Porcentajes

Una cuarta parte de los españoles cree que sol gira alrededor de la tierra. Puede que sean los mismos españoles que votan al PP o al PSOE, dos partidos dedicados desde hace décadas a hacernos creer que la democracia no gira alrededor del pueblo, sino alrededor de sus siglas. La superstición, la ignorancia, algo de miedo y mucha desinformación siguen siendo los ingredientes favoritos de las campañas electorales en las que se pretende que el electorado vote para mantener una falacia tan grande aquí en la tierra como en el cielo.

Una cuarta parte de los españoles están en el paro. Allí los han llevado unos tipos que están convencidos de que todo gira alrededor del capitalismo navajero. Tal vez esa cuarta parte coincida con ese 25% de españoles que, según las encuestas, se manifiestan como “muy enfadados” en general. Creyeron, tal vez, que las decisiones de las instituciones girarían alrededor de las necesidades de los más débiles y cuando vieron que no era así, se enfadaron. Su cabreo es tan inútil como la fe del 25% de la población que cree que el sol gira alrededor de la tierra.

Y la OCU dice que un 25% de los españoles son adictos a sus smartphones, aunque no aclaran si son los mismos que votan al PP y al PSOE, o los que creen que el sol es un comparsa de la tierra. Su fe en la tecnología se debe, tal vez,  a que esperen ver llegar a sus pantallas alguna noticia que les haga abandonar el porcentaje de los que están muy enfadados o porque quieren creer que, en realidad, el universo gira alrededor de su teléfono, una parcela de realidad que es manejable por ahora. Tal vez la suma de todos estos porcentajes es el hecho constatado de un 25% de los españoles son adictos a los analgésicos, posiblemente son los que votan al PP y al PSOE o quizás aquellos quienes los teléfonos móviles provocan dolores de cabeza o enfados en general.

Yo uso anlagésicos, no voto al PSOE ni al PP, no creo que el sol gire a nuestro alrededor, no soy un adicto al teléfono móvil, pero casi siempre estoy cabreado. Una vez más no formo parte de ninguna minoría reseñable, ni tampoco de ningún club de fans. No estoy en el porcentaje social adecuado y, encima, soy de letras.

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Estigma Queen

Cuando abandonó el convento por propia voluntad, la reverenda madre Cleofé de Arimatea decidió que lo primero que tenía que hacer en su nueva vida era cambiarse el nombre. Tras más de diez años atendiendo por Cleofé de Arimatea, sobrenombre que tomó al entrar en religión, le resultaba difícil recuperar el suyo: Felipa González. Recordaba que al hacerse novicia las monjas más viejas de la comunidad consideraron urgente que la nueva hermana arrancase de sus señas de identidad un nombre y un apellido que, amén de ser muy bastos, recordaban de forma grosera e hiriente al diabólico socialista que, según ellas, tanto daño había hecho a España y a la religión. Así que Felipa González fue rebautizada como Cleofé de Arimatea en recuerdo de Santa María Cleofé o Cleofás, hermana de la Virgen María y, por tanto, tía de Jesucristo. Menuda responsabilidad tuvo que haber sido tener un sobrino como aquél, pensaba Felipa cuando era Cleofé.

En fin, que al salir de los muros conventuales la vida de la ex monja se complicaba en todos los aspectos, desde elegir nuevo nombre, hasta tener que buscarse un nuevo oficio en aquella España que entonces vivía la plena burbuja del ladrillo y en la que mandaba un tipo llamado Aznar, jefe de un partido muy poco amigo de Felipe González y, cabía suponer, de cualquiera que como ella fuera portadora de un nombre tan parecido al del pérfido sociata. Así que se cuidó mucho de revelar su verdadera identidad y siguió firmando solicitudes de empleo con su antiguo nombre conventual, tratando de abrirse camino y empezar una nueva vida.

Tras meses y meses de peregrinar por agencias de colocación, empresas de trabajo temporal y otras sucursales regentadas por negreros y esclavistas con corbata de seda en los que lo mejor que se le ofrecía era pagar por trabajar, Felipa conoció en un bar de Onteniente a un sobrino nieto de Rita Barberá que se hacía llamar el Mañas, un auténtico sinvergüenza que lo mismo organizaba un concurso de misses para Canal Nou o la visita de un imitador del Papa,  que trasegaba subvenciones a fondo perdido para la cría de caracoles. Con su labia y un par de copas de Soberano con Coca Cola, el Mañas se llevó al huerto a Felipa,  mujer aún de buen ver cuyas carnes se mantenían tersas gracias al ejercicio y la buena alimentación del cenobio. Por aquella época el Mañas colaboraba en la puesta en marcha de una cadena de locales de strip tease de carretera y vio con claridad que una antigua monja metida a stripper sería una deslumbrante y morbosa novedad en el mercado de la carne. Así que propuso el negocio a Felipa quien tras ciertos remilgos iniciales aceptó encantada con una sola condición: elegir un nombre artístico adecuado. No sería Felipa ni Cleofé, sería Estigma Queen, la reina del strip tease místico, el cuerpo del pecado llegado del retiro conventual que admiraba a los borrachos del club mostrando en sus desnudos una marcha de nacimiento visible en su nalga derecha que recordaba a la Virgen del Pilar y que, según ella y el Mañas aseguraban, era un estigma milagroso. Si bien Estigma Queen triunfó durante un tiempo, su fama se marchitó pronto ya que los clientes más pacatos y catolicones que se refugiaban en la sombra del local vieron en la nalga de la antigua monja un serio aviso del Señor para dejar tanto vicio. El Mañas se deshizo pronto de la pobre Felipa que, humillada, pidió el reingreso en su convento. Hoy es una virtuosa madre superiora que, en secreto, sigue llevando un liguero y medias de seda bajo su hábito de basta tela de saco.

Jetas

La política tiene un indudable valor educativo. Lo acaba de demostrar su señoría Ignacio Prendes ejemplificando de manera esquemática, clarita y para todos los públicos lo que es la jeta en la acepción de “desfachatez” que recoge el ameno diccionario de la Real Academia Española. Cuando el señor Prendes era un concienciado estudiante y se encerraba en las sacristías de las iglesias demandando el 0,7% del PIB y la solidaridad mundial, tal vez soñaba ya con convertirse en un repúblico notable amarrado al duro banco de la galera parlamentaria. Y ahí lo tenemos. Quien se nos ha presentado durante estos cuatro años como el árbitro de todas las comisiones parlamentarias, un Perry Mason de la alcantarilla autonómica, el hombre mesurado, moderado y flemático que le bailó el agua al PSOE y al PP con excelentes resultados para todos, se ha revelado en menos de una semana como un trapecista más del circo político que, sin apenas despeinarse, no ha acabado el mandato con un partido para ser ya el candidato de otro. ¡Ale hop! Quienes prestaron sus votos a UPyD porque se fiaban de la palabra del letrado Prendes, ese chico tan formal, se habrán quedado alelados al verle ahora prestando su jeta (en su acepción de rostro humano en este caso) al inminente cartel de Ciudadanos.

Lo que parece claro es que don Prendes ha sido durante estos años un alumno aventajado de su ahora odiada Rosa Díez, máxime en lo tocante a considerar la política como una carrera vitalicia. La señora Díez, otra jeta de altos vuelos con ese aire tan calcado a Cruella de Vil, aunque en vez de despellejar perritos se dedica a desollar a los críticos, no quiere que le hagan sombra y el señor Prendes no quieren que le hagan astillas porque lo que él quiere es seguir en la pomada. Así que viendo llegar el Armagedón magenta puso en liquidación por derribo su escaño, su programa electoral y hasta su media docena de asesores (igual entran en la negociación de su traspaso al cotolengo del señorito Rivera, ya se verá) y se siente ya un hombre nuevo en su nuevo traje. ¿Quién es el verdadero Prendes? ¿El de la cosa magenta? ¿El de Albertito Rivera? A ver si aún no se ha descubierto a sí mismo y en las próximas elecciones se apunta a Podemos.

La regeneración política y las nuevas maneras de estar en la cosa pública están en manos de jetas y trapisondistas que un día piden el voto para estos y mañana para los otros. Pronto conseguirán que no votemos a ningunos.

Leontino Delicado

Leontino Delicado fue barman de palabras. Se ganó la vida haciendo cócteles de sujetos y predicados, mezclando nombres, adjetivos, verbos, adverbios y preposiciones con enorme maestría. Leontino sufrió de niño problemas de tartamudez y dislexia que consiguió dejar atrás gracias a una innovadora terapia de jarabe de letras que su madre le daba cada noche en orden alfabético y a cucharadas, siempre bien mezcladas con leche templada y miel. La señora Delicado quiso agilizar el proceso de curación de su hijo a base de la ingesta diaria de sopas de letras para cenar, pero tuvo que renunciar a este tratamiento de choque porque a Leontino le hacían daño los rabos de las eñes, llamadas correctamente virgulillas,  que se escapaban entre el caldo y cuyo tamaño hacía imposible su localización ni con un colador o chino de los más menudos.

El caso es que, gracias a estas terapias experimentales, Leontino delicado llegó a la edad adulta sin rastro alguno de sus problemas para hablar. Tal vez si aquel rey inglés tartamudo hubiera conocido la terapia de letras de la familia Delicado no habría tenido que aguantar a estrictos preceptores de la pronunciación ni a domadores de lenguas con frenillo. Pasaron los años y Leontino investigó la aplicación en adultos de las recetas caseras de su madre. Tras varios años de investigación consiguió patentar la fórmula del cóctel de palabras, un combinado para tomar entre horas o antes de las comidas que permitía hacer una perfecta digestión para después tragarse o después de haberse tragado, pongamos por caso, una reunión de trabajo, una campaña electoral, la bronca del jefe, un sálvame de luxe o cualquier tipo de amasijo indigesto de palabrería infame.

Los cócteles de palabras de Leontino Delicado eran mano de santo, infusiones milagrosas y personalizadas, porque había uno para cada ocasión en función de si el barman de la palabras usaba sujetos, verbos y predicados con mayor o menor índice de toxicidad. Por ejemplo, el verbo contraer estaba embotellado en un envase a prueba de balas a pesar de tener un aspecto de palabra inofensiva. A Leontino le daba mucho miedo que cualquiera pudiera combinar con igual soltura contraer el sida que contraer matrimonio. Este caso avalaba su tesis de que las palabras deben ser mezcladas con cuidado y consumidas por la persona adecuada en cada caso. Una mala mezcla de palabras podría ser mortal, como por ejemplo democracia orgánica, socialismo real, compañeros de partido,  amor eterno, movilidad laboral, crecimiento negativo, religión obligatoria o indemnización diferida.

A Leontino le gustaban más los cócteles de palabras ligeras y sin aparente sentido, cócteles para el aperitivo o digestivos para la sobremesa que sus clientes pedían a diario para  tomar o para llevar y a los que cada uno de ellos encontraba un sabor y unos matices diferentes que luego utilizaba para expresarse en su vida cotidiana. Entre los combinados más célebres  de Leontino Delicado, están recaudar orinales, trasegar fe, madre flauta, vender atmósfera, ponderar gallinas,  padre apocalíptico, suegra desnatada, salacot taquigráfico, espatulomancia irreversible, contratos epicenos, marido ranura, tierra tierna o hijos de la gran suerte, entre muchos otros.

Leontino fue condecorado con la estrella Michelín de la Real Academia de la Lengua estofada.

¿Quién engañó a Gijón?

La precampaña electoral a las municipales de Gijón va camino de convertirse en la segunda parte de “¿Quién engañó a Roger Rabbit?” aquella divertida película en la que el mundo de los dibujos animados se mezclaba de forma constante con la realidad. En Gijonlandia, país de fantasía, el gran debate se centra estos días en el dibujo de una presunta e ideal remodelación de El Muro, enésima paja mental del onanismo político que nos invade y en la que, por cierto, el martillo de Capua desaparece milagrosamente. Con la colaboración inestimable del producciones Voceros de Vocento, entusiastas divulgadores de todo aquello que lleva la firma de la factoría Moriyón aunque su valor informativo sea el mismo que el de las aventuras de Anacleto, agente secreto, los grandes partidos (sic) han entrado al trapo de las fantasías animadas de ayer, hoy y siempre que tan útiles son para tapar los enormes agujeros que todos ellos tienen en su ausencia de propuestas para Gijón. Candidatos de desecho de tienta que se nos presentan como flamantes paladines que defenderán nuestro presente y nuestro futuro. Todo tinta china. En esta ciudad en la que lo todo lo fundamental sigue sin terminar pero en la que siempre hay tiempo para los dibujos animados que tanto juego dan en las tertulias de los chigres, se nos avecina una campaña de dibujos animados en la que el intento de confundir realidad y ficción será constante.

Tras cuatro años de no hacer nada, con un balance de gobierno que se resume en un carril-bici y una gestión económica y social que coloca a esta ciudad en las zonas de alarma de la pobreza infantil según Unicef, la alcaldesa inédita se lanza por la vía del consabido victimismo frente al no menos inoperante gobierno socialista de Asturias, y se dispone a crear un Gijón paralelo de dibujos animados para entretener al personal en una discusión sobre bocetos y crear la sensación de que Foro nos llevará al otro lado del espejo y de las infografías para descubrir allí un mundo perfecto en el que seremos felices.

Pasan estas cosas mientras Gijón sigue siendo engañada sin estación de autobuses, sin plan ferroviario, sin saber para que sirve el túnel del metrotrén, sin accesos a la ciudad por la oeste, sin ZALIA, sin un plan de empleo e industrial realmente efectivo, pero con 40 millones de euros que, al parecer, están disponibles para jugar a las casitas en el Muro en una nueva huída hacia adelante que solo revela la impotencia, la inutilidad y la superficialidad de quienes no tienen otro plan para Gijón que no sea el de seguir tratando de engañarnos a todos. ¿De dónde ha salido de pronto tanto dinero? ¿Lo fabrican por la noche en sus imprentas los golfos apandadores y el tío Gilito? Ya está bien de tanto engañar a esta ciudad. No se lo merece.