Vocales

pedro sanchez

 

A partir de ahora pueden ustedes llamarme Jme Pncla. Sigo la tendencia (ir como un borrego detrás de lo que hacen los otros ahora se llama “tendencia”). Yo fui Jaime Poncela hasta que Pedro Sánchez se convirtió en Pdro Snchz, aplicando a su propio nombre una cosa que los diseñadores gráficos llaman diseño adaptativo. (Mi maestro Ángel Heredia, catedrático de la Universidad Pontificia de la Coría me lo explicó). El diseño adaptativo consiste en que las marcas y logotipos se diseñan de tal forma que se adapten al tamaño del espacio disponible. O sea que no es lo mismo ver una cosa en una pantalla de ordenador, en la de una tableta o en la de un teléfono. Por eso Pdro Snchz se ha comido sus propias vocales con el fin de ser un candidato adaptativo a las necesidades de la audiencia. Un candidato con un nombre de quita y pon. Ignoro si eso lo decidió el día que telefoneó a “Sálvame” o cuando habló con Pablo Motos.

El PSOE, partido que lidera el hombre sin vocales, también se fue adaptando a los tiempos mediante la supresión de alguna de sus siglas. Hace tiempo dejó caer la “o” de obrero y hay quienes incluso tienen dudas de que sea socialista y español (esto último pasó con aquello de la OTAN y los americanos). El PSOE es ahora mismo un P, un partido genérico como los medicamentos, una marca blanca de la política que a base de adaptarse a las circunstancias ha perdido sus particularidades ideológicas. Ya dijo Rubalcaba aquello de que el republicanismo de los socialistas estaba en el alma, no en el cuerpo (¿o era al revés?) y Felipe González sugirió aliarse con el PP. En ese caso tendríamos en España un partido único: el PPP, un partido sin vocales como Pdro Snchz. El problema de adaptarse tanto al tamaño disponible es que uno puede llegar a desaparecer o a ser irreconocible. Es como esas actrices o actores que se hacen tanta cirugía estética que, finalmente, terminan por no parecerse a nadie, ni a sí mismos.

Ya les contaré como me va en mi versión de Jme Pncla, aunque me da la sensación de que pronto volveré a ser Jaime Poncela.

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Biblia

Con motivo de la celebración en Gijón de Expobilia, la ciudad ha comenzado a ser escenario de algunas apariciones sobrenaturales dignas de haber sido consignadas en las sagradas escrituras. Santiago Martínez Argüelles, conocido en otra época como Santi 2011, salió de su sepulcro político a la manera en la que Lázaro resucitó de entre los muertos. Al igual que el ilustre enchufado bíblico, Santi ya empezaba a desprender mal olor cuando fue obligado a salir de su caverna. Es lo que tienen los cuerpos humanos y los quesos asturianos, que si se dejan curar demasiado tiempo terminan por agusanarse. Argüelles llegó a la cabeza de lista del PSOE cuando quizás estaba demasiado verde para el consumo. Aunque ganó en concejales se tuvo que ir al banquillo, volvió a la cueva a madurar como si se tratara de un queso de Cabrales, pero ha terminado por transitar de verde a podre en poco más de tres años dejando a la izquierda de esta ciudad ayuna de una oposición a la altura de las circunstancias. Lo mismo trataba de imitar al presidente Fernández en esa pose tan suya de hacer el don Tancredo y le ha salido mal porque Santi no sabe disimular. A Fernández hay que reconocerle mucha más pericia que a Martínez Argüelles en parodiar la inexpresividad calculada de Buster Keaton. De modo que Santi 2011 ya no será Santi 2015. Argüelles ha reaparecido para desaparecer y dejar paso a José María Pérez, un socialista adelantado a Pedro Sánchez en el uso y lucimiento de camisas entalladas. José María Pérez fue elegido concejal en 2011, pero la idea de no tocar pelo de poder le provocó un miedo cerval y puso pies en polvorosa hacia el parlamentín de Oviedo. La ascensión de Pérez a las alturas de la política astur hizo pensar a algunos que la eterna joven promesa había muerto para el municipalismo. Pero vemos ahora que no estaba muerto, que solo estaba de parranda, como Blanco Herrera aquel amigo del difunto Peret, y que vuelve de su retiro en el monte Sinaí para liberar al pueblo de la esclavitud. José María dispone de un surtido fondo de armario, buena planta y buen discurso, aunque aún está por demostrar su capacidad para ganarse los puestos en primera línea de fuego y por su propia mano. Hasta ahora solo ha sido un aplicado segundón. Y en plena semana bíblica hemos asistido también a la anunciación por parte de la alcaldesa Moriyón de su deseo de relevarse a sí misma. Lo ha hecho con su habitual hilo de voz, una pose tan seráfica y una modestia tan contenida e inocente que tal parece que vaya a ser designada directamente por el Espíritu Santo. Ella se ha limitado a decir “he aquí la esclava del Señor”. Va ser verdad que todo está en la Biblia.