Hasta siempre, amigo Frules.

Mi hijo siempre te llamó “Frules” porque para él es difícil decir “Pruden”. Así que a tus 50 tacos pasados, mi hijo te volvió a bautizar como “Frules” porque eras su pizzero favorito; eras “Frules”, el tipo que durante años le puso en la mesa los plazos de espagueti boloñesa más descomunales que he visto y los helados de fresa mejor decorados y los cafés preparados con más cariño, y le dio los abrazos más sentidos que he visto entre hostelero y cliente. Todos terminamos por llamarte Frules. ¿Donde comemos? ¿Vamos a Frules? Y tú siempre nos reñías por llegar al Bocallino casi a las 4, pero luego siempre tenías para nosotros alguna sorpresa fuera del menú, unos mejillones a la belga o unas lentejas, o una bola de helado de mandarina aderezada con Aperol, y unos chupitos de Grappa por cuenta de la casa con los que salíamos alegres de ánimo y repuestas las fuerzas camino de la oficina después de una comida más en tu casa. Hasta la próxima que esta vez no llegará.

Desde hacía más de 15 años eras como de nuestra familia. La de las docenas de periodistas que, primero con Arturo Jardón en el Pomodoro y luego en Al Bocallino, fuimos buscando tu saber hacer, tu buen humor, tus broncas que terminaban en carcajadas y tus apretones de manos de paisano noble y currante, de obrero que se había buscado siempre la vida desde que dejó atrás el pueblín entre los montes de Ponga y Amieva en el que naciste. Bregaste primero en media Europa aprendiendo el oficio hasta recalar en Gijón donde después de mucho trabajo llegaste a consolidar tu propio negocio siempre lleno de clientes satisfechos que volvíamos una y otra vez. Te echaremos de menos, Frules. Te echaremos de menos los periodistas de la mesa redonda del fondo oscuro del local en la que estas últimas veces te sentabas con nosotros a descansar un poco y hacer unas bromas. Te echará de menos mi hijo, mi sobrino Álvaro, Carlota y todos los niños que se acercaban a ti en busca e una piruleta y te dejaban sus dibujos en aquella colección que colgabas con orgullo en la pared y que era cada vez más grande.

Te echaré de menos, Pruden. Tu muerte me ha dolido, nos ha dolido a todos por inesperada y brutal, porque nos ha llevado por delante a un amigo acogedor, a un profesional dedicado y, sobre todo a un buen paisano que, en realidad siempre quiso llamarse “Frules”.

Hasta siempre, hermano. Descansa después de tanto trabajo que hizo feliz a mucha gente que nunca te olvidará.

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