Carrillo

Cuando los políticos se vestían por los pies y eran personas antes que personajes, cuando pensaban por sí mismos y se atrevían responder a las preguntas de los periodistas en las ruedas de prensa, hubo gentes como Santiago Carrillo. Eran aquellos tiempos casi olvidados en los que el personal se sabía de memoria la alineación del Sporting y la de los cabezas de cartel de cada partido. Eran tiempos en los que aún era posible creer que la actividad política no era un nido de víboras y los ministros iban por ahí en un Seat milquinientos rescatado de los restos del Parque Móvil de Ministerios de Franco. La transición se inventó para salir de aquel pozo de miseria, ignorancia y miedo llamado dictadura y para hacer la complicada tarea se arremangaron tipos como Santiago Carrillo, llegado del bando de los perdedores, con la peluca del exilio y la dignidad blindada de quien había cancelado sus cuentas pendientes con la Historia. Sin empacho para sentarse a hablar con franquistas reciclados, tecnócratas de cuello duro y socialdemócratas de misa de doce, el diablo rojo que nos pintaban algunos curas y ciertos artistas de brocha gorda con residencia permanente en las cavernas de la carpetovetonia peluda, Carrillo se nos reveló como un paisano con un sentido común por encima de la media nacional, ganas de hablar, pactar y avanzar. Fumador impenitente y gozador del tabaco como lo fueron Tarancón, Suárez o Felipe González, Carrillo se insertó cajetilla a cajetilla en aquel proyecto de otra España que aún no se ha terminado del todo. Esos políticos que, como Santiago Carrillo, se vestían por los pies y no necesitaban asesores para protegerse de la realidad, fueron seres humanos antes de pretender ser “figuras emblemáticas de la transición”. Carrillo ha muerto consiguiendo ambas cosas y dejando un hueco enorme en nuestra capacidad nacional de reflexión, diálogo, compromiso social, ironía, altura de miras y capacidad de superar la visceralidad genética que nos empuja a guerrear a bastonazos cada medio siglo. Descanse en paz.

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