Virginidad

He visto en los papeles que Leticia Sabater se ha hecho un arreglo fino en los bajos para conseguir ser virgen de nuevo. Formidable, blanca, radiante, nueva del paquete  y bizca. Esto último no hay quien se lo arregle a la probina. Ella, una comunicadora nata, ha dicho textualmente que se siente “a estrenar”, como los trajes de novia de segunda mano o los cochecitos de bebé usados que se ofrecen en los anuncios por palabras. Resetearse la fañagüeta y sus aplicaciones se convertirá seguramente en una nueva moda de las señoras con posibles que desean sentirse jóvenes por dentro y por fuera, por arriba y por abajo. Cuando La Celestina y sus colegas remendaban virgos hace cuatro siglos no se imaginaron ni de lejos que su oficio artesanal terminaría por convertirse en una industria.

La tendencia del remiendo virginal llega también a Gijón en una faceta menos carnal, aunque no por ello menos grosera y hasta obscena. La alcaldesa en funciones, cirujana de profesión como es bien sabido, lleva desde el domingo por la noche proclamando su propia virginidad ideológica y política con el fin de ver si cuela para seguir chupando de la piragua otros cuatro años con el apoyo esta vez de Podemos y Ciudadanos, los pimpollos del baile de graduación que salen a la pista con ganas de arrimar la cebolleta al poder. Dice Moriyón que ella y Foro están “a estrenar”, como la entrepierna de Leticia Sabater. No sé lo que les  habrá costado a los cirujanos recolocar el virgo de Leticia Sabater, pero habrá sido seguramente un juego de niños comparado con lo que puede costar convencer a alguien de que Foro, Cascos y Moriyón son la representación viviente de la virginidad política. En los clubes de Regatas y Tenis no se habla de otra cosa.

Con tanta formación emergente salida de las urnas, el Ayuntamiento de Gijón parece el patio de un colegio en el que los veteranos quieren ligar con los jovenzuelos que llegan de nuevo. Las hormonas y las mayorías están muy excitadas estos días y la gente dice cosas muy raras. Moriyón se hace un Sabater y proclama que Foro es un flamante partido político, mientras José María Pérez (PSOE) va también de nuevo, de remendado, virgen de cualquier pecado socialista del pasado, y mártir en el caso de quedarse sin la alcaldía por la que abandonó su cómodo escaño regional. Los de la casta se hacen los puros, proclaman su castidad política, virginidad ideológica y juventud programática, se anuncian en los papeles como “políticos a estrenar” aunque ya tengan muchos kilómetros a sus espaldas o desprendan un inconfundible tufo a alcanfor que remonta a los tiempos de Fraga Iribarne. Todo para cautivar a los galanes de Podemos que se hacen los estrechos, revisan la mercancía, exigen pureza, piden dote y todo les parece poco. Ellos venderán cara su virginidad, aunque el día que la pierdan ya nada será lo mismo.

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2 pensamientos en “Virginidad

  1. Mucho y mucha “virgen” ha salido de estas elecciones. Pues nada, ahora toca bajar al pilón y rellenar las tinajas…
    Excelente. Un placer disfrutar de esta amena y nutritiva lectura.
    Un saludo desde Oviedo, que también tiene lo suyo (e irá teniendo, que la clientela ya parece que empieza a poner precio.)

  2. Bien. Un pelín respetuoso y correcto. Podías haber afilado mas la hoz. Pero, repito, bien, se deja leer.

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