Bichos

Acaban de abrir en Holanda un zoológico de microbios. El recorrido por este recinto en el que se congrega lo más selecto de la porquería más útil de la Naturaleza, permite comprobar que lo más importante de las cosas que ocurren en el planeta no lo protagonizan las ballenas o los elefantes, sino unos microorganismos con misiones tan variadas e importantes como ser capaces de fermentar el queso, producir antibióticos, biocarburantes o hacer que se pudran los cadáveres. Solo en nuestra boca viven unos 700 microbios, para que se hagan una idea. Los promotores de este zoológico para microorganismos quieren que se sepa que la Tierra sigue funcionando gracias al trabajo callado y desagradable pero imprescindible de estas criaturas que no se ven pero se sienten. El sistema sigue adelante gracias a que los bichos hacen el trabajo sucio y ya nos han advertido que el día que dejen de estar ahí habremos perdido un elemento fundamental de nuestro ecosistema. No hay más que ver en qué se han basado las carreras de gentes como Arias Cañete, Mas y Pujol, Carlos Fabra, Matas, Urdangarín, Felipe González o Aznar, entre otros. El tiempo y otros acontecimientos nos ha permitido comprobar que la mayor parte de su trayectoria de apariencia inmaculada se ha sustentado gracias a la labor de zapa de microorganismos casi invisibles que han sido capaces de generar en sus subsuelos y entornos un nivel de podredumbre suficientemente controlado como para mantener un ecosistema muy equilibrado en el que los fondos reservados, las subvenciones auto concedidas, el dinero negro, el intercambio de favores, los chanchullos, las puertas giratorias y los tratos de favor han consolidado unas carreras sospechosamente eternas en lo político y obscenamente pingües en lo financiero. Todos ellos son millonarios y aforados a un tiempo porque han cultivado durante décadas unas activas colonias de microorganismos capaces de metabolizar en billetes de 500 euros cualquier cargo público. A veces se levanta un ligero olor a podrido en el ambiente cuando un juez o alguna instancia superior meten el palo bajo la alfombra, pero el ecosistema nunca se altera. En Holanda estos bichos pueden verse en un zoo. En España se dedican a la política.

Anuncios

Apologías

La apología del terrorismo es un feo asunto. Y desagradable. Hacerles la ola a los que han desgraciado la vida de otros no es solo una expresión de falta de humanidad y principios básicos, sino también un delito. Por eso uno no entiende cómo es posible que el legislador no ponga el mismo celo en tomar medidas para la erradicación de cualquier expresión pública que de una forma más o menos explícita suponga la apología, el respaldo o en enaltecimiento de la corrupción, la sinvergüencería o el robo de dinero público a manos llenas. Todas estas cosas se me ocurren cuando escucho a varios altos cargos del PP (Floriano, Cospedal) poner paños calientes a la sentencia que condena a Carlos Fabra a cuatro años de cárcel por fraude fiscal, cuando evitan dar explicaciones sobre la doble contabilidad de su partido o niegan la relación con el tal Bárcenas. El enaltecimiento de los ladrones con cargos públicos mediante discursos evasivos, circunloquios, disculpas o ejercicios de escapismo dialéctico debería tener la misma respuesta judicial que las manifestaciones de quienes jalean a los terroristas del tiro en la nuca. Hay muchas maneras de acabar con el Estado y con la democracia. Puede hacerse poniendo coches bomba, entrando con un tricornio en el Congreso a dar un cuartelazo, o arruinando las arcas públicas para luego pasarse al sector privado a seguir chupando de los Presupuestos Generales.  El resultado de estas acciones impunes de terrorismo económico es el desguace de la sociedad civil, el empobrecimiento de varias generaciones y una cosecha de hastío ciudadano y desconfianza en unas instituciones que se han convertido en la madriguera de algunos corruptos muy aplicados y aún más protegidos. Por activa o por pasiva. Acabar con el enaltecimiento de la corrupción, del machismo (patrocinada por la diócesis de Granada y su libro), de la violencia contra las mujeres y desterrar todas las demás apologías a lo más sucio de nosotros mismos es aún una de las muchas asignaturas pendientes de quienes tantas explicaciones nos deben pero que tantos años llevan dedicados, en exclusiva, al enaltecimiento de sí mismos.