Sin vosotros

Puede que sea cierto que el Señor está con vosotros, pero el obispo auxiliar no lo estará. Al menos no estará en Gijón, la mayor ciudad de Asturias, ya que monseñor Menéndez vivirá en Oviedo como ya hizo saber el mismo día que comparó su pasmo al saber que sería obispo con el de la Virgen al recibir a San Gabriel. Qué embarazoso. Dios está en todas partes, al parecer, pero el nuevo mitrado prefiere quedarse en Oviedo, confirmando la marcha atrás de este arzobispado inició en 2005 y en lo que a descentralización se refiere. La verdad es que a uno se le dan una higa las presencias episcopales, pero tan cierto como esto que pienso es que Gijón ha sido desde hace mucho tiempo escenario de una actividad eclesial intensa y en muchos casos inspirada por la cercanía de los católicos a la realidad social de todos los pelajes, a ese “bajar a la calle” que recomienda el Papa Francisco a sus lugartenientes. Gabino Díaz Merchán, hoy arzobispo emérito, entendió bastante bien que el papel de la Iglesia en Gijón era diferente pero importante para estar cerca de otros colectivos, no siempre complacientes ni amigables con el mensaje eclesial, pero dispuestos a dialogar sobre el presente y el futuro de la sociedad asturiana. La tertulia de los curas del Bibio, las Conversaciones de Pastoral Obrera o los Encuentros de Cristianos de Base fueron algunas de las aportaciones del catolicismo playu al cotarro eclesial astur. También lo fueron nombres propios de curas cercanos a la gente como Eduardo Gordón, José Manuel Bárcena, “El Peque”, “Pin” Fonseca, Alberto Torga, Candido Viñas, José María Bardales, José Luis Martínez, los hermanos Fernando y José Manuel Fueyo, o Chema Hevia, por citar algunos nombres. Esa fuerza propia y de intención evangelizadora aconsejó a don Gabino Díaz Merchán convenir que el obispo auxiliar de Oviedo residiera en Gijón. José Sánchez y Atilano Rodríguez, enviados luego a convertir infieles a otras diócesis de la piel de toro, ejercieron buena parte de su episcopado en la villa de Jovellanos sin descuidar por ello sus obligaciones pastorales con el resto de Asturias. Los católicos de esta ciudad agradecieron el detalle porque sintieron que lo que se hacía a este lado del Cantábrico tenía idéntico valor a los ojos de Dios y del arzobispo que lo rezado y predicado en Oviedo. Por desgracia esta sana y evangélica costumbre parece haber pasado a mejor vida, al olvido eterno, al limbo de los justos, todo triturado por la tenaz pereza de la Iglesia a innovar, a explorar territorios y realidades nuevas, a salir fuera de las murallas conocidas y recorrer los caminos en busca de los otros como hizo el fundador de esta milenaria y cada vez más cerril y lejana institución. El Señor estará con vosotros, pero el obispo estará sin vosotros.

Anuncios