Trinidad y Tobago

Doña Trinidad y Tobago dedicó su vida a la educación. Ni a la buena ni a la mala educación, decía ella, solo a la educación a secas. Porque la educación era para ella un elemento neutro, una mercancía como pudiera serlo el caviar de Beluga, las pipas de girasol o el carbón de Silesia y Pomerania. La profesora Tobago manejaba la educación como los tenderos manejan la mercancía: a tanto el kilo o a tanto el metro. Doctora en Pedagogía del Esperpento por la Universidad de Disneylandia, estableció en su primera y muy recordada reforma que los huesecillos del oído interno serían denominados desde ese momento como panza, redecilla, libro y cuajar, mientras que las partes del estómago de los rumiantes serían el yunque, el martillo y el estribo.

Pasado el primer estupor general de los veterinarios y acalladas por sordera administrativa las quejas del colegio de otorrinos, Trinidad y Tobago supo que lo suyo era hacer reformas educativas por encargo, sin importar la ideología del gobierno contratante ya que concluyó que a todos les daba un poco lo mismo el resultado de sus reformas con tal de que fueran peores que las del anterior legislador. Conseguido dar el primer paso en contribuir a la ignorancia de los estudiantes y la sociedad, un criterio fundamental para ser ministro de educación de cualquier país, la doctora Tobago amplió sus horizontes reformadores.

Después de doctorarse en Geografía Especulativa por la Universidad Pontificia de Perlora, reformó los libros de texto de esta materia pasando a ser Nueva York la capital de España, siendo los sanfermines fiesta de interés nacional en Ceuta y Melilla y determinando que el Ecuador pasaría por una finca que sus suegros tenían en Ciudad Real, provincia de Huesca, estado de Minnesota del Sur.

Ya lanzada en la reconversión profunda del sistema educativo, Trinidad y Tobago consiguió que  “el tanto por tanto, pitusa” pasara a convertirse en la regla básica y universal de las matemáticas escolares, y el “pelín” en la medida básica universal de todas las longitudes, volúmenes y distancias, quedando el metro para desplazamientos suburbanos de personas con pocos recursos. La reforma de las matemáticas se amplió meses después determinando que los múltiplos del “pelín” fueran el pelo de un calvo para dimensiones un pelín mayores que el pelín, el mogollón, equivalente a muchos pelinos, el mazo, equivalente a muchos mogollones, o el pila o la pila, unidad de medida equiparable a infinidad de mogollones. Siguiendo las piadosas recomendaciones del cardenal Amable Alimaña, prefecto de la Congregación para el Analfabetismo Mundial y la Fe y siendo ya ministra sin cartera, Trinidad y Tobago decretó que la Religión sería, además de asignatura curricular y obligada, una de las ciencias exactas. De esta manera la Santísima Trinidad comenzó a representarse como el número “pi” y los niños debían saber multiplicar los panes y los peces para pasar la reválida.

Ya retirada de la política, Trinidad y Tobago ha fundado una universidad privada financiada por varios fabricantes de piensos compuestos para mascotas y a la que diversas instituciones europeas de muchas campanillas encargan anualmente la elaboración del informe PIS.

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