Se paró la máquina

Su mejor aliado, su mejor máquina, el cerebro, se rompió para siempre y mató a Tini Areces por sorpresa. Se paró la máquina imparable cuando aún lloraba a su amigo Juan Cueto, consejero, cómplice y activista como él desde los tiempos de la mili en Monte la Reina, tal y como se ve en la foto que Fernando Poblet publicó en esa impagable biblia de la gijonesidad que es ‘La Guía indiscreta de Gijón’, editada por otro irrepetible como fue Silverio Cañada. Los de esta generación nos vamos quedando sin referentes y eso, además de una desgracia, es el aviso de que ya estamos en la cola para pedir el finiquito.

Tini Areces llegó a la Alcaldía de Gijón en medio de la tormenta. Fue tras una tensa asamblea del PSOE de Gijón en el teatro de la Universidad Laboral en la que entre acusaciones de pucherazo y tongo, la dirección socialista consiguió dejar fuera de la carrera preelectoral (aún no existían las primarias) a quien había sido el primer alcalde democrático de Gijón, el también socialista José Manuel Palacio. Tini llegó de la mano de los jóvenes del PSOE, Francisco Villaverde entre los más activos, que vieron en aquel ex comunista de mente rápida, voluntad de trabajo inagotable, y capacidad de cercanía con la gente corriente, al gran líder socialista para el futuro de una ciudad en la que iba a haber mucha tarea. Areces fue candidato y ganó las elecciones pero no consiguió la mayoría absoluta de su predecesor. Nunca la tuvo como alcalde de su ciudad y eso espoleó aún más su pasión por hacer política, por negociar, convencer y pactar. Siempre lo consiguió.

Su carácter enérgico, empecinado incluso siempre que la idea merecía la pena, no obstaculizó su capacidad negociadora con el resto de las fuerzas políticas y con la mayoría de los sectores sociales a quienes supo atraerse. Porque más allá de ser recordado como el alcalde que patrocinó y lideró los mayores cambios de la historia de Gijón, Areces deberá pasar a la historia local como el primer político democrático que pensó a lo grande (a lo grandón según marcan los cánones antropológicos del gijonesismo) y sacó adelante proyectos con vocación de transformar la ciudad desde las raíces, no solo en la superficie. Su gran amigo Juan Cueto, fallecido dos días antes, llamaba a esto mentalidad ‘glocal’, la mezcla de lo global y lo local, y Areces repitió muchas veces ese ‘mantra’ en sus discursos: pensar en global y actual en local sin poner puertas a la imaginación. El primer gran plan de saneamiento de Gijón, la recuperación de todos los terrenos de la Tesorería de la Seguridad Social en Gijón que hoy son el campus universitario, la ‘Milla del conocimiento’ y el campo de golf municipal de la Llorea, fueron iniciativas en las que, detrás de las apariencias, de las cifras, de la novedad de los planteamientos, latió siempre un concepto de ciudad moderna y preparada para los retos de un siglo nuevo e incierto a los que ya no se podría enfrentar solamente con el carbón, el acero y los astilleros.

Vicente Álvarez Areces cambió la piel de Gijón pero su objetivo era cambiar el espíritu colectivo de los gijoneses, renovar la fe cívica en las posibilidades de una ciudad que veía morir una época y se encontraba sin recursos ni ideas para enfrentar la siguiente. La dura reconversión industrial de los años 80 y 90 que se llevó por delante los sectores naval y textil de Gijón, cientos de empresas auxiliares y que afectó a todos los sectores de la ciudad y de forma muy profunda al estado de ánimo colectivo, era enfrentada por Areces y su equipo en todos los frentes posibles, pero sobre todo sobre la base de que a cada crisis era imprescindible responder con un nuevo proyecto, seguir adelante encontrando otros recursos de Gijón que hasta la fecha eran secundarios, pero que la historia llamaba a colocarse en vanguardia. Por eso al crear dos nuevas playas y una nueva zona urbana en lo antes era el lodazal de Poniente, rehabilitar El Muro, empujar el Puerto deportivo promover los parques de la Providencia y el Cerro recuperando los terrenos militares costeros, y coronar todo ello con el Elogio del Horizonte fueron un órdago gijonés y arecista contra la mentalidad pequeña y amedrentada de quienes tuvieran la tentación de dejarse consumir en el desguace de una época de empresa pública. El entonces alcalde fue agredido en el acto de inauguración del Elogio del Horizonte, una bofetada que era símbolo de la convulsión gijonesa del momento, pero esa obra retadora, futurista y rupturista, en su día denostada y calificada de despilfarro, es hoy el orgulloso símbolo de esta ciudad y el recuerdo de la bofetada de Areces al Gijón decaído y en blanco y negro.

‘Tini hizo mucho’. La frase se escuchó, se escucha hoy y se escuchará durante años en Gijón y porque excepto para los conspiranoicos, adoradores de su propia mediocridad, convencidos de su presunta superioridad moral, cainitas y amantes del ‘cuanto peor, mejor’, es una realidad. Pero quizás sea un peligro quedarse en la hiperactividad de un político que quiso otra ciudad y que para ello se ocupó desde la recuperación de la arqueología hasta el impuso de la Semana Negra. Esa hiperactividad iba más allá del simple ‘hacer e inaugurar’ porque lo que quiso y en parte consiguió el alcalde Areces fue renovar el alma de Gijón por dentro y hacerlo contra viento y marea, no siempre con el aplauso de todos porque el mal llamado grandonismo de Areces, era capaz de suscitar grandes adhesiones y tremendos rechazos. No dejaba indiferente a nadie y esa condición le hizo conseguir un enorme tirón electoral, casi populista en ocasiones, una tremenda popularidad en los barrios de Gijón y, tener a la vez, enemigos íntimos, incluso en su propio partido, que siempre buscaron resquicios en su gestión política y aún en su vida personal para tratar de tumbar lo que durante años fue un indiscutible bastión electoral socialista y uno de los gestores más prolíficos, imaginativos y trabajadores que ha dado la política.

Ha muerto uno de los políticos mejor amueblados y engrasados de los últimos 50 años en España, activo hasta la exasperación para quienes trabajaban con él, pertinaz en sus ideas, hiperactivo, contundente, y siempre optimista. Su complejidad política y personal, su intensidad, su legado y sus proyectos deberán ser ahora analizados con sosiego, sin la inmediatez de la lucha política a la que ya transciende su memoria de político y ciudadano comprometido. Ha muerto quien siempre dijo “hay que seguir”. Seguiremos.

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3 pensamientos en “Se paró la máquina

  1. Me gustó mucho tu tu “despedida” de Tini. Lo que dices hay que decirlo, es lo que pensamos muchos.
    Los que tuvimos la suerte de trabajar con él, y de tenerlo como amigo, sabemos
    muy bien de su valía, de su enorme capacidad de trabajo y de su capaciidad de empatizar con la gente. Personalmente estoy muy afectado. Se fue un gran amigo y eso duele mucho.

  2. Muchas gracias por tus palabras. Estoy seguro de que mucha personas han reconocido en tu post al Tini Areces que conocían.

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