Corruptio optimi pessima

No sé si me produce más estupor el chalecito en la sierra de los jefes de Podemos o el numerito de someter a la votación de la militancia su continuidad en las respectivas poltronas tras cometer ese delito de lesa ideología que consiste en comprar las camisas en Alcampo y los chalés en la inmobiliaria que frecuentan De Guindos y la casta. Como el referéndum auto convocado para el lunes por esta pareja feliz tenga las mismas garantías que el que se perpetró en Gijón para autorefrendar el pacto con Foro Asturias de Xixón sí Puede, mucho me temo que el resultado va a estar más que cocinado. Estos finos estrategas no dan puntada sin hilo, nunca la han dado, de manera que en este lamentable espectáculo político-inmobiliario-conyugal tiene que haber gato en cerrado. O los señores de Iglesias-Montero quieren darse un baño de masas, blindar su autoridad por los siglos de los siglos y quedarse con el santo y la peana (el cargo y el chalé) tras obtener un masivo refrendo de su depurada y ordenada grey, o esta es una fenomenal disculpa para dar el portazo, irse al chalé a ver crecer a los gemelos remojando los juanetes en la pileta, y dejar que el invento morado lo gestionen otros. Si no alcanzamos los cielos nos conformamos con la piscina, deben haber pensado los chavales.

Este sainete parece uno de aquellos acertijos que Kiko Ledgar (que los improbables lectores mileniales me perdonen esta viejuna referencia televisiva) en los que el presentador del “Un, dos, tres” hacía sufrir a los concursantes (amigos y vecinos de Galapagar) con acertijos y trabalenguas para que eligieran un premio escondido que podría ser un apartamento en Marbella, un Seat 1430 o una calabaza. La diferencia entre Iglesias y Ledgard es que el líder de Podemos es presentador y concursante a la vez y sabe detrás de qué puerta está cada regalo, de manera que pase lo que pase, ellos siempre ganan. Ya se verá.

Cierto es que en un país lleno de chorizos y chorizas, puertas giratorias, licenciaturas falsas, tipos que se hacen llamar presos políticos o afirman estar en el exilio, sobres de dinero “b” y mucha basura más, debería ser anecdótico que dos diputados se comprasen un chalé de 600.000 pavos. Allá ellos con su dinero. El problema es que después de tanto tiempo dando la tabarra a todo dios desde una supuesta superioridad moral, desde la verdad absoluta, y anunciando limpiezas estalinistas hasta en las escondidas alcantarillas del Estado, no era esperable una cantada de este calibre y menos aún que sus protagonistas no previesen el efecto de la operación.

Uno lo siente por esos amigos que tiene que (cada vez menos) aún siguen creyendo que Podemos era la solución a la podredumbre política hispana y se han quedado de una pieza con este asunto del chalé. Una máxima clásica (perdonen la pedantería) atribuida a Tomás de Aquino sentencia que “corruptio optimi pessima” o sea que la corrupción de los mejores (o de quienes como tales se nos presentaron) es lo peor. Eso pensarán estos días gentes a las que también gustaría tener un casoplón en la sierra, pero no pueden y nunca se fiaron de quienes hablan de austeridad y solidaridad desde el porche de un chalé de los de a 600.000 la unidad. En cualquier caso, la política española está muy enferma y no parece que haya nadie capaz de ponerse al frente del equipo médico.

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