Regalitos

Se nota que se acercan las navidades. Rajoy se levantó rumboso el jueves y nos regaló nada menos que el fin de la crisis, así, sin pedírselo a los Reyes Magos ni nada, con dos cojones, como si fuera aquel Scalextric que pedíamos durante años y que una buena mañana del 6 de enero aparecía bajo el árbol por sorpresa. A Mariano le das un micrófono y un atril y te monta un final de crisis de todo a cien porque en el fondo es un blando. Nosotros le teníamos por un cruel míster Scrooge y resulta que es más tierno que Gracita Morales.  Este Gobierno no solo es capaz de retorcer la historia hasta convertir el presente en un presunto futuro y el pasado en un borrón, sino que además acaba de echar por tierra uno de nuestros tabúes ancestrales: los Reyes Magos no son los padres, son los ministros del PP. Solo alguien como ellos es capaz de terminar con la crisis en una tarde y de colocar ese hermoso paquete de regalo bajo nuestro árbol de Navidad, o como presente al niño Jesús en el portal de la transparencia. Esto sí que es eficiencia.

Nosotros los malos, los que nos regodeamos con las desgracias de España, nos empeñamos en ver gente parada, famélica y desahuciada. Miren que ejemplo navideño nos ha dado el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, qué regalo ha hecho a las familias madrileñas al negarse a abrir en vacaciones los comedores escolares. El presidente está evitando la obesidad mórbida de estos chicos, uno de los grandes problemas de esas familias a las que se corta la luz o se deja sin casa. Sin comedores, sin luz y sin hogar, esos niños serán los más delgados del barrio, unos chavales con suerte y un físico portentoso gracias a los desvelos del PP.

Y no hablemos ya del regalazo que prepara el ministro del Interior para estas fechas: inmigrantes de segunda mano para llenar de productos mediterráneos los países nórdicos. Inmigrantes en caliente, recién deportados con sus crías y todo. Qué detalle el de este señor a quien injustamente se le acusa de ser un viejo putero reconvertido a la mística del cofrade machadiano. Quien dijo eso no supo ver la exquisita sensibilidad de Jorge Fernández Díaz que, emulando a las damas de la caridad que recolectan juguetes usados para mandar a los pobres, él recoge senegaleses de segunda o tercera mano para mandarlos al polo Norte, cerca de donde vive Papá Noel . En Noruega, Suecia y Dinamarca los papás se frotan las manos porque al fin podrán regalar a sus hijas un subsahariano de carne hueso, con sus cicatrices de la valla de Melilla y todo lo demás. Como siempre, España es la reserva espiritual del mundo.

Solo falta saber ahora si en el lote de presentes que nos reserva Fernández Díaz se incluye un antidisturbios personalizado para cada español. No podremos hacernos selfies con él junto al árbol porque ello nos costará llevarnos una camada de hostias o pagar una multa de 30.000 euros. Qué Navidad tan excitante.

 

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