Paquete

Joaquín Almunia es un paquete. Un paquete es, como saben, un ser inútil, mediocre, torpe, que tiende a molestar más de lo que es capaz de solucionar. Un paquete en el deporte es ese jugador (yo mismo) que entorpece el juego de los otros y acaba por meter los goles en propia meta. Almunia ha sido toda la vida un paquete, un torpe que jamás ganó elección alguna, que protagonizó uno de los hundimientos más solemnes del PSOE y que, como premio a sus desvelos políticos y capacidad de liderazgo y gestión, fue nombrado comisario europeo de los que se levantan más de 20.000 euros al mes. Nos creímos que si había algún español con la cabeza metida en la cúpula del poder bruselino, nos defendería de todo mal, pero lo único que sabe hacer es jodernos la vida en nuestro propio idioma. Y ahí le tenemos, gestionando nada menos que una decisión de la UE que acabará con la vida del sector naval español en general y del asturiano en particular: la devolución de las ayudas o “tax lease”. Almunia, el paquete político que lleva chupando cargos desde 1979, reciclado en incompetente comisario de la Competencia, muestra como ya se ha olvidado de cualquier idea que tenga o que pudo haber tenido relacionada con la protección de la clase obrera (la que defiende su partido, al parecer) y no digamos nada de la cacareada “marca España”. Quien se lo iba decir a este grisáceo economista que llegarían tan lejos cuando tenía barba, era dirigente de la UGT, usaba camisa de cuadros y desafinaba cantando la Internacional junto a Nicolás Redondo. Paquetes como Almunia, beneficiados de la patada hacia arriba, socorrida estrategia utilizada por los grandes partidos políticos cada vez que tienen que quitarse del medio a un inútil, son quienes andan por ahí desgraciando la vida de los demás, vendiendo puerta por puerta el catecismo calvinista del neoconservadurismo más desalmado. Mientras el socialismo o lo que queda de él sigan en manos de paquetes como Almunia y dinosaurios como Rubalcaba, el PP y sus marcas blancas gobernarán hasta que se les caiga el chaleco. Ni siquiera tendrán que esforzarse en tomar las peores decisiones contra los intereses de España y sus sectores productivos. El trabajo sucio ya lo hace Almunia, ese paquete político que enviamos a Bruselas y que ahora nos viene devuelto como paquete bomba. Otro día hablaremos de paquetes políticos más próximos. Estamos rodeados.

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