Niños

La alcaldesa de Gijón, Carmen Moriyón Entrialgo,  se casó políticamente con Álvarez-Cascos sin hacer ascos a que aportase a la unión un hijo de hormigón concebido en sus tiempos de pasión con el PP de Aznar, cuando él tenía la llave del tesoro y hacía obras maestras con su miembro presupuestario. Su hijo era el túnel del metrotrén de Gijón que Moriyón acogió en su propia casa, llevada tal vez por el mismo espíritu misionero que la impulsa a acompañar niños al autobús o a apadrinar periódicos afines con la chequera de todos. El PP, casquista entonces sin otra opción, había asistido en su día al bautizo de ese hijo túnel de Cascos vestido con sus mejores galas y diciendo que esa obra absurda era el primer paso de una ciudad moderna y provista de un envidiable transporte público.

Entre medias Cascos se divorció del PP (también) para dedicarse al onanismo político y al mesianismo ideológico desentendiendose de sus vástagos tunelados y hormigonados. Llegó entonces el PSOE y no solo adoptó el túnel de marras, huérfano total, sino que lo hizo más largo, digamos que le dió un hermanito y prometió seguir ampliando la familia hasta llegar al Hospital de Cabueñes en metrotrén para tenerlo muy largo. Pero la cosa quedó ahí. ¿Se acuerdan ustedes de todo eso? Pues bien, el tiempo ha pasado y lo único que ha demostrado el niño hasta la fecha es que es una rémora, como esos hijos que siguen en casa a los 40 años porque no tienen futuro alguno ni quieren buscarlo. Es más, el PP que lo parió, el Foro que lo aceptó y el PSOE que lo apadrinó y hasta le estiró los bajos de los pantalones para que creciera, se cagan ahora en la madre y el padre y el ingeniero que lo engendraron porque ese niño no ha llegado con un plan de vías debajo del brazo como se esperaba de él. Ese niño de cuyo origen y crecimiento no recuerdan nada ni Foro, ni PSOE ni PP, es un gafe, un niño que se niega a crecer e irse de casa.

Impotentes y caraduras, lo que han hecho sus padres, madres y padrinos es llamar a los vecinos (de Gijón) para que les ayuden a llorar su desgracia y a dar voces en castañeu como plañideras de pago. Como dicen que lloró el memo de Boabdil la pérdida de Granada, el poder y la oposición lloran y  tiran la toalla, derrotados por el niño túnel que no ha crecido hasta ser un plan de vías de provecho y nos quieren convencer ahora de que la culpa es del túnel, no de su mala o nula gestión aquí y en Madrid. Mañana dejaré a mis hijos con la vecina. Yo no puedo con ellos.

 

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