Valor

El Tribunal Supremo ha rebajado la pena impuesta a un militar maltratador alegando que deben ser tenidas en cuenta las múltiples condecoraciones obtenidas por el guerrero en acto de servicio. Lo más curioso de este alarmante asunto es que el militar en cuestión había ganado las cacareadas medallas en operaciones de paz. O sea que el tipo iba a templar gaitas en Afganistán, a evitar que unos tíos de chilaba matasen a sus mujeres las del burka y a la vuelta de la misión la emprendía a golpes con su señora esposa en este país nuestro tan occidental, democrático, abierto y protector de los débiles. Bonito asunto. Igual es que este señor estaba tenso porque no podía mostrar su valor y su arrojo en operaciones de paz. Los militares en la paz son como los toreros de salón, gentes que se sienten extrañas, sin un lugar en el mundo y fuera de contexto. Ambas llevan el uniforme de adorno y hay veces que el uniforme, los galones y los taconazos terminan recalentar algunas mentes de tipos que son condecorados por pacificar Afganistán y luego le dan una somanta de palos a la compañera sentimental sin quitarse las botas de reglamento. Hacer la paz en la guerra es muy guapo, muy complicado, muy poético, muy digno de medallas, pero no es de recibo que se convierta también un salvoconducto para convertir el salón de casa en un campo de maniobras en el que la mujer es un blanco móvil que recibe los golpes. El soldado maltratador y el juez que quiere perdonarle practican y postulan el mismo tipo de valor mezquino, machista y nauseabundo que deja cada año un rastro inexplicable de mujeres muertas. Un militar que maltrata a su novia o a quien sea pierde cualquier medalla, y un juez que no entiende esto a la primera se esconde detrás de su toga para maltratar nuestras inteligencias y la memoria de todas las mujeres asesinadas. Supongo que a estas alturas del partido ya es muy complicado que determinadas personas entiendan que el valor sin valores no sirve de nada, ni vestido de caqui, ni vestido de negro.