Parapolíticos

La belleza del esfuerzo, el tesón y la superación de los atletas paralímpicos nos ha permitido disfrutar durante unos días de otra forma de deporte, practicada por gentes completas pese a sus deficiencias, no por millonarios caprichosos y tarados dotados de musculaturas perfectas. Partiendo casi de la nada, los paralímpicos se esfuerzan por mostrar que son capaces de la superación constante y contra todo pronóstico, contra amputaciones y putadas de la genética o del mismo Dios, tan caprichoso a veces con sus amadas criaturas. Frente a la gloria de los paralímpicos, hemos seguido sufriendo la miseria y la fealdad de los parapolíticos, esos discapacitados con escaño, tratamiento de señoría con sueldo millonario, tablet gratis para jugar al Candy Crush y viajes pagados.

Los parapolíticos españoles no baten nunca otro récord que no sea el de la inutilidad, el escaqueo, la estrategia cortoplacista llena de cazurrería y guiada solo por sus propios intereses. Los parapolíticos elevan sus taras a la categoría de asuntos de Estado y tratan de convencernos de que sus balbuceos expresan ideas, de que su pereza es una fina táctica y de que sus amputaciones ideológicas son musculatura conseguida en el duro gimnasio de la ejecutiva federal o del congreso ordinario en el que se traban esas relaciones casi amorosas cuyos vástagos son estas generaciones de parapolíticos tarados por la endogamia.

En la paraolimpiada de Brasil hemos visto a los cojos correr, a los tullidos volar, a los ciegos alcanzar la meta con la yema de los dedos. Los tullidos baten récords y llegan a casa cargados de medallas. Los parapolíticos disputan sus propios juegos olímpicos cada cuatro años, como los otros, pero la diferencia es que mientras los atletas salen del estadio tras mostrar su poderío y afán de superación, los otros evidencian su incapacidad para cualquier cosa que no sea tener mayoría absoluta. Batiendo récords de gilipollez, despilfarro de medios públicos y soberbia permanente, los parapolíticos cobran por no trabajar durante meses mientras piden que les pongamos el listón cada vez más bajo porque esa será la única manera de, tal vez, saltarlo. Y así seguiremos. Tal vez dentro de otros cuatro años la olimpiada parapolítica registre el increíble récord de formar un gobierno. Algún gobierno parapolítico y solo capaz de batir su propio récord de inutilidad.

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