Toros y ministros

Llamar arte a un espectáculo consistente en convertir en carne picada un hermoso animal mientras la gente se toma un gin tonic, es lo mismo que llamar político al Ministro del Interior o al presidente Rajoy. Todo es cuestión de perspectiva o de habilidad para las metáforas. La fiesta nacional española ya no son los toros. La fiesta nacional es desde ahora convertir en carne picada cualquier principio democrático, programa electoral o división de poderes. La fiesta nacional es cagarse en la cara de los ciudadanos y luego dar la vuelta al ruedo como si tal cosa. El espectáculo, promovido por el PP, se desarrolla en unos despachos tan llenos de moscas y sangre coagulada como hay en los desolladeros de las plazas de toros. Todo es mugre, tipos de fuman puros, llevan camisas de rayas desabrochadas hasta el pecho para enseñar su bronceado de chuloputas y el  medallón de la Virgen del Rocío, y se ríen del dolor ajeno con chulería grotesca de pintura negra.

Fernández Díaz practicando toreo de salón en su despacho con el robaperas de Rato, ha sido hasta ahora la faena más lograda del verano que se ha visto en este ruedo ibérico. Fernández Díaz, que recuerda un poco a Curro Romero en sus andares, se encerró en su despacho con un Miura de la ganadería de los Rato Figaredo, fino de pitones, muy toreado y con bastante peligro según se dice en varios juzgados y comisarías en los que tienen su foto entre las de los estafadores más selectos del hemisferio norte. Fernández Díaz, putero retirado y muy beato a la vejez como buen hidalgo español, es a buen seguro un enamorado del arte de Cúchares y un defensor de las banderillas de castigo que él mismo está dispuesto a colocar en todo lo alto del morrillo a los insolentes que se manifiestan a las puertas del Parlamento o donde la cosa es parar un desahucio.

El ministro este es uno de los diestros más reputados de la cuadrilla que lidera Mariano el Registrador y que tantas tardes de gloria está dando a la democracia española, un noble toro picassiano que se desangra herido a diario bajo la suerte de varas que sufre con cada nuevo caso de corrupción o cada vez que un ministro, movido por una vieja amistad trabada sin duda en capeas de juventud, se reúne con un delincuente (presunto, no vaya a ser) para ver qué es de su vida y, a lo mejor, para regalarle un abono de contrabarrera en Las Ventas desde la que ver juntos la próxima Feria de San Isidro. Este sigue siendo un país atrasado, sin civilizar como es debido, lleno aún y para rato de corridas de toros y sinvergüenzas, unidos ambos por un extraño vínculo que se hace cada vez más sólido en los palcos de los cosos taurinos, esos lugares con olor a habano, sangre, sudor y mierda, tan similar al que emanan los despachos y las acciones de ciertos ministros. Si los toros son arte y una reunión entre un ministro y un apandador es política, es que nunca he entendido nada.

Anuncios

6 pensamientos en “Toros y ministros

  1. Una pregunta, espero que no te moleste: tú que estás tan sensibilizado contra las corridas, ¿comes pollo? ¿tal vez ternera? ¿te gusta el marisco, ese que se cuece vivo, con la cabeza hacia abajo y a fuego lento para que sepa mejor? ¿te gusta el cerdo? O tal vez lo que te mola es ir a la tiendecida o al Carrefour a que te lo den muertecito, y tú no tienes mas que poner la sartén y comértelo, mientras clamas a los cuatro vientos contra las corridas mientras rechupeteas un ala de pollo, que es un animal que sufre y es esclavizado desde que nace hasta que muere, mientras que el toro vive libre en la dehesa.
    Más que nada te lo pregunto por conocer tu grado de honestidad. Porque yo soy taurino, pero me da más pena ver cómo matan a un corderito o a un cochinillo que a un toro. Que son dos animalitos adorables que yo no puedo comer, pero seguro que tú te hinchas de comerlos porque claro, el Corte Inglés te lo mata para tí y tú no tienes mas que romper el plástico y meterlo al horno.
    Aparte, tus metáforas me producen vergüenza por mucho que coincida contigo en el hecho de que Rajoy es un tontolapolla. Hay que currárselo más.

  2. Toribio, me enterneces: que alma dulce la tuya, incapaz de ver como matan a un cerdo, y al mismo tiempo sensible al placer estetico de un toro al que provocan, engañan, ridiculizan, apuñalan y atraviesan hasta que la sangre la chorrea por la boca a cada bocanada. ¿Como lo llamais a eso, en “argot taurino”? ¿Le dais “puntos” al torero si los cuajarones de sangre son mas copiosos?
    Una cosa es matar para comer, cosa que venimos haciendo desde que eramos bacterias, y otra cosa es recrearse en la crueldad. Una cosa es comer proteina, otra muy distinta convertir la tortura en una de las bellas artes y llamarla “fiesta nacional” y “tesoro cultural”. Y por supuesto subvencionarla, promocionarla e imponerla incluso en los países civilizados en los que nunca tuvo arraigo, como Galicia o Asturias.
    Te lo explico aunque se muy bien que lo tienes mas que claro y que te haces el tonto. Nunca hay que cansarse de dejar al aire la hipocresia y el cinismo.

  3. Muy bueno, comparto totalmente, lo que más detesto,es la chusma que vitorea, ríe, charla, etc. etc, mientras un individuo ” maestro” (que forma de manchar esa bella palabra )lo hiere,una y otra vez, los taurinos son lo más indecente que pisa Gijón.hacen pasar un calvario al toro y a los demás nos hunden en la vergüenza de pertenecer a una sociedad que tolera ¡¡ESO!!.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s