Idiomas

El problema de Ana Botella no es que hable mal en inglés. El problema de Ana Botella y de todos los de su club de caraduras selectos, especuladores al acecho, ventajistas y ultraderechistas camuflados, es que hace mucho tiempo que no saben hablar español. Y entenderlo, menos aún. El problema de quienes mandan en este país y de buena parte de quienes fingen o creen ser la oposición, es que hace años que habitan en un territorio irreal en el que no se habla el idioma de los mortales comunes. España es otra cosa y ellos no lo quieren saber. Hace tiempo que todos ellos han confundido el patriotismo con su nómina y la verdad con sus conveniencias, por eso organizan olimpiadas cuando lo que España necesita es que nos limpien el culo, la cara y las instituciones, que haya empleo, sanidad, educación y pensiones decentes. Dicen en varios idiomas que están dispuestos a gastar 1.500 millones de euros en infraestructuras públicas si hay olimpiadas, pero ya no hay ni un euro de ese dinero si la milonga del 2020 se queda tan fría como la cup de coffe con milk que se toma la señora de Aznar. ¿Por qué ese dinero no está disponible para carreteras, hospitales, colegios, trenes y subsidios? Que me lo pasen a limpio o, en su defecto, que me lo expliquen en un idioma que yo pueda comprender sin ponerme unos auriculares. Cuando Ana Botella y estos tipos hablan de todas estas cosas, aunque sea en castellano, nadie es capaz de entender lo que dicen porque en el idioma que hablamos la mayoría de los españoles no tiene sentido gastarse el dinero en un coche de lujo si no se tiene para comer. Por eso, lo de menos es que Ana Botella o cualquiera de sus palmeros no sepa hablar en inglés y hagan el ridículo en varios idiomas. Esa es una anécdota menor en un país en el que pocos hablan inglés. El problema es que todos ellos usen el mismo desparpajo para hablar idiomas que no conocen y gobernar países que no entienden. Los resultados están a la vista.

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