Amor y derivados

El amor está sobrevalorado. Como lo estuvieron los muebles de metacrilato, ciertos escritores, las deconstrucciones gastronómicas, algunos poetas oscuros, la Navidad, la democracia, y lo siguen estando las perogrulladas de Paulo Coelho, el grafiterismo en general y las redes sociales. El amor es un compuesto de una química tan compleja que todo el mundo ha tirado la toalla tratando de darle alguna definición seria. La humanidad se ha conformado con hablar de amor rellenándolo de adjetivos como se rellenan los pavos. En el amor suele darse una enorme importancia al envoltorio y las apariencias, ya que el contenido es, por lo general, volátil e inconsistente, como un gas o un perfume muy caro que apestan al principio y que en poco tiempo solo dejan un rastro imperceptible y una melancolía venenosa. El amor y la felicidad (que muchas veces se confunden) son como el opio, una flor cabrona de apariencia bucólica, pero muy productiva y de la que se extraen gran cantidad de subproductos tóxicos. De la flor del amor destilada surgen drogas legales como el matrimonio, la pareja en variantes casi infinitas, la familia, la pasión y la ternura, equivalente esta última al amor cuando ya es solo una zapatilla gastada.

Drogarse con amor está bien visto por la sociedad porque aunque produce efectos parecidos a la cocaína o la marihuana, su tráfico no está penalizado y sus procesos de desintoxicación no causan gastos al Estado. El amor es una droga dura que lleva a tomar decisiones que no siempre resultan acertadas, algo parecido a gobernar un camión de 20 toneladas cuando se va de coñac hasta las trancas. Decidir por amor es como conducir borracho, pero no te quitan el carné de ser humano por hacer esa barbaridad. Uno puede casarse y divorciarse las veces que pueda sin miedo a quedarse sin puntos en el carné vital y, además, y si usted teme al infierno, existe también ese fabuloso invento de la anulación matrimonial que ha inventado la Iglesia, una especie de ‘ojo de halcón’ ( ¿será ‘ojo de paloma’ en este caso?) de las alcobas que pone el marcador a cero para un nuevo punto de set y te devuelve el carné de soltero en toda su inmaculada concepción original.

El amor es pensar con las hormonas en vez de hacerlo con las neuronas, es la gran cortada universal que ha cobijado dictadores (amor a la Patria) y criminales (la maté porque era mía), que circula descontrolada, que se confunde con la necesidad, con el despotismo y la propiedad privada. El amor raramente mejora con los años y, como pasa con el deporte, es una actividad que debe practicarse mientras se es joven. Y uno se hace mayor.

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