Silogismos del Toma 3

No entender nada es una forma de sobrevivir. Sobrevivir es una variante de no entender. Entender y sobrevivir son una forma de sufrir. Sufrir es una forma de entender. Sufrir es una ordinariez. Vivir es una ordinariez sufrida sin principio y sin final. Entender, ignorar sufrir, vivir… Puntos suspendidos.

Una mujer enseña un hombro sin querer. El sexo es una mujer con un hombro desnudo sin querer. El sexo sin querer es un hombro de mujer frente a un hombre desnudo o vestido, queriendo o sin querer, que ve de pronto el sexo de esa mujer a la que no conoce.

Este es un café de artistas y de autistas y de entrevistas y de avistadas. Artistas que escriben o miran como autistas y creen limar así las aristas de un día más sin arte, ni parte, ni oste, ni moste, sin avistarla y sin entrevistarla.

Este es un café sin leche y con vino. Café con alcohol que el arte destila hacia el hígado del que cree ser artista limando su pronunciada arista de mediocridad, arista que se pronuncia con las vocales muy afiladas, vocales que cortan la boca. Juegos de palabras, fuegos con palabras artificiales que no son reales hasta que no se posan sobre un papel. Lleva uno las palabras al bar, las lleva en la cabeza flotando, como se llevan los peces de colores en esa bolsa que te dan en las tiendas de animales. Y esos peces no son de verdad ni están seguros hasta que no nadan en la pecera, así las palabras no están vivas hasta que no navegan en el papel.

Llevo en la cabeza palabras embolsadas como peces de colores que suelto en el mismo bar al que otros llevan sus perros de compañía y sus novios amaestrados. O viceversa.

A veces no hay nada como ponerse a contar simplezas de peces de colores en un bar para darse cuenta de que uno no sabe escribir ni lo más elemental. Suelto peces en el bar y hay que soltarlos en la mar. Escribo, pero debería ser analfabeto. Todo al revés.

Rafa Testón- Rafa Tesón, con buena letra.

Siempre me resultó interesante la gente que sabe tanto de literatura como de fútbol y que, además, es capaz de hablar de ambas materias con la misma solvencia y conocimiento, pasión y, muy importante, ausencia de afanes proselitistas. Rafa Testón (Rafael Gutiérrez, como se dirige a él Javier del Pino cuando lo lleva a la Ser de Madrid) es un librero profesional en la mejor acepción posible del término, y un sufridor del fútbol que escribe sobre sus cuitas en los periódicos hilando tan fino como Manuel Vicent lo hace al hablar de habas tiernas y dioses del Olimpo. Rafa es Testón y pudiera ser Tesón de apellido como ya lo es de actitud ante la vida, y la complicada tarea que es ser librero en los tiempos de e-book. Tiene Testón el tesón diario de vivir con la mejor letra posible, escribiendo cada jornada con caligrafía muy legible para sus semejantes siendo una excelente persona, un tipo generoso y atento, que generalmente está de buen humor, al que siempre me encuentro caminando a paso largo, yendo a la compra o a la lavandería, y que sonríe de una acera a otra lanzando un destello de humanidad y simpatía de los que tan necesitados andamos en estos tiempos de mosqueos generales.

Rafa Testón que iba para filólogo pero prefirió vender letras a analizarlas, pertenece a la nueva generación de libreros gijoneses que han salido en apoyo del bastión irreductible que siempre fue Paradiso y que, por suerte, contribuyen a dar oxígeno a ese viejo comercio de papel escrito que, aunque casi siempre herido y convalenciente, jamás desaparecerá mientras haya profesionales como él y como otro puñado que aún levantan la persiana cada día, confiados en los atractivos de Cervantes, Chejov, Rosa Montero, Laura Fjader, Menéndez Salmón, Eduardo Mendoza, Paco García Pérez, los libros de Pascual Ortiz, editor, e incluso y a años luz de distancia, Jaime Poncela, si me permiten la humorada y por meterme de rondón en esta estantería en la que sobro.

Rafael quiere hacerse perdonar el irremediable hecho de haber nacido en Oviedo, y lo intenta bañándose en el Cantábrico de La Escalerona muchos días al año, y corriendo por el Muro hasta haber conseguido esa planta espigada de atleta casi etíope que expulsa sus demonios personales y comerciales desfogando adrenalina por las aceras, razón por la que generalmente está de buen humor y arranca la sonrisa a un cuarto de vuelta. Luego abre la tienda, su librería ‘La Buena Letra’, y mientras atiende a clientes, paseantes, visitantes, realquilados, refugiados culturales y pelmazos, va leyendo todo lo que cae en sus manos para convertirse en uno de los mejores consejeros literarios que uno ha conocido. Rafa es un fino descriptor y prescriptor de literatura, y tiene un ojo infalible para recomendar libros, de manera que si usted quiere ligar con una moza que sea dada a la lectura no tiene más que recomendarle un título que antes le haya recomendado a usted Rafa Testón. Éxito seguro.

La librería ‘La Buena Letra’ es, por mor de la laboriosidad, imaginación y buenos contactos de Rafa Testón (para esta tarea también es Rafa Tesón), un foro cultural que atiende las curiosidades de todo el espectro lector que va desde los 3 a los 99 años, ya que para todos se organizan eventos, tertulias, presentaciones, conciertos, juegos y lo que se tercie. Fíjense cómo será que un servidor presentó hace años un libro en ‘La Buena Letra’ y aquella cosa acabó con todo el auditorio cantando ‘Asturias patria querida’ y degustando una exquisita empanada elaborada por la señora Testón. No digo más.

En un prólogo que Rafa tuvo la generosidad de escribir para el segundo de mis dos libros, decía que le gustaban mis escritos pero que a él no le gustaría ser Jaime Poncela. Y no sabe cuántas razones hay para hacer esa afirmación (la segunda). Yo, por contra, cuando sea mayor y con mucho tesón, me gustaría ser como Rafa.

Avisos

Te avisa la vida de que se acaba el depósito. Uno espera que la advertencia llegue con el cáncer, el infarto, el hostión en el arcén, la degeneración física, la desmemoria, la baba del ictus… Pero ocurre que los avisos llegan de manera más sutil, en forma de una nube gris que difumina cualquier optimismo, cualquier esperanza, cualquier confianza en el género humano empezando por uno mismo. Avisos de que tu tiempo se acaba son los números rojos sin plan de pensiones, que no te den crédito ni en los bancos del parque, aquel pasado que siempre fue mejor, el miedo permanente a un diagnóstico laboral maligno y terminal, el terror a la soledad, el frío que te entra por la espalda cuando suena el despertador cada mañana y hay que volver ahí, a seguir. Te has desgastado como un lapicero al que sigues sacando punta para poner el punto sobre alguna ‘i’ que ya nadie lee.

Te avisan del final cercano el miedo permanente a lo conocido y el desinterés por lo desconocido, los amigos que se van o los que quedan malheridos y arrastran cadenas más pesadas que las tuyas. Te avisa del final esa falsa euforia que solo consigue darte el ansiolítico que te sirven en la barra de la farmacia o esa copa que te ponen sin que la pidas ya en la barra del bar. Estas avisado de que el depósito entrará pronto en reserva o la maquinaria se irá oxidando cuando tienes ya más vida por detrás que por delante, cuando pensar en la muerte es a veces un consuelo, cuando las generaciones que vienen detrás son más listas, más prácticas, menos supersticiosas y sin miedos ni por lo civil, ni por lo militar, ni por lo divino. Ellos ya te han quitado el sitio, a lo mejor porque te has pasado la vida sin ser capaz de tener el tuyo propio y ahora ya no hay tiempo para construir nada.

Solo en mitad de un desierto que es el futuro. Oye los avisos.

Blasfemos y gilipollas

Las organizaciones cristianas ultraconservadoras dicen que la masturbación es una forma de aborto. Según los defensores de la familia y la dignidad humana, los hombres somos padres de paja, simples inseminadores a quienes se les caen los hijos al váter cuando hacemos pis. En cierta dictadura comunista la masturbación era considerada “adulterio manual”. Idiotas nunca faltan en cualquiera de los dos extremos del arco iris. Tenemos ahora en el escenario a un grupo de abogados cristianos que persigue con saña la blasfemia y, cómo no, el aborto.Siempre me ha llamado la atención esa necesidad que tenen algunas personas de adjetivar su profesión: abogados cristianos, jueces conservadores, peluqueros calvos, etc. Sería más divertido crear asociaciones de peluqueros conservadores, abogados calvos, o ateos cristianos. Yo mismo soy promotor de la asociación apátridas nacionalistas con el fin de aumentar el nivel de caos y estupidez en el que nos manejamos a diario hasta ver si esto revienta de una vez.

Viene esta digresión a que a uno le parece que poner las creencias de personales en la tarjeta de visita es poco profesional ya que, cuando menos, cabe sospechar que un abogado cristiano nunca llevará como es debido (iba a decir como Dios manda, pero no procede) una demanda de divorcio y se puede sospechar con fundamento que dedicará su profesión como arma arrojadiza en defensa de una relativa y sectaria justicia, no de la Justicia con mayúscula que, toga mediante, debería ser su único sacerdocio. Porque ponerse a perseguir blasfemos a estas alturas del partido es una actividad tan ñoña, vacía e inútil como la de considerar la masturbación una variante del aborto. Es un simple intento de volver al pais del gobierno de sotanas y uniformes y al nacionalcatolicismo de los primeros viernes de mes y la delación del descreído.

Cagarse en Dios, en dios, (hay dioses mayores y menores) o en cualquiera de sus divinas variantes es una actividad terapeútica que tiene más que vez con la frustración vital que con la teología. No sé si cagarse en Zeus, en Apolo, en Amón o en Thor y Odín es en puridad una blasfemia porque, claro, ¿en que dios del panteón grecolatino, egipcio o nórdico se caga uno cuando blasfema? Dios es un sustantivo genérico, una marca blanca que los abogados cristianos parecen querer apropiarse de mala manera. ¿Y que pasa cuando decimos que tal futbolista es un dios? ¿Si me cago en CR7 que es un dios de la cancha estoy blasfemando?.

Aconsejo a los abogados cristianos que se pasen por cualquier chigre asturiano con su talonario de multas modelo padre Astete y vayan denunciando a todos los ciudadanos que se cagan en Dios porque cierra Alcoa, porque cierran las minas, porque el tren no llega, porque el sueldo no alcanza, porque siempre ganan los mismos, etc, etc. Se pueden poner las botas los letrados que tanto endiosan a Dios. Puestos a elegir, uno prefiere soportar a un blasfemo que a un gilipollas. Que baje Dios y lo vea.