Bichos

Acaban de abrir en Holanda un zoológico de microbios. El recorrido por este recinto en el que se congrega lo más selecto de la porquería más útil de la Naturaleza, permite comprobar que lo más importante de las cosas que ocurren en el planeta no lo protagonizan las ballenas o los elefantes, sino unos microorganismos con misiones tan variadas e importantes como ser capaces de fermentar el queso, producir antibióticos, biocarburantes o hacer que se pudran los cadáveres. Solo en nuestra boca viven unos 700 microbios, para que se hagan una idea. Los promotores de este zoológico para microorganismos quieren que se sepa que la Tierra sigue funcionando gracias al trabajo callado y desagradable pero imprescindible de estas criaturas que no se ven pero se sienten. El sistema sigue adelante gracias a que los bichos hacen el trabajo sucio y ya nos han advertido que el día que dejen de estar ahí habremos perdido un elemento fundamental de nuestro ecosistema. No hay más que ver en qué se han basado las carreras de gentes como Arias Cañete, Mas y Pujol, Carlos Fabra, Matas, Urdangarín, Felipe González o Aznar, entre otros. El tiempo y otros acontecimientos nos ha permitido comprobar que la mayor parte de su trayectoria de apariencia inmaculada se ha sustentado gracias a la labor de zapa de microorganismos casi invisibles que han sido capaces de generar en sus subsuelos y entornos un nivel de podredumbre suficientemente controlado como para mantener un ecosistema muy equilibrado en el que los fondos reservados, las subvenciones auto concedidas, el dinero negro, el intercambio de favores, los chanchullos, las puertas giratorias y los tratos de favor han consolidado unas carreras sospechosamente eternas en lo político y obscenamente pingües en lo financiero. Todos ellos son millonarios y aforados a un tiempo porque han cultivado durante décadas unas activas colonias de microorganismos capaces de metabolizar en billetes de 500 euros cualquier cargo público. A veces se levanta un ligero olor a podrido en el ambiente cuando un juez o alguna instancia superior meten el palo bajo la alfombra, pero el ecosistema nunca se altera. En Holanda estos bichos pueden verse en un zoo. En España se dedican a la política.

Anuncios

Coleta

Cuando Felipe González regaló la expropiada Galerías Preciados al millonario venezolano Gustavo Cisneros, debió pensar que aquella era su máxima contribución a la revolución proletaria tras la expropiación de Rumasa. Felipe González, tan amigo de Venezuela en aquellos tiempos en los que escuchar a Violeta Parra y Quilapayún era sinónimo de progresía, ha salido de su madriguera por segunda vez en pocas semanas para sumarse al coro de sabuesos que hozan en todas grietas posibles buscando cualquier forma de desacreditar al partido “Podemos” y su líder, Pablo Iglesias. Las simpatías de Iglesias por la Venezuela y Cuba actuales no son del agrado de González, tan americanista en sus tiempos, tan fumador de Cohíbas regalados por Fidel. Felipe ha dado un paso más en la elaboración de la teoría enunciada por él mismo acerca de la coalición universal PP-PSOE. “Podemos” ha hecho un nuevo favor a la democracia convirtiéndose en el reactivo que nos ayuda a visualizar con claridad de que están hechos los cimientos de nuestra democracia. Iglesias y los suyos, más de 1,2 millones de votantes que no merecen todo el respeto de los que reparten los carnés de demócratas, son desde el lunes el enemigo común que va a terminar por unir para siempre a curtidos socialistas con toda la carcundia neofascista de foros y tertulias, más dispuestos a coincidir con los Le Pen en el club de campo que con los “Podemos” en la cola de Alcampo. Alcampo es el supermercado francés en el que, al parecer, compra sus camisas Pablo Iglesias, detalle que da al estilismo indumentario del neonato político un toque proletario de extrarradio, como una traducción actualizada de cuando Felipe y los suyos vestían de pana y lucían patilla de hacha recorriendo los pueblos en un “cuatro latas” para captar el disputado voto del señor Cayo. Hace tiempo todos estos se han cortado la coleta, justamente cuando las coletas vuelven a cotizar en política.