Juanín Arbués. Que ya no está.

juan arbues

En memoria de Juan Arbués Ortea 1955-2016. Profesor de Historia, escultor, pintor, autodidacta, conversador infatigable, analista agudo de cualquier realidad y amigo. Gracias a su familia por dejarme leer este texto en sus honras fúnebres. DEP

No nos hagas estas cosas, Arbués. No te mueras así, sin avisar. No te mueras a lo Panenka, amagando, diciéndonos un día que a ver si tomamos algo y muriéndotenos por la escuadra tres días después, y dejándonos a todos secos, sentados en el suelo con cara de bobos, sin entender por donde nos la han metido una vez más. Porque sabes ya a estas horas que nos engañaste a todos diciendo que todo estaba bajo control, y nosotros nos dejamos engañar porque no queríamos perder todavía a un tipo como tú que marcó a fuego en nuestro vocabulario palabras como furruncio o estroncio, que patentó para nosotros sobrenombres tan enormes como “el asombro del Piles”, “el espanto de Vidiago”, “el argayu de Candás”, “la que foza en Morcín”, “el tormento de Piloña”, que nos llamaba calambur, anacoluto o sinalefa, o que resumió la monotonía de los menús del restaurante en el que tanto castigamos el cuerpo y solazamos el alma bautizándolo simplemente como pizzería La Amalgama.

No estamos preparados para vivir como es debido sin tener cerca a alguien de tu especie, de tu extraña raza mestiza cruce de un San Julián de Somió lleno aún de señoras con mantilla y de la Ibiza más cruda, canalla y golfa en la que aprendiste de todo, especialmente a ser Juan Arbués para ejercer de él a fondo, hasta el mismo día en que se acabó este partido sin prórrogas en el que jugaste como un señor hasta el último minuto de descuento, dándolo todo, sin aspavientos, sin un mal gesto, sin tirarte a la piscina, sin más broncas de las necesarias con el árbitro aunque fuera casero, cegato, fondón y cabrón.

No es posible, Juanín. No te creo de muerto, esto es una broma. No puede ser que nos la hayas armado otra vez, adelantándonos como una insolación, como una instalación como una exhalación: como cuando compraste moto y la pilotabas como el mismísimo Barón Rojo; como cuando le enseñaste más matemáticas a mi hija en quince días que su profesor en todo un curso; como cuando nos presentaste a Puri con el orgullo de quien enseña un alijo de la mejor mercancía del mundo; como cuando hablabas de tus hijos o tus hermanos a la mínima disculpa; como cuando nos enseñaste tus excelentes botas para el frío de los pies que, sin embargo, me advertiste con tu risa cabrona y burlona que yo no debería comprar nunca porque parecería a don Pimpón el de Barrio Sésamo.

No me jodas, Juanín. Ven a reñir conmigo, a llevarme la contraria, a explicarme otra vez por qué Reus es la ciudad más fea del mundo o cómo era aquella ferretería de Tarragona, toda gris, llena de infinitos armarios llenos de cajones grises en la que cada empleado, vestido de gris, sabía ubicar perfectamente el tornillo que tú fuiste a comprar.

Este mundo que nos dejas para manejar desde ahora nosotros solos se va a parecer cada vez más a esa ferretería anodina en la que no queda un Juan Arbués capaz de contar con gracia las desgracias, de afinar la guitarra con unos alicates para tocar por Sabina o María Jiménez, de embrujar una sobremesa con una historia de una ex novia que, vengativa, vomitaba cada noche a la puerta del galán, de analizar lo que pasa en la Moncloa o en el Molinón con lucidez y sentido, de hacer un arroz cojonudo con una lata de bonito y dos dientes de ajo, de pintar Cimadevilla desde la ventana, de esculpir, de crear espacios con barras de hierro, de clavar de una sola imitación a un playu grandón que habla con la televisión en el bar Los Caracoles, de escribir, de huir de las multitudes pese a ser capaz de congregarlas, de ser generoso como pocos saben.

No fastidies, Juanín. Que hace quince días comimos garbanzos y bebimos vino de lo barato y tomamos guisqui de Segovia como si fuera Chivas mientras nos contaste a Chema a mi como toreabas con un paño de cocina a aquella abuela tuya, negra, zaína, mansa y ciega, que paseaba pasillo adelante y atrás disciplinando sus tripas mientras tú cuajabas faenas históricas con el trapo de secar los platos. Y qué verónicas, qué pases de pecho, qué naturales, Juanín. Tanto hemos llorado de risa contigo en vida que cada vez que lloremos tu muerte te veremos torear con un paño de cocina a la abuela y al llorar de pena y risa, al llorar de pura ausencia, pensaremos por donde se ha ido tanta vida junta y rompedora, tanto humor, tanto talento natural, tanto descaro tierno y tantas ganas de seguir en activo a pesar de las lesiones, de los malos fichajes y de las alineaciones indebidas, tantas ganas de seguir pensando que aún quedaban tardes de gloria por las que esta estafa tiene sentido.

Me callo ya porque esta palabrería de juntaletras herido solo tapa el silencio que deja la muerte cuando viene de visita sin que nadie la invite y se lleva lo mejor que había en casa.

No me gustan las necrológicas porque en el fondo parece que están escritas a mayor honra del vivo que las lee que a la del muerto a la que se dedican. Lo sé, Juanín, tú sabrás perdonarme una vez más más.

Juanín querido, por si te gustan más, hay unos versos de Serrat que me vinieron a la cabeza cuando supe de este desastre y no encontraba palabras propias para explicarme que coño estaba pasando una vez más, y cómo es posible que la última vez que te vimos estuvieras tan vivo aunque te morías sin decirlo. Van por tí:

Mis amigos son gente cumplidora

que acuden cuando saben que yo espero.

Si les roza la muerte disimulan,

que para ellos la amistad es lo primero”

Gracias por quererme, por dejarme compartir contigo parte de tu vida.

Hasta siempre, amigo.

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7 pensamientos en “Juanín Arbués. Que ya no está.

  1. Bien pensado, bien sentido y bien escrito. Cuánto lo siento.
    Lo de tener grandes amigos es una de las cosas mejores de esta vida.
    Una vez tuve un amigo que me parecía que era de verdad, de verdad de la buena, mitad inventado y mitad de verdad, pero amigo querido a más no poder.
    Pues lo perdí para siempre por mi forma de ser, por la distancia, por mis torpezas, por mis iras incontrolables, por mi egotismo adolescente que tengo que mirar a ver si me lo pueden arreglar.
    Cómo te entiendo, Jaime Poncela. Te tienes que sentir afortunado por este gran amigo que, aunque ya no está, te ha dejado la sensación de vida y de tardes de gloria por las que esta estafa tiene sentido.
    “Mis amigos son gente cumplidora que acuden cuando saben que yo espero”. Grande Serrat.

  2. Sublime y conmovedor pero siempre con ese sabor amargo final… Qué bien escribes Jaime! Tus artículos son de los que después de leerlos permanecen dando guerra en la cabeza… Un abrazo enorme!

  3. Preciosas palabras. Lágrimas en los ojos de sus amigos desde Ibiza. Brindamos ayer por ti Juan, seguro tú con nosotros, que viva el vino y las mujeres!! Calambur….

  4. Como bien dice estas hermosas palabras. Nos marco a fuego , por lo menos a mi, gracias a él descubrí la pasión de estudiar la historia y el arte , encendió en mi la llama de la curiosidad y como persona descubrí a una amor de personaje que siempre estará en mi corazón. Esta noticia me ha dejado helada. Hacia tiempo que no te veía pero ahora te echaré más de menos. Perrancanuzo!!!

  5. Descansa en paz Juan, fuiste un profesor excelente y súper enrollado, además de un hombre y amigo increíble al parece. Me siento afortunada de haberte conocido. Hasta pronto!

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