No molesten, patriotas

Los adoradores de los muñones de Millán Astray y otras reliquias, o quienes hacen residir la patria en las mangas de la camiseta del futbolista Piqué están de gran gala cada 12 de octubre porque se siguen creyendo los propietarios de la banderita de Marujita Díaz y toman café cortado con la leche de la cabra de la Legión. También están hoy encantados los que dicen que Colón debe irse de Barcelona porque han aprendido Historia sin hache y se creen tan en posesión de la verdad como los otros con tal de dar el cante. La próxima babayada será eliminar la estatua de Pelayo porque no respetaba la cultura árabe y era un imperialista. Todo se andará, queridos. Estamos rodeados de patriotas, algo que es molesto y siempre me ha puesto muy nervioso. Los nazis decían que cada vez que se oye la palabra cultura hay que echar mano a la pistola. Cada vez que oigo la palabra patria yo suelo echar mano al pasaporte y preparo la maleta por si se nos viene encima otra avalancha más de iluminados.

En este país que cada día se sitúa un paso más lejos de la inteligencia, la afloración de patriotas es tan preocupante como esas plagas de plantas invasoras que no dejan crecer nada más en el sitio en el que ellas echan raíces. Además, visto lo visto en los juzgados, vamos descubriendo a muchos veneradores fervorosos de la bandera que tienen la patria en la tarjeta black y para quienes el país de residencia ideal es un paraíso fiscal con bandera de conveniencia, como la de cualquier honrado pirata que robaba por encargo y a comisión en nombre de ideales superiores y altas instituciones. A más patria, más roña. Y a falta de ideas, de inteligencia y de proyectos reales para la gente real, lo mejor es andar a banderazos con las venas del cuello muy hinchadas, cantando himnos patrióticos y jodiendo la vida a quienes se quedan en la cama igual cuando hay fiesta nacional, sea de la patria grande o de la patria chica.

Uno siempre ha preferido a quienes confiesan honradamente que su patria es su sofá, su bragueta, su estómago, sus libros o su colección de sellos y que no andan por ahí haciendo proselitismo, desfilando a zapatazos y dando voces a deshora. A mí la patria me parece tan difícil de entender como la Santísima Trinidad, así que dejo los misterios para quienes los entiendan y a los patriotas les pido lo mismo cada 12 de octubre, o cada fecha señalada en las naciones varias: por favor, no molesten.

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