El cisne

He visto esta semana en Internet la historia de una señora que en su afán por hacerse una bonita foto con un cisne acabó por matar al pobre animal. La pose era lo importante de la foto, no el hecho de tener cerca a un bello ser vivo; que el elemento decorativo principal, el cisne, estuviera muerto, era lo de menos para la aguerrida tarada de la foto. La tipa aparece en el retrato con cara de imbécil satisfecha mientras agarra de cualquier manera al pobre animal muerto y desmadejado. Y mientras perdía el tiempo leyendo la enésima memez santificada y amplificada por Internet (solo superada esta semana por el sobaco sin depilar de la madre de Leonardo di Caprio en una foto familiar de 1970) mi enferma cabeza convirtió la imagen de la lerda y su cisne en un trasunto del debate nacional sobre la investidura del presidente del gobierno, de “un” presidente del gobierno, de cualquier presidente de cualquier gobierno. Los aspirantes al cargo o alguna parte del botín quieren salir guapos en la foto, posar junto al cisne de la democracia de la manera más favorecedora posible para ellos aunque para conseguirlo sea necesario arrastrar al bicho por las alas hasta que muera si ello garantiza el bodegón, aunque sea una naturaleza muerta.

Desde el 20 de diciembre hasta la fecha, Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias, ensayan poses con el cisne de la democracia para colgar en sus redes sociales y clientelares la mejor foto posible, la que les haga parecer los más demócratas, los que más han luchado por la libertad, por la igualdad, por la fraternidad y hasta por los cisnes. Faltaba más. Pero cuanto más tiempo va pasando y el cisne se niega posar por las buenas, más claro queda que de nada valen, que a nadie sirven ni el discurso decimonónico de casino provinciano y lleno de chascarrillos viejunos que se gasta Rajoy, ni las exhibiciones de superioridad moral de laboratorio de un Pablo Iglesias que se cree más infalible que el Papa, ni el extraño concepto de la izquierda que cocina el PSOE, empeñado en salir en la foto del bracete con Rivera, ese hombre.

Finalmente habrá foto, seguro. Tendremos gobierno, presidente y todo lo demás. Pero cuando eso ocurra, no olviden fijarse si el cisne está vivo o muerto.

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