Calvos

 

Hay días que al peinarme noto que quedan pegados al peine tantos pelos como ideas. Ambos se van por el lavabo abajo sin remedio. Antes, de más joven, me consolaba pensando que, con los años, me caerían los pelos, pero no las ideas; que quedaría calvo, aunque seguiría siendo inteligente. Pero la vida, que es tozuda como un reloj y para la que, como dijo el otro, el mañana es sólo un adverbio de tiempo, nos demuestra que la alopecia puede ser, y de hecho es, externa e interna.

He perdido pelo e ideas casi a partes iguales y no encuentro producto alguno que me permita recuperar matorral piloso ni materia gris. Me recomiendan crecepelos más o menos efectivos con los que abonar la parte externa de mi cuero cabelludo, pero nadie conoce un buen crece-ideas para la parte de dentro. Al que invente cualquiera de las dos cosas habría que darle el premio Nobel de algo. O sea, que lo seguro es decir que dentro de cien años todos estaremos calvos, pero lo probable es que nos hayamos quedado pelados de ideas mucho antes.

La vida en general y la actualidad española en particular, es tan repetida, tan putapénica, tan aburrida, tan poco sorprendente, tan gobernada por pelados mentales y tan dada a copiar sus propias mediocridades, que no da opción a que nos crezcan las ideas. Ya sabemos que, tal como van las cosas, se nos va a caer el pelo, pero lo que pone los pelos que nos quedan de punta, es pensar que también nos vamos a quedar mondos y lirondos de ideas. Pensaré más y me peinaré menos.

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