La sal de Gijón

La sal es mala para el organismo pero buena para la inteligencia. Ustedes creen que la sal es un compuesto químico, pero es un bar. Los bares son compuestos químicos en los que se mezclan las excrecencias salinas, potásicas, férricas o lo que sea de cualquiera de los clientes que pasan por ellos.. La sal de la que yo hablo es una que hace esquina en el Muro de San Lorenzo y Eladio Carreño.

Antes había en este local esquinado putas saladas y destempladas como el Nordeste, putas con puyas y remango que se iban de clientes cuando esta ciudad era un sindios presindical, anterior a las reconversiones, gobernado por socialistas amansados por Felipe y sindicalistas que cambiaron el Seat por el Audi en cuanto hubo ocasión.

Ahora, esta esquina que antes fue poblada por putas desabrigadas y desabridas, es una vinateria en la que se toman vinos por docenas y posiciones ideológicas por pasión, opción, o por lo que sea. La Sal de Jordi y Marta es un local de alterne variopinto en el que no hay miedo al futuro ni al pasado, en el que se alterna con lo mejor y lo peor de cada casa, se combina el tinto con el blanco, el sol con la sombra, el cielo con el infierno y la realidad con la ficción de ser parte de una ciudad en la que nunca pasa nada pero acaba por pasar de todo.

Jordi y Marta, el yin y el yang, las bragas y lo otro, las tetas y lo demás, son la humanidad desbordante, amena, graciosa y gijonesa en la que hay que entrar para no convertirse en un cliente más del pijerío reinante en las zonas de guía Michelín, de las áreas recomendadas por los pijos blogueros que creen ser la sal de la tierra y los descubridores de una ciudad que aún nos pertenece.

La ciudad salada.

Cuestionario cuestionable y descreído sobre la libertad de expresión

¿Puede un ciudadano denunciar a un periodista por considerar dañados sus intereses a causa de una información publicada? Sí. Los tribunales decidirán si hay base para la acusación o el periodista es inocente de cualquier actitud dolosa.

¿Puede un ciudadano denunciar a un médico por considerar que su actuación le ha perjudicado? Sí.

¿Siempre que se denuncia a un periodista se ataca a la libertad de expresión? No, ya que sería lo mismo que afirmar que quien denuncia a un médico ataca al sistema de salud.

¿Son infalibles los periodistas? No.

¿La verdad es siempre sinónimo de imparcialidad? No.

¿Todo lo público es igual a lo publicado? No.

¿Publican los medios todo lo que saben? No.

¿Puede una información por muy cierta que sea dañar los intereses de una persona afectada por esa noticia? Sí.

¿Tiene derecho la persona afectada por esa información a reclamar en los tribunales? Sí.

¿Tiene menos derecho a ello por ser político? No.

¿La vida privada de un político siempre condiciona su gestión? No. Los hechos de la vida privada de un político deben ser revelados en la medida que tengan influencia negativa en la gestión de los recursos públicos.

¿Está más expuesto a que se conozca su vida privada un político que otro ciudadano? Sí. Su tarea está expuesta al escrutinio público aunque ello no anula su derecho a denunciar lo que considere ofensivo o perjudicial para sus intereses.

¿Son los medios de comunicación los garantes absolutos de la libertad de expresión? No. Las purgas, ERES y despidos generalizados de los últimos tiempos en todos los grupos editoriales, debidamente maquillados ante la opinión pública, son ejemplo de ello.

¿Es la información una mercancía que, según se use, puede aumentar los ingresos publicitarios de los medios (por ejemplo, estar a bien con el partido gobernante para conseguir mejores partidas publicitarias en campañas pagadas con dinero público)? Sí.

¿Es el manejo grifo publicitario un método aceptado por los medios privados para “regular” su libertad de expresión? Sí.

¿Esa estrategia informativa/comercial se coloca siempre por detrás de la sagrada libertad de expresión? No.

A estas consideraciones perfectamente refutables añado mi currículo profesional. Más que nada por si alguien dice que no sé de qué hablo.

1984-1989. Redactor en Cadena SER-Radio Minuto.

1989-1996.Redactor en La Nueva España, delegación de Gijón.

1996-2006. Redactor y columnista de diario El Comercio.

Entre 1999 y 2001, durante una excedencia, fue director de comunicación en Emtusa

2006-2009. Jefe de prensa del Ayuntamiento de Gijón.