposición. Doña Dora Alonso, mujer de probada solvencia profesional, alérgica a los tejemanejes y de pulcritud contrastada, rechazó ponerse las orejeras legales y cargar con el muerto de una cacicada ajena para que la alcaldesa no se metiera en el charco al que se dirigía a pie firme. Como el chino de los zapatos. Esa integridad profesional le ha costado a Dora Alonso ser objeto de una de las alcaldadas más sonoras y cutres de todos los tiempos, sin precedentes en España y perpetrada por una señora cuya cultura democrática comenzó cuando ella pasó el casting de candidata que convocó Producciones Cascos. Antes de esa epifanía, doña Carmen Moriyón no se molestaba en ir a votar, según propia confesión, tal vez porque no había aparecido un partido a su medida. Pero han bastado dos años para superar su bisoñez y con modales de ropero parroquial soltarse a gobernar sin complejos, con los aires de la madre superiora que da pellizcos en el patio del colegio castigando a los díscolos. Gobierna perpetrando un programa electoral que parece comprado en los bazares chinos y apoyada en una exigua mayoría que apuntala el PP, un partido con más trampas internas que una película de chinos.  Con todo esto, la política municipal gijonesa se parece cada vez a un episodio de “Humor amarillo”, aquella astracanada oriental en la que el ganador era quien evitaba meterse en los charcos a costa de enterrar en el fango a quien se pusiera por medio. Los ciudadanos nos preguntamos qué hará ahora la oposición en pleno ante un gobierno municipal con este perfil bananero. Me juego a los chinos que no harán nada.