Sabios

Ya tenemos de todo los asturianos para empezar 2013. Para tragar con las uvas de Nochevieja, el gobierno del Principado nos ha regalado un comité de sabios. Qué detalle. Pedimos trabajo y nos regalan sabios. Si tenemos en cuenta que en Asturias hacemos un museo de cera y chatarra con cada sector económico que desaparece (véanse el museo de la minería, de la siderurgia, del ferrocarril…), uno se malicia que el comité de sabios este viene a ser un museo a la inteligencia y el sentido común desaparecidos hace tiempo de nuestras instancias de gobierno, mande quien mande. Tal parece que a más idiotas en los cargos públicos, más sabios necesitan en papeles secundarios para hacer el coro, para solemnizar y/o disfrazar la estupidez; es ley de vida: dime de lo que presumes y te diré de lo que careces. Groucho Marx explicó hace más de medio siglo que algunas cosas son tan simples de resolver que podrían ser arregladas por un niño de siete años. “¡Qué me traigan un niño de siete años!”, pedía Groucho a renglón seguido. En Asturias, a falta de un niño de siete años que esté dispuesto a dejar de jugar con la Playstation para gobernar un rato, han pedido que nos traigan un comité de sabios que, al parecer, darán unas fenomenales clases particulares al presidente Fernández (conocido en algunos círculos como “funerales Fernández” a causa de su animosa pose y dicharachero discurso) y a sus consejeros que, según se deduce, o andan un poco flojos de sabiduría o jamás fueron bendecidos con tan apreciada virtud.

No es por presumir, pero hasta un imbécil (yo mismo) sabe lo que está pasando en el mundo y qué sería necesario hacer para librarnos de tanto especulador, gobernante mediocre, sindicalista sin escrúpulos, empresario trincón, charlatán de feria, defraudador feroz y otras perlas. Hasta un bobo anónimo sabe a estas alturas qué es necesario cortar por lo sano para que la maleza no se nos coma a todos. Por eso el gobiernín astur debería escuchar con más atención y aplicación las cosas que dice a diario la llamada sabiduría popular, el saber de las gentes comunes expresado en las muchas protestas de las calles, las redes sociales, el cabreo sordo de las filas del paro, o las charlas de café. Pero no, para hacerse fotos molan más los sabios que los manifestantes. Por ejemplo, el Gobierno despidió por sorpresa el día de Nochevieja a otros 11 periodistas de la RTPA. ¿Esto se lo recomendaron sus sabios, o fue producto de la propia necedad? Como escribió el sabio Lázaro Carreter “abundan los bobos cuyo desarrollo ha sido entorpecido por los libros, pero sin debilitarlo mucho”. Pues eso.

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