Boboroloflexia

Emparentada con la papiroflexia y la globoflexia, la boboroloflexia es el arte que consiste en hacer composiciones inútiles e imposibles con materiales cotidianos después de darles muchas vueltas y dobleces. Algunos lo llaman también postureo o incluso demagogia. Yo lo llamo boboroloflexia, puro manierismo, arte efímero y sin alma que consiste en dar apariencia consistente a materiales frágiles con los que se construyen puras ilusiones que quieren aparentar solidez. Un papirofléxico hace pajaritas de papel con cuartillas usadas. Un globofléxico hace figuras con globos: perritos, paquetes escrotales, jirafas… retorciendo y anudando las burbujas de aire. Artes menores aunque muy celebradas, la papiroflexia y la globoflexia, entretienen, emboban y poco más.  

El boborolofléxico trata de deformar la realidad conforme a un peculiar sentido de la justicia, la oportunidad, la estupidez, la simpleza, la estética de lo vacío o de esa memez contemporánea que se ha venido en llamar “corrección política”. Recordemos Leire Pajín, una de las más destacadas representantes de la boboroloflexia política de todos los tiempos, cuando anunció que la coincidencia de Obama y Zapatero en sendos centros de poder era una pura y simple alineación planetaria de consecuencias imprevisibles para el Universo. Ya en fechas más recientes y territorios más próximos hemos asistido a ejercicios de boboroloflexia tan maravillosos como el practicado por varios concejales de Corvera que han decidido usar el género femenino en todas sus intervenciones públicas como manifestación, al parecer, de una presunta concepción del feminismo y la igualdad.

De los mismos autores o parecidos en cuanto a su inspiración se refiere,  hemos presenciado estos días en Gijón el ejercicio boborofléxico (frustrado, menos mal) que trató de despachar de un boborilazo el tricentenario nombre de la calle de la Merced con el único interés de practicar un ajuste de cuentas político y ratonero con la disculpa de honrar la memoria de un difunto. Y no digamos nada de la enorme construcción boborolofléxica que se está preparando con el enésimo Plan de Vías, un circo ferroviario de doce pistas con el que el todos los gobiernos quieren entretenernos cada cierto tiempo con la única intención de seguir sin hacer nada. Pura ilusión óptica, boboroflexia perpetrada con dinero público y la entusiasta colaboración de los medios de comunicación regionales, tan dados ellos a aplaudir los fuegos de artificio, las pajaritas de papel y las boboroloflexias más elaboradas con tal de que vengan adobadas con bonitos planos y dibujos en color.

La práctica de la boboroflexia crecerá en las próximas semanas de manera exponencial a medida que se acerquen unas nuevas elecciones, aunque la tentación de seguir manejando la política como un mero ejercicio de ilusiones ópticas a medio camino entre la tómbola y la arquitectura efímera jamás nos abandonará. Así nos va.

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2 pensamientos en “Boboroloflexia

  1. Efectivamente, querido Jaime, así nos va.

    Además, el grado del boborolofléxico es directamente proporcional al cargo que ocupa, a mayor cargo mayor grado de boboroloflexia.

    En cuanto al plan de vias, ese que ni tu ni yo ni seguramente nuestros descendientes vean finalizado, los planos me tienen completamente anonadado, cada día los entiendo menos, no se donde está una cosa ni otra, son cambiantes a más no poder. Con el tiempo igual podrían organizar una carrera de esas de orientación.

    Saludos Jaime.

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