Macedonio Peral

Macedonio Peral dedicó casi toda su vida al insólito y muy lucrativo negocio de ser inventor. Inventor de mentiras. Debe entenderse bien este oficio, ya que Macedonio era un tipo sincero a carta cabal. Jamás mentía en su vida privada pero era capaz de inventar las trolas mejor elaboradas y creíbles para ser empleadas en la vida de los demás, de sus clientes. Porque Macedonio tallaba mentiras como si fueran diamantes y llegaba a cobrar por ellas auténticas fortunas. Sus falsedades de encargo eran joyas y a ese precio las vendía. Eran mentiras de autor, no simples falsedades de la copa del pan.

Aprendió el oficio de joven en el taller de su abuelo, Vitrubio Peral, zapatero de oficio que, de vez en cuando, ayudaba a sus amigos a crear disculpas muy creíbles para llegar tarde a casa después de estar de putas o bebiendo como cosacos hasta el agua de los floreros. Todas sus trolas colaban. Vitrubio, tan honesto como su nieto, no mintió jamás a su esposa Rufa pero ayudó a que sus amigos cometieran todo tipo de adulterios y tropelías facilitandoles argumentos tan falsos como indestructibles mientras remendaba unos mocasines o ponía tacones, espais o medias suelas a destajo. Vitrubio se veía  así mismo como el tabernero abstemio que vive del alcoholismo pero, a la vez, asume la labor social de dar de beber al sediento.

Macedonio vio pronto el filón comercial de aquel talento familiar para la mentira en cabeza ajena que él había heredado y decidió explotarlo por cuenta propia abriendo un taller de medias verdades porque como principiante le parecían más fáciles de fabricar que las mentiras puras. A la puerta de su local colocó una placa similar a la de un notario o un registrador de la propiedad en el que se podía leerse:

Macedonio Peral. Inventor.

Se remiendan verdades.

Se miente por encargo.

Se cogen puntos a las medias.

 

Sin embargo pronto vio que una media verdad es material caducado, muy difícil de hacer pasar por mentira pura ya que los remiendos de mentira sobre verdad suelen tener las costuras muy endebles, así que decidió fabricar falacias de primera mano, nuevas. Citaba aquí a las Sagradas Escrituras: “No metáis vino nuevo en odres viejos”. Empezó su carrera dando a su primo Isaac una disculpa fabulosa para no casarse con su novia de toda la vida. Ese fue el primer paso para que su reputación corriera como la pólvora. La frase “no es por tí, es por mí” se atribuye con razón a Macedonio Peral, lo mismo que expresiones tan populares y universales como “no es lo que parece”, “solo somos amigos”. “qué bien te veo”, “pongo la mano en el fuego por su honradez” o“no pasan los años por tí”.

Bajo la divisa de que “no hay mentiras, solo hay verdades alternativas” Macedonio se inventó las carreras militares más heroicas que desembocaron en generalatos de mucha estrella en la bocamanga; los currículos cum laude de analfabetos redondos que llegaron a honoris causa, o admirables vidas de cardenales cuyas llagas no eran místicas, sino simples chupetones de sacristía. Algunos aseguran que Peral fue llamado por la NASA para montar el tinglado de un falso viaje a la Luna, aunque no pudo aceptar el encargo por no dominar los idiomas.

Macedonio solo ponía una condición a sus clientes: ser capaces de representar bien la mentira que él les había fabricado con tanto esfuerzo y talento. Bajo esta premisa consiguió que Adolfo Suárez pasará por un demócrata de toda la vida, que Felipe González se las diera de rojo durante años y nos metiera en la OTAN y que Fraga pareciera no haber conocido a Franco. Los años trajeron a su taller a mentirosos con mucho dinero pero cada vez con menos vocación, incapaces de exhibir con elegancia sus bulos de encargo, menrtirosos chungos y sin glamour. Quiso dejar el oficio cuando Luis Roldán se le cayó con todo el equipo después de tantos años de perfecto embuste. Fue el primer aviso de una larga cadena de disgustos tales como la falta de profesionalidad de algunos Borbones para quienes Macedonio tejió reputaciones inmaculadas que ellos se cargaron en dos safaris.

Tiró la toalla con Aznar y Rajoy: “no fingen una verdad ni cuando la dicen”, escribió sobre ellos Macedonio Peral en sus memorias tituladas: “Si te digo la verdad”.

 

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