Mastropiero y la princesa

Con el premio Princesa de Asturias 2017, Johann Sebastian Mastropiero está ya y para siempre a la altura de Johann Sebastian Bach, un merecimiento tan justificado como sorprendente para un compositor que, pese a no haber existido nunca que se sepa, es autor de algunas de las obras más conocidas, tarareadas y aplaudidas de la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI. Mastropiero, ya inmortal en la memoria musical y humorística de generaciones, le debe todo a Les Luthiers, unos señores argentinos vestidos de smoking que le imaginaron, le dieron vida y le atribuyen todo tipo de obras, más de 200 interpretadas con unos 30 instrumentos informales e impecables. El repertorio llega desde la cantata barroca basada en un prospecto farmacéutico de un  laxante, los consejos místicos de Warren Sánchez, la sintonía para Fly Airwais, compañía aérea con un solo avión,  hasta el bolero “Perdónala”, plagiado de un tal Günter Fragher que, seguramente, sería compañero de farra de Johann en ese periodo de su vida oscurecido por el alcohol y que, según sus biógrafos, abarcaba desde las 7 de la mañana hasta la hora de acostarse. En ese aspecto tenemos algo en común.

Joahnn Sebastian Mastropiero ha sido en su vida el ardiente enamorado de la opulenta marquesa de Quintanillas, el autor de la oda al odontólogo Miles Flanagan o de la música para el homenaje al rijoso ginecólogo Von Uter; el mentor de Mario Abraham Korsklap o Johnny Little Bang, el alter ego de Carolino Fuentes, diestro con la lanza y siniestro con la guitarra, el creador de un ballet que une al repulsivo Roboflecto y el siempre dubitativo príncipe Basili (¿o era Vasili?), el inspirado de autor de la zarzuela “Las majas del bergantín”, una versión musical del teorema de Tales, plegarias a San Ictícola…. Johann Sebastian Mastropiero ha trabajado como un músico de color (negro) toda su vida y todas las vidas de los integrantes de Les Luthiers, consumiendo algunas por completo como las de Gerardo Masana, fundador del grupo y nieto de catalanes, o la de Daniel Rabinovich, insustiible para siempre y a quien hoy se añora de manera especial. Neneco estará en alguna parte del universo preparando una carta mal puntuada para agradecer el premio

Las princesas pueden ser caprichosas, como bien reza una composición de Mastropiero, pero a veces tienen su momento de esplendor y honran al bufón por los servicios prestados. Hoy ha sido uno de esos días regios en los que se ha premiado el humor intemporal, la genialidad, la ironía, el talento musical, la ironía sutil  y la refrescante sensación de que en el mundo hay aún rincones sin mezquindad en los que el cerebro funciona con absoluta libertad.

Johann queda ahora obligado a componer un himno conmemorativo que todos sus fans y cholulos en general cantaremos a pleno pulmón. Deberá titularse “Mastropiero y la princesa”. Enhorabuena, maestros.

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