Fulberto de Torronchas

Cierto día y después de comer tres platos de fabada, dos largueros de carne gobernada y una fuente de arroz con leche, amén de café, copa y puro, Fulberto de Torronchas aseguró haber visto a Dios. A Dios en persona, como el que ve a su madre fregando la escalera o a su novia poniéndose las medias. Ese fue el Dios hiperrealista visto por Fulberto,  no un Dios vestido con una túnica tipo batamanta y sito al final de un túnel del que emanase una cegadora luz. Dios estaba allí a su lado, sentado en una silla de tijera, apoyado en un velador de cafetín, vestido con un polo de Lacoste color burdeos unas bermudas color crema y un sombrero Panamá, cubriendo la quiniela y tomando un chupito de orujo de hierbas. Fue tan honda la impresión de Fulberto al ver a la divinidad en pose tan relajada y mundana que saludó a Nuestro Señor con gran recogimiento y le pidió el favor de que compartiera con él los pronósticos de la quiniela que el Sumo Hacedor rellenaba cubriendo con pluma de ala de ángel. Dios, que se daba un aire a Jaime de Mora y Aragón cruzado con Bárcenas, dejó ver a Fulberto la quiniela en su totalidad para, sin más, levantarse, saludar a Torronchas con una leve inclinación de cabeza y alzamiento de sombrero, y seguir su camino en medio de un mar de nubes que se cerró a su paso. Fulberto supuso que iba a echar la quiniela.

Fulberto de Torronchas volvió de su rapto místico recuperando el resuello merced a un largo eructo. Pidió a quienes le rodeaban, ya algo preocupados por su respiración agitada y sus ojos en blanco, un boleto en blanco del antiguo patronato de apuestas mutuas deportivo-benéficas, hoy Loterías del Estado. Demandó también un poco de bicarbonato y un bolígrafo, y sin más explicaciones cubrió la quiniela recordando los signos marcados por Dios nuestro Señor durante su breve encuentro. Pegó un pelotazo de catorce (entonces no había quince) gracias que el Calvo Sotelo empató con el Recreativo de Huelva, un resultado insólito.

Con el dinero ganado, envuelto en olor de santidad y en el de sus propios gases, Fulberto vio claro el negocio fundó junto a un criado sordomudo el monasterio de los Padres Quinielistas, estrafalaria congregación mendicante que aseguraba tener línea directa con la divinidad para acertar pronósticos de apuestas de todo tipo, siempre y cuando el padre Torronchas consiguiera llegar al trance a base de ponerse como el tenazas y gratis a base de pote asturiano, casadielles, una mariscada, tres sacos de oricios, dos kilos de santiaguinos o varios chuletones de Ávila, menús variables en función de  los donativos de los pardillos ludópatas que acudían al monasterio. Aseguraba entrevistarse durante sus trances con San Cristóbal para consultar los pronósticos de la Formula 1, con San Quirico para campeonatos de lanzamiento de martillo, con santa Juana de Arco para torneos de ajedrez, con San Sebastián para los certámenes de dardos, además de contar con San Donato de Muenstereifel como asesor en asuntos de lanzamiento de jabalina. Tras comerse tres bugres aseguró haber recibido de Santa María Magdalena los resultados del concurso de Miss Universo.

Hacienda, la Policía de aquí y hasta la Policía Montada del Canadá desmontaron en un pis pas la estafa de Fulberto y sus padres quinielistas tras varias denuncias de gentes arruinadas por invitar a comer al padre Torronchas a base de bien y no conseguir hacer ni línea en el bingo del asilo.

Fulberto reconoció ser un fulero y que acertó la quiniela de Dios por pura chorra . Reside ahora en la costa azul donde vive de leer el futuro en las nalgas de los turistas.

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Artemio Sindiós

Artemio Sindiós fue el único mentiroso del mundo que siempre decía la verdad, blasfemaba cuando quería rezar y decía que no cuando quería decir que si. Odiaba profundamente a la persona de la que se enamoraba y era capaz de mandar docenas de rosas o de oricios a mujeres a las que decía odiar con todo su amor. Artemio Sindiós vestía un guardapolvo gris y llevaba siempre una lechera llena de vino con la que mantenía el nivel permanente de su sobriedad alcoholizada. Por esa sinrazón Artemio fue tenido por el abstemio más bebedor del mundo y, con su estatura de dos metros, por el enano más alto de Asturias. Era el ateo que más veces iba a misa, y a pesar de ser analfabeto ingresó en varias academias de altísimo nivel intelectual.

Artemio era un místico, un pensador de la calle, un hombre que insultaba salvajemente a quien pretendía elogiar, que votaba a los más derechistas mientras canturreaba la Internacional y que devolvía inmediatamente la limosna que acababa de pedir por caridad a un probo peatón. Lloraba a lágrima viva cuando un chiste le hacía gracia, entraba en los tanatorios riendo a carcajadas,  devolvía lo robado en el Alimerka, y gritaba a voz en cuello ante cualquier cartel que rogaba guardar silencio.

El ostracismo social al que fue condenado Artemio Sindiós por su extraña y contradictoria forma de ser lo convirtió al mismo tiempo en un filósofo de renombre, columnista en varios periódicos, invitado de honor en las tertulias televisivas, además de ser el autor de casi todos los programas electorales. Pedía por estos trabajos grandes sumas de dinero que reintegraba de inmediato

En cierta ocasión se citó a sí mismo a tal hora en un parque. Como al decir la verdad mentía y al mentir era sincero, Artemio se armó un tremendo lío en la cabeza y jamás se supo de él. No se sabe si llegó a salir de casa en busca de mismo, si se sigue esperando en el lugar de la cita o si, como tantos otros, se quedó a medio camino de ninguna parte.

Abisinio Pelgar

Abisino Pelgar amaba a los animales. De pequeño estuvo enamorado de un canario flauta (hembra, por supuesto), y mantuvo además una nutrida correspondencia con el perro Rin-tin-tin en la que el pequeño Abisinio mostraba su admiración incansable por las hazañas del can militar. Rin-tin-tin abrió su corazón al joven Pelgar contándole que el cabo Rusty era un vago y un miedoso y que estaba harto de tener que llegar siempre a  sacarle las castañas del fuego, además de no poder mear en los árboles porque eran todos falsos, simples decorados.

El animal estaba convencido de que el cabo Rusty saldría pronto del armario con el nombre artístico de la alférez Nancy y sustituiría a Rin-tin-tin por un caniche enano. El televisivo perro pastor confesó además a Abisinio que se avergonzaba de su origen alemán, ya que un abuelo paterno suyo había formado parte de la manada de pastores alemanes que acompañaba a Eva Braun y Hitler en sus paseos por los Alpes. El abuelo se llamaba Otto Rhin (Rin-tin-tin se quitó la hache para renegar de su pasado nazi) y había sido condecorado con la cruz de plomo al mérito canino, algo que Rin-tin-tin trataba de ocultar ante algunos perros de judíos importantes que meaban en las paredes de las sinagogas de Nueva York (los perros) esperando a sus dueños mientras estos (los dueños) rogaban a Yavhé una rápida subida los tipos de interés.

Muy influido por la dura vida de su ídolo canino yanki, Abisinio Pelgar decidió hacerse adiestrador de perros pastores alemanes, aunque se juró a sí mismo  que no contribuiría jamás a hacer de esos nobles animales unos fascistas de cuatro patas. De manera que en vez de entrenarlos para ser perros policías, Abisinio los preparaba para ser perros manifestantes, una habilidad canina nada explorada hasta la fecha. Los perros manifestantes encabezaban todas las marchas de protesta contra la política del gobierno portando en la boca pequeñas pancartas que Pelgar preparaba y en las que podía leerse: “si quieren un gobierno de hijos de perra que nos elijan directamente a nosotros” o “rebaja del IBI en los piensos”.

Todo fue bien hasta que uno de los perros manifestantes, creo que era el líder de “Ladremos”, confundió las piernas de la delegada del gobierno en Madrid con un árbol y lanzó contra ellas una potente meada. La manifestación fue disuelta y Abisinio y sus perros desterrados.

Emigraron todos a México donde Abisino Pelgar trata de montar un mariachi de perros chihuahuas zapatistas siguiendo el modelo de los perros cantores de Viena.

Derecho de voto y discapacidad mental.

El derecho y el revés

Como es bien conocido, estamos en el año electoralmente más relevante desde 1977: a lo largo de 2015 habrá elecciones en 15 parlamentos autonómicos, en todos los municipios y se renovarán el Congreso de los Diputados y el Senado. En estos procesos podrán participar, con carácter general, las personas españolas mayores de edad con capacidad de autodeterminación política, lo que implica la exclusión de los extranjeros, los menores de edad y los mayores incapacitados. Sobre el no reconocimiento del sufragio en elecciones autonómicas y generales a los extranjeros residentes, injustificable en términos democráticos en mi opinión, y a propósito de la conveniencia de rebajar la edad electoral como instrumento para fomentar la participación política hemos hablado en otras ocasiones; hoy nos referiremos al sufragio de las personas con una discapacidad mental, que en no pocas ocasiones se encuentran con dificultades a la hora de votar.

Para empezar, hay que decir…

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