Molan mucho

Cómo molan estos chicos y chicas del catalanismo. Resulta que Puigdemont dijo que Europa estaba anticuada, gagá, podrida y que era parte del aparato represivo montado contra la sacrosanta patraña del independentismo. Dijo todo esto pero a continuación se largó de Erasmus póstumo a Bruselas, donde da conferencias en varios idiomas, se pasea con aire machadiano (ay no, que era un fascista anticatalán) y se autodenomina exiliado y preso político. Con dos cojones. Además se ha alquilado una casita de nada en Waterloo y parece que no tiene intención alguna de volver a España a enfrentar su propio Watergate y acabar en la cárcel de Estremera con el resto de compañeros mártires de la sardana y el castellet. Europa no era tan mala para Puigdemont, al parecer.

Pero mola más Anna Gabriel, la chica de piel cetrina, discurso pasionario, mirada retadora, flequillo batasuno y amplia colección de camisetas reivindicativas que ventilan la sobaquera con facilidad. Esta señora es anticapitalista pero se exilia en Suiza, que es cuna, tumba, biblia, diccionario, espejo, grial y filón del capitalismo más salvaje, depurado y sibilino del planeta; el sitio que aloja las fortunas de más dudosa procedencia y que debería producir vómitos y espasmos a la batalladora Anna Gabriel, tan antisistema ella, y ahora escondida en una caja de seguridad helvética junto al dinero de monarcas trincones, narcos, traficantes de armas y otras especies. Lo que hay que ver. Si Companys levanta la cabeza se autofusila.

Una anticapitalista en Suiza y un antieuropeo en Bruselas son una pareja tan esquizoide como un obrero de derechas, aunque me temo que estas paradojas que son tan llamativas para los de mi edad, los amargados pollavieja que todo lo criticamos, ya van a dejar de serlo para siempre, porque el postureo todo lo puede y la coherencia no pasa de ser una base de maquillaje muy etérea. Ya se sabía que todo esto de la estelada y la pajarita amarilla eran un camelo, pero hay por ahí mucha gente algo gregaria/borrega /simple que se lo sigue creyendo y que te miran mal si no lo crees tú porque ahora para ser progre basta con leer algún catecismo y escupir al que no se lo sabe. La progresía antisistema vive ahora en Waterloo y Suiza descojonada de la risa, mientras la ramplonería pseudoprogre que les jalea sigue pensando que los fascistas y los burgueses somos los otros, los que no merecemos carné de guais.

Ya lo dijo Forges: Suiza, patria querida. Lo decía por los evasores de capitales en crudo,  los que iban a la helvética cargados de collares de la abuela, candelabros y sacos de billetes de mil duros escondidos en el capó del milquinientos nergro. Ahora lo que se evade a Suiza son caraduras disfrazados de revolucionarios y visionarios. Cómo molan.

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Palabros y palabras

La mediocridad y el postureo imperantes a fecha de hoy en las opiniones públicas y publicadas, han convertido en asunto de gran debate nacional y enormes voces en castañeu el tema de si debe decirse “portavoza” cuando la portavoz es una moza (y olé). Desde que Carmen Romero (ex señora de FG) se sacó de la manga aquello de “jóvenes y jóvenas” en los felices e inocentes ochenta, no hemos parado de escuchar memeces parecidas desde las trincheras del feminismo atrabiliario que han sido respondidas con bobadas similares desde los reductos de machismo militante. (Nota del autor: los adjetivos empleados son intercambiables). Luego vino la generación de Bibiana (Aido, no confundir con Bibiana Fernández antes Bibi Andersen) con aquello de “miembros y miembras”, y rematamos ahora con la señora de Iglesias y su chorrada de la “portavoza”. Uno es de los que opinan que el idioma no discrimina, que lo que discrimina son las leyes, y la gente, y la cerrilidad, y la mala educación, y perder el tiempo en debatir gilipolleces, así que me hartan mucho estos coloquios absurdos y de una enorme vacuidad que solo sirven para enmascarar la falta de verdaderas ideas y proyectos con alguna chicha para conseguir que las tías ganen lo mismo que los tíos, para que dejen de matarlas a martillazos o de violarlas con la disculpa de que llevan minifalda y es que van provocando.

A uno le parece que este feminismo de chapita, babayada y ocurrencia no le hace ningún favor a las feministas y los feministos (si se me permite este palabro con el fin de dar visibilidad a los machos que no quieren ser machistas) que se toman este asunto en serio y pretenden llegar al fondo de asunto y cambiar de verdad alguno de los cursos de la historia. Convertir las legítimas reivindicaciones de muchas mujeres en una caricatura patrocinada por las ociosas señorías de turno, sean del partido, es pecado de lesa política y una frivolidad de gran tamaño. Casi tanto como quien ha pedido que se prohíba el sexismo en los disfraces de carnaval, siendo carnaval el momento del año en el que casi todo está permitido y casi nada se prohíbe.

Como dice mi amigo el señor Morilla, seguiremos discutiendo el machismo de los disfraces y el uso de miembra y portavoza, pero las mujeres seguirán ganando la mitad del sueldo de los hombres, que ahí está la madre del cordero. Y añado yo que esto es lo mismo que llevar una semana sin tren entre Asturias y la Meseta y seguir discutiendo sobre la oficialidad del asturiano. Palabros, palabras, mediocridad, postureo y todo así.

El tufo

En esta sociedad hiperventilada, hiperdesmadrada que cree que debe estar hiperinformada según y para qué, en la que es difícil diferenciar una tertulia sobre la Liga de fútbol, el Pleno del Congreso o una nueva entrega de Teletienda, a uno se le puede escapar un pedo en público pero no un guasap. A Rajoy se le escapó un preso en público, el preso Puigdemont que se fue con viento fresco a comer coles a Bruselas, hortalizas que, por cierto, producen abundantes flatulencias. Y resulta que en medio de esta comedia de puertas que se abren y se cierran, al señor Puigdemont se le jode el Erasmus póstumo del que disfrutaba con halo de héroe escribiendo guasapos en directo para Ana Rosa. Y tal que así, el olor que ha levantado el escape puigdemontino ha revelado que el nacionalismo catalán esconde un tufo a podrido que para sí lo quisiera Hamlet en Dimamarca, capital Conpenhague que es donde se le escapó el cuesco comunicativo a don Carles el periodista.

Y Mariano creía que iba a disimular que se le había escapado el preso trompetero haciendo “ejem, ejem”, más héteme aquí que llega el guapito de Costa el valenciano y dice que el PP naranjero era la sucursal de la cloaca máxima poblada por ratas del tamaño de un Mercedes Benz que llevan décadas escondiendo sus hedores bajo litros de fragancia de la cara.

Entre los presos, los guasaps y los corruptos que se escapan cada día en España no es de extrañar que este país huela a cerrado y a sucio. Y los que venían a limpiar el camarote se han quedado por el camino. Vaya tufo.