Leontino Delicado

Leontino Delicado fue barman de palabras. Se ganó la vida haciendo cócteles de sujetos y predicados, mezclando nombres, adjetivos, verbos, adverbios y preposiciones con enorme maestría. Leontino sufrió de niño problemas de tartamudez y dislexia que consiguió dejar atrás gracias a una innovadora terapia de jarabe de letras que su madre le daba cada noche en orden alfabético y a cucharadas, siempre bien mezcladas con leche templada y miel. La señora Delicado quiso agilizar el proceso de curación de su hijo a base de la ingesta diaria de sopas de letras para cenar, pero tuvo que renunciar a este tratamiento de choque porque a Leontino le hacían daño los rabos de las eñes, llamadas correctamente virgulillas,  que se escapaban entre el caldo y cuyo tamaño hacía imposible su localización ni con un colador o chino de los más menudos.

El caso es que, gracias a estas terapias experimentales, Leontino delicado llegó a la edad adulta sin rastro alguno de sus problemas para hablar. Tal vez si aquel rey inglés tartamudo hubiera conocido la terapia de letras de la familia Delicado no habría tenido que aguantar a estrictos preceptores de la pronunciación ni a domadores de lenguas con frenillo. Pasaron los años y Leontino investigó la aplicación en adultos de las recetas caseras de su madre. Tras varios años de investigación consiguió patentar la fórmula del cóctel de palabras, un combinado para tomar entre horas o antes de las comidas que permitía hacer una perfecta digestión para después tragarse o después de haberse tragado, pongamos por caso, una reunión de trabajo, una campaña electoral, la bronca del jefe, un sálvame de luxe o cualquier tipo de amasijo indigesto de palabrería infame.

Los cócteles de palabras de Leontino Delicado eran mano de santo, infusiones milagrosas y personalizadas, porque había uno para cada ocasión en función de si el barman de la palabras usaba sujetos, verbos y predicados con mayor o menor índice de toxicidad. Por ejemplo, el verbo contraer estaba embotellado en un envase a prueba de balas a pesar de tener un aspecto de palabra inofensiva. A Leontino le daba mucho miedo que cualquiera pudiera combinar con igual soltura contraer el sida que contraer matrimonio. Este caso avalaba su tesis de que las palabras deben ser mezcladas con cuidado y consumidas por la persona adecuada en cada caso. Una mala mezcla de palabras podría ser mortal, como por ejemplo democracia orgánica, socialismo real, compañeros de partido,  amor eterno, movilidad laboral, crecimiento negativo, religión obligatoria o indemnización diferida.

A Leontino le gustaban más los cócteles de palabras ligeras y sin aparente sentido, cócteles para el aperitivo o digestivos para la sobremesa que sus clientes pedían a diario para  tomar o para llevar y a los que cada uno de ellos encontraba un sabor y unos matices diferentes que luego utilizaba para expresarse en su vida cotidiana. Entre los combinados más célebres  de Leontino Delicado, están recaudar orinales, trasegar fe, madre flauta, vender atmósfera, ponderar gallinas,  padre apocalíptico, suegra desnatada, salacot taquigráfico, espatulomancia irreversible, contratos epicenos, marido ranura, tierra tierna o hijos de la gran suerte, entre muchos otros.

Leontino fue condecorado con la estrella Michelín de la Real Academia de la Lengua estofada.

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